Política

Sánchez tranquiliza a Iglesias tras la polémica de Montero: “Yo paro a Carmen, pero parad también vosotros”

En Podemos asumen que el texto de la ley del ‘solo sí es sí’ era muy mejorable, pero apuntan a la vicepresidenta socialista. Calvo busca apoyos para aguantar la embestida

Sánchez, Calvo e Iglesias.
Sánchez, Calvo e Iglesias. EFE

La primera semana de marzo se recordará como la más dura del arranque de la coalición PSOE-Podemos. Lo que empezó con duras pegas al borrador de la ley de libertad sexual redactada por el Ministerio de Igualdad acabó en una bronca entre socialistas y morados, con Carmen Calvo al frente de la contienda y Pablo Iglesias defendiendo públicamente el trabajo de Irene Montero. En el medio de la tormenta, Pedro Sánchez e Iglesias mantuvieron una conversación discreta en la que volvieron a prometerse colaboración.

"No puede ser que Carmen Calvo quiera montar todo esto", le reprochó Iglesias a Sánchez, según fuentes de ambos partidos conocedoras de esa conversación. Sánchez entendió los argumentos de los miembros de Podemos, que defendían que el pacto de gobierno implicaba anunciar el anteproyecto de la nueva ley de libertad sexual (todavía en construcción) antes del 8 de marzo. "Fue un pacto de gobierno", defendían los morados; "la ley está muy mal redactada", contestaban los técnicos del Ministerio de Justicia.

En esa dura confrontación, Sánchez buscó la conciliación: “Yo paro a Carmen [Calvo]”, dijo a Iglesias el Presidente del Gobierno antes de que el líder morado rebajara la tensión después de haber apuntado a un “machismo frustrado” en los intentos de corregir el borrador de Montero. “Pero parad también vosotros”, le pidió Sánchez.

"No puede parecer que estamos rotos"

Las fuentes consultadas aseguran que la sintonía entre ambos líderes es buena. “Estamos unidos y no puede parecer que estamos rotos”, coincidieron Iglesias y Sánchez ante la actitud de la vicepresidenta socialista y la batería de filtraciones de los últimos días.

Lo cierto es que las pegas de Calvo al borrador de la ley de Montero han creado malestar entre los morados. Sobre todo a niveles altos del partido, donde la cúpula actúa casi con una sola voz, aunque a nivel intermedio algunos reconocen que el texto normativo era débil, frágil y con muchas incongruencias jurídica.

“Irene tenía miedo en julio de liderar un ministerio florero, y ahora con Igualdad se ha dado cuenta de que es así. Por ello necesitaba sacar el anteproyecto antes del 8 de marzo”, sostienen miembros del partido morado.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en el Congreso.
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en el Congreso. EFE

Calvo busca aliados

El ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, no quiso participar del todo de la maniobra de la vicepresidenta, según Podemos, mientras que fuentes cruzadas aseguran que Calvo no tiene intención de quedar aislada después de lo ocurrido. La vicepresidenta tiene el respaldo de importantes sectores del feminismo socialistas, que se sienten muy incómodos con las actuaciones de Montero, y Calvo intenta cerrar un "frente" de afines.

Emergen los nombres de Fernando Grande-Marlaska, ministro del Interior, que también ha mantenido posturas críticas por Podemos por supuestamente estar incumpliendo los acuerdos de gobierno.

De cara al futuro, los más críticos con la socialista afirman que "se está jugando mucho de su rol de coordinadora del Gobierno". Es una tesis que no comparten todos los socialistas encuestados, aunque sí es sabido que la relación de Calvo con el todopoderoso Iván Redondo, mano derecha de Sánchez, es mejorable.

La punta del iceberg

La semana trágica del gobierno rojo-morado hizo por otro lado estallar el protocolo de coordinación y estrategia común en los medios, como adelantó Vozpópuli. Por ello, el Ejecutivo se ha apresurado a adelantar de urgencia una sesión de la llamada mesa de coordinación. En ese foro han declarado que la ley de libertad sexual representa un "logro colectivo" para zanjar la polémica.  

Aun así, algunos sostienen que lo que se ha apreciado en estos días es solo “la punta del iceberg”. Más allá de la relación personal entre Iglesias y Sánchez, a nivel ministerial y técnico la coalición no ha arrancado todavía. La sensación es que cada uno se mira de reojo, porque si los socialistas se sienten incómodos con la actitud poco experta y muy protagonista de Podemos, los morados se ven señalados como principiantes. Y nadie descarta traiciones en el futuro: concretamente, poco después de la aprobación presupuestaria, cuando Sánchez, con las cuentas amarradas, podrá ir por libre.

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