Política

Sánchez aísla a Lastra del diálogo con Ciudadanos para consolidar la alianza más allá de la pandemia

Félix Bolaños, secretario general de la Presidencia, es el interlocutor principal del Gobierno con el partido naranja. La confianza entre el Ejecutivo y Ciudadanos crece al margen del Grupo Socialista en el Congreso

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acompañado por la portavoz socialista, Adriana Lastra, a su llegada al Congreso de los Diputados
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acompañado por la portavoz socialista, Adriana Lastra, a su llegada al Congreso de los Diputados Europa Press

La confianza entre el Gobierno y Ciudadanos crece. El diálogo y el intercambio de propuestas fluyen en las dos direcciones. Pedro Sánchez ha delegado en su Gabinete y en concreto en Félix Bolaños, secretario general de la Presidencia, la interlocución del Ejecutivo con el partido naranja y ha aislado a su portavoz en el Congreso, Adriana Lastra, de estas negociaciones.

Sánchez busca con este movimiento consolidar la alianza con Ciudadanos más allá de la pandemia. El PSOE ha interiorizado, dicen fuentes del Ejecutivo a Vozpópuli, que el acuerdo con la formación de Inés Arrimadas es clave para llevar adelante una legislatura marcada por el coronavirus y su impacto en la economía. La relación entre los Grupos Parlamentarios de Socialistas y Ciudadanos es casi inexistente.

"Hemos hecho de la necesidad virtud", explican desde ambos partidos. "El PSOE necesita otro aliado por los vaivenes de ERC y Ciudadanos necesita su propio espacio y un discurso diferenciado de PP y Vox".

Por eso Sánchez, ha dejado a Lastra al margen de este diálogo ahora mismo prioritario para La Moncloa. Ha encomendado, por un lado, a su portavoz que se centre en Unidas Podemos y los socios de investidura como ERC. Y a Bolaños, por otro, a Ciudadanos.

El fiasco de EH Bildu

El doble juego de Sánchez le jugó una mala pasada en el pacto con EH Bildu. El presidente autorizó el acuerdo, pero tanto Moncloa como buena parte del PSOE culpan a Lastra del fiasco de su contenido sobre la reforma laboral. Lo que más ha molestado a parte del Ejecutivo y del partido es que Lastra se "escondiera" de los medios de comunicación para no dar explicaciones sobre el "error". El mal trago lo asumieron algunos ministros y sobre todo el diputado Rafael Simancas.

Bildu no ha distanciado a PSOE y Ciudadanos, sino más bien todo lo contrario. Las buenas palabras de Sánchez o Lastra hacia ERC, por ejemplo, son más bien una estrategia política. El Gobierno quiere escenificar que no son ellos los que rompen los puentes, sino que es ERC quién los dinamita. La realidad es que Moncloa no cuenta ya con el partido independentista en negociaciones como el estado de alarma. Dan por hecho su no.

La portavoz del Ejecutivo, María Jesús Montero, ha advertido después de la polémica con la izquierda abertzale, cuyo pacto se ha diluido por completo, que no negociarán otras cuestiones al margen de la emergencia sanitaria para la sexta y última prórroga del estado de alarma. ERC reclama la reactivación del diálogo Gobierno-Generalitat sobre la independencia de Cataluña. El Gobierno se comprometió con Ciudadanos a no retomar esa mesa al menos mientras el coronavirus marque la agenda política.

Sánchez se ha entrevistado esta semana con Edmundo Bal, líder parlamentario de Ciudadanos durante la baja por maternidad de Arrimadas. La conversación fue cordial y el presidente del Gobierno informó a Bal de la marcha de las negociaciones para el acceso de España al fondo de reconstrucción de la Unión Europea, según indican estas fuentes a este diario.

El 'plan B' con Ciudadanos

Otro de los puntos de la conversación fue el llamado plan B del Ejecutivo al estado de alarma. Se trata de un conjunto de reformas que estudia el Gobierno para poder aplicar medidas como el confinamiento o la coordinación sanitaria con las autonomías -el mando único- si hay un rebrote del virus. El objetivo es no echar mano del artículo 116 de la Constitución.

El compromiso de Sánchez es mantener al menos un encuentro semanal, de momento por videoconferencia, con Arrimadas. Las circunstancias han hecho que su interlocutor sea ahora Bal. Bolaños dialoga preferentemente con Carlos Cuadrado, vicesecretario primero del partido naranja. En ese grupo está el diputado de Ciudadanos José María Espejo. La vicepresidenta Carmen Calvo se ha sumado también a las conversaciones, que no se hacen públicas pero que son constantes.

Lastra, cuya relación con Ciudadanos es bastante mala, está fuera de ese círculo. Aunque es cierto que Simancas, número dos en el Grupo Socialista, ha rematado con la formación naranja la negociación de algunos decretos económicos durante la epidemia.

La sensación en el PSOE es que hay que cuidar el diálogo con Ciudadanos para diluir el peso del nacionalismo y el separatismo en la mayoría que sostiene a Sánchez. Ninguna de las dos partes habla todavía de una alianza estable. Pero la confianza entre ambos sigue creciendo por las necesidades políticas de ambas partes.

La incomodidad de Podemos

Podemos, por su parte, no está cómodo con Arrimadas en la ecuación. Y esa fue una de las principales razones por las que empujaron el pacto con Bildu. La idea era reafirmar la vocación de izquierdas de la coalición. Ese acuerdo ha dejado muy tocada a Lastra, a la que muchos achacan la pésima gestión que hizo.

No es solo que se ocultara a una parte del Consejo de Ministros, sino que además se le reprocha que no advirtiese el alcance de lo que estaba firmando.

La portavoz en el Congreso actúa con los socios de investidura como si ERC siguiera apoyando al Gobierno. Pero la formación republicana no ha votado a favor de una sola ampliación del estado de alarma y ha invitado una y otra vez a Sánchez a elegir entre Ciudadanos y ellos.

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