Porque nada es casual

Errejonistas vs anguitistas

Suena a boutade y en parte lo es, pero no deja de tener su fondo de verdad eso sobre lo que algunos teorizan y que viene a pronosticar que la supervivencia del PSOE pasa por el errejonismo. Podemos es hoy un partido distribuido en dos plantas bien diferenciadas, ocupadas por sus principales cabezas visibles, el 1 y el 2, las cuales, aun compartiendo parecidos objetivos, no coinciden ni en métodos ni en formas, lo que, aunque solo sea por reiteración, podría acabar derivando en discrepancia de fondo.

Pablo Iglesias es un anguitista, es decir, un comunista a quien le repugna más el PSOE que el PP. Considera a los socialistas cómplices necesarios del sistema que pretende destruir; y además traidores. Iglesias es un izquierdista radical en cuya guardia de corps, compuesta por jóvenes militantes del PCE que abominaron de esas siglas, no queda apenas rastro del 15-M; un marxista convencido, pulimentado por un marketing político soberbio, que ha recuperado para su proyecto al macizo de la raza, Julio AnguitaDiego CañameroManuel Monereo, al tiempo que diseñaba con Alberto Garzón la jubilación del viejo aparatich de Izquierda Unida, lo más parecido a un decadente casino de provincias, solo que más viejo que aparatich.  “Hay un principio básico de la biología que afirma que todo lo que no se regenera degenera”, Garzón dixit.

Errejón intuye que con la izquierda radical integrada en Podemos, o como se llame lo que venga después, será muy difícil gobernar

Precisamente en estos días, XI Asamblea Federal, llega a su fase final el proceso de deconstrucción de una coalición a la que Podemos le ha okupado irreversiblemente la parcela y Garzón, gracias a los dignísimos resultados obtenidos el 20-D, está en disposición de adecentar, mediante un irreprochable y democrático lifting, para que ejecute su último gran servicio a la causa. El joven profesor de Economía (30 años) no es un táctico. Su objetivo va mucho más lejos del puntual acuerdo firmado con Iglesias para darle boleta al PSOE. Ambos, Garzón e Iglesias, se han juramentado. No estamos ante un pacto con puerta giratoria incluida. Van en serio. El objetivo es un nuevo partido, unas nuevas siglas que concentren la mayoría del voto nítido de izquierdas.  

"No es un acuerdo meramente instrumental o de matrimonio de conveniencia. Es una posibilidad ilusionante de construir algo que tenga sentido propio en su conjunto”, acaba de declarar Garzón a publico.es. El sendero que querría trazar Íñigo Errejón es otro: parecidos objetivos, pero guiñando al menos un ojo a lo que podríamos llamar la vieja socialdemocracia. “Íñigo es un postmarxista transversal”, dicen de él sus amigos -y enemigos-, lo que en cristiano quiere decir que cree más en las corrientes sociales que en las ideologías puras, y que su objetivo no era casarse con IU sino abducir al PSOE. Esto decía Errejón el pasado 30 de marzo en el diario.es: “La línea política que hay que mantener para seguir creciendo tiene que ver con seguir teniendo la capacidad de seducir a gente muy diferente en una identidad política nueva”.

El objetivo de Iglesias y Garzón va mucho más allá de darle puntual boleta a Pedro Sánchez y al PSOE

Pablo Iglesias y Alberto Garzón quieren sustituir al PSOE; Errejón convertirlo en la confluencia definitiva. Garzón e Iglesias, para regocijo de Julio Anguita, proyectan destruir las siglas que hace ciento treinta y siete años registrara el Pablo Iglesias tipógrafo. Íñigo Errejón no está en eso; intuye que con el comunismo anguitista dibujando los contornos de la formación, y la izquierda más radical integrada en el proyecto, será muy difícil gobernar. Su apuesta pasa por un paulatino giro hacia el centro-izquierda hasta aglutinar alrededor de una nueva fuerza política, también nutrida por amplios sectores del histórico voto socialista, el masivo apoyo que el PSOE logró captar en la década de los 80.  

No se trata solo de matices. Son dos proyectos, si no abiertamente opuestos, sí incompatibles. El enemigo del tándem Iglesias-Garzón ya no es solo Pedro Sánchez, a quien dan por amortizado; ni siquiera es el más importante. El principal escollo para que lleguen a buen puerto los planes de aquellos se llama Íñigo Errejón. Quizá no lo percibamos en esta campaña, pero lo acabaremos percibiendo. Salvo que Errejón, “ese señor” al que no conoce Anguita, decida rebobinar, haga las maletas y retome su proyecto en Venezuela en el mismo punto que lo dejó.


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