Política

Sánchez e Iglesias, 12 crisis de gobierno en diez meses y en plena pandemia mundial

La primera coalición de España arranca con un número anómalo de encontronazos. El Consejo de Ministros está lacerado y el papel de Podemos genera tensión en muchos departamentos

Así ha sido el desfile de los ministros de Sánchez y su primer Consejo en el Palacio de la Moncloa.
Así ha sido el desfile de los ministros de Sánchez y su primer Consejo en el Palacio de la Moncloa. Efe/Gtres

Doce crisis en diez meses de Gobierno. Más de un choque al mes. Este es el balance de momento de la primera coalición de Gobierno en España desde 1978. El Ejecutivo se encuentra dividido, golpeado por mensajes incendiarios en redes sociales y la desconfianza entre los propios ministros. El vicepresidente Pablo Iglesias lleva meses afirmando que hace falta “cultura de coalición”. El miércoles lo repitió en el diario italiano La Stampa. Pero en el Ejecutivo muchos le señalan como el responsable del descontrol y la falta de coordinación.

Nada más arrancar, tras la investidura del 8 de enero, el Gobierno de Sánchez tropezó con la crisis del campo. Los trabajadores del sector ocupaban las carreteras y el ministro socialista Luis Planas intentaba calmar los ánimos. Iglesias, mientras tanto, fomentaba la protesta. La crisis se recondujo, pero fue un aviso a navegantes.

Semanas después, pocos días antes del estallido del coronavirus (Italia ya cerraba parte de su territorio y la OMS advertía de la pandemia mundial), el Ejecutivo estaba sumido en otra crisis, esta vez por la ley de libertad sexual. Irene Montero contra Carmen Calvo. La tensión inundó el Ejecutivo, con el Ministerio de Justicia que calificaba el borrador de inconstitucional, como desveló Vozpópuli.

Para reconducir la crisis, Sánchez e Iglesias tuvieron que comer juntos de manera confidencial y ordenaron un cierre de filas. Faltaban tres días para la macromanifestación del 8-M en pleno contagio, y una semana para la declaración del estado de alarma.

Primera reunión del Consejo de Ministros
Primera reunión del Consejo de Ministros EFE

Escudo social y dardos ministeriales

Durante la pandemia, los dos sectores del Gobierno, el socialista y el morado, siguieron enfrentados. El Ejecutivo protagonizó varios patinazos durante el confinamiento, con cruces de acusaciones entre ministerios. Por ejemplo cuando Iglesias desmintió a la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, sobre el permiso a los niños para pasear fuera de casa. Hubo otros choques que no trascendieron, como el intento de Iglesias de mantener más tiempo el confinamiento total, en contra del criterio de Nadia Calviño.

Iglesias lanzó entonces su idea de “escudo social”, para defender la idea de que esta crisis sería diferente a la de 2008. Propuso la creación de un Ingreso Mínimo Vital (medida en realidad contemplada por el programa del PSOE), en el que empezó a trabajar el ministro de Seguridad Social José Luis Escrivá. Iglesias, no obstante, le reprochó lentitud. Escrivá, que en un primer momento aspiró a convertirse en puente entre Calviño e Iglesias, rápidamente dio marcha atrás.

La resaca de aquella polémica alcanzó la negociación presupuestaria. El pasado 26 de octubre, noche anterior a la presentación del documento, Iglesias lanzó un pulso a Sánchez amenazando con retrasar el anuncio de las cuentas si no se incluían enmiendas para agilizar y ampliar el IMV. Escrivá no fue avisado y el malestar del ministro se apreció el día siguiente en una entrevista radiofónica.

El acercamiento de Sánchez a Ciudadanos --y en parte al Partido Popular-- en verano fue otro punto de inflexión. Los morados no quieren que Ciudadanos se sume a los apoyos del Gobierno porque saben que fortalecerá al sector de Calviño, en el que ya se encuentran Escrivá, Maroto, Campo, Robles y Laya, entre otros. Así que Iglesias recuperó la entente con ERC y la amplió con Bildu.

La ministra de Economía y Empresa, Nadia Calviño, junto a Max Elger, secretario de Estado de Presupuestos de Suecia.
La ministra de Economía y Empresa, Nadia Calviño, junto a Max Elger, secretario de Estado de Presupuestos de Suecia. EFE

Socialistas contra socialistas

El coqueteo de Iglesias con Bildu logró fragmentar por dentro al propio PSOE. En esa operación jugó un papel relevante el sector de Adriana Lastra, deseosa de vengarse de Iván Redondo. Lastra protagonizó, por ejemplo, la firma del documento sobre la derogación integral de la reforma laboral de Mariano Rajoy con Bildu y ERC. Calviño reaccionó de inmediato y habló a Sánchez de dimisiones si no reculaba. Ganó esa batalla, pero la guerra solo había empezado.

Entre agosto y septiembre, Iglesias recibió dos informaciones por la prensa que le irritaron profundamente. La primera fue la salida del Rey Emérito, de la que no fue informado. Podemos reaccionó con una rueda de prensa incendiaria en la que Isa Serra y Rafa Mayoral amenazaron con dinamitar el Ejecutivo si Sánchez seguía hablando con Ciudadanos.

Sánchez e Iglesias mantuvieron otra conversación privada para buscar la paz. Se citaron en la Moncloa y sellaron un pacto de mínimos. Aunque la sospecha mutua ya era imparable. Horas después, Iglesias dijo en un plató de televisión que Sánchez le había pedido “disculpas”. En la Moncloa recibieron esas declaraciones con profundo enfado. Acto seguido se anunció la fusión bancaria de Bankia con Caixabank. De esta operación Iglesias tampoco fue informado.

Pablo Iglesias habla con la socialista Adriana Lastra en el Congreso
Pablo Iglesias habla con la socialista Adriana Lastra en el Congreso Europa Press

Los ministros de Unidas Podemos elevaron entonces su ataque contra la Monarquía. Lo hizo el ministro Alberto Garzón, al margen de Iglesias, pero también el vicepresidente, quien cuestionó la neutralidad del jefe del Estado. Esa escalada empezó a preocupar la Moncloa, aunque Sánchez prefirió no exigir a Iglesias una rectificación para defender a Felipe VI.

Las llamadas de Iglesias a Sánchez

Desde el pacto del abrazo, las relaciones en el Gobierno han ido empeorando rápidamente. Aunque Sánchez e Iglesias están más unidos puesto que en esa fragmentación depende más el uno del otro. Así lo resumen fuentes moradas: “Iglesias sabe que su único y verdadero interlocutor en el Gobierno es Sánchez. Que los otros ministros dan igual, y de Redondo tampoco se fía. Por eso, cada vez que hay un problema, lo que hace es llamar a Sánchez. Tiene una línea directa con él y esto es lo que importa”.

La última llamada de Iglesias a Sánchez fue la del pasado martes. Se había filtrado un documento sobre la gestión de los fondos europeos que no incluía a ministros morados (en realidad sí estaba Yolanda Díaz, aunque a la ministra de Trabajo ya se la considera ajena al círculo de Iglesias). El responsable económico de Podemos, Nacho Álvarez, llevaba días intentando corregir ese documento. Aunque como informó este diario, Iglesias había entrado en conflicto con Iván Redondo por ese asunto ya en septiembre.

Sánchez e Iglesias en la presentación de los presupuestos para 2021
Sánchez e Iglesias en la presentación de los presupuestos para 2021 Europa Press

La llamada funcionó. Sánchez dio la orden de rectificar, aunque de manera sobre todo estética, puesto que la promesa realizada a Calviño de que los suyos controlarán el grueso de los fondos europeos sigue en pie. Iglesias, sin embargo, ha logrado colarse en la foto de los anuncios de los proyectos. La bronca por los fondos europeos revela el grado de desconfianza interna, con filtraciones interesadas que dinamitan el pacto de no beligerancia en los medios sellado el principio de la coalición.

Lo mismo ocurrió con la enmienda sobre los desahucios presentada por Podemos, Bildu y el PSOE. O con la interferencia de Iglesias en la cuestión migratoria de Canarias. En este caso su ofensiva se dirigía contra Escrivá, por el dinero a las ONG, y la ministra de Exteriores Arancha González Laya, por lo ocurrido en el viaje a Bolivia.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, intervino pidiendo "humildad" a Iglesias. Ione Belarra, secretaria de Estado de Podemos, contestó afirmando que Robles es la ministra preferida por la "ultraderecha". En altas esferas del Gobierno no tardan en tachar la política de Podemos como “desleal”; los morados responden que los socialistas son “mentirosos”.

En estos casi once meses de gobierno de coalición es incuestionable afirmar que el equipo rojo-morado avanza, pero a tropezones. Iglesias, que carece de competencias reales, se centra en la estrategia parlamentaria, lo que dificulta el plan de los ministros moderados. La esperanza de Calviño es que con los fondos europeos y la vigilancia de Bruselas llegue el momento de la gestión, y entonces Podemos perderá protagonismo. Este es su horizonte, mientras que Iglesias prefiere moverse en el día día. En el medio se encuentra Sánchez, con un liderazgo cada vez más desdibujado. 

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