Política

Cuando el 'relator' fue una grabadora: las tensas negociaciones entre Felipe González y Nicolás Redondo

Después de la gran huelga general de 1988, la desconfianza era absoluta entre el ex presidente del Gobierno y el histórico líder de UGT. Pero lejos de exigir un relator, Redondo demandó que un simple magnetófono grabase cualquier conversación entre ellos. Felipe González montó en cólera

Nicolás Redondo junto a Felipe González.
Nicolás Redondo junto a Felipe González. EFE

Enero de 1989. Había pasado sólo un mes desde la multitudinaria huelga general de trabajadores del 14-D, una de las mayores derrotas de Felipe González en sus quince años de Gobierno. El nuevo plan de empleo juvenil era el saco contra el que los sindicatos dirigían uno de los golpes más duros que ha recibido un Gobierno en la historia de la democracia española. 

Los sindicatos movilizaron al 90% de la población activa contra las reformas económicas del Ejecutivo socialista. Incluso TVE secundó el paro con un apagón informativo. 

A González no le quedó más remedio que dar marcha atrás en sus medidas económicas y sentarse a negociar con los sindicatos, pero la desconfianza entre las dos partes era máxima. Al frente del otro bando estaba Nicolás Redondo. El histórico dirigente de UGT había renunciado un año antes a su escaño como diputado por el PSOE debido a su rechazo a las políticas económicas de Felipe González.

Los periodistas de la época relataron los entresijos de la pelea entre González y su 'hermano' ideológico. "Dejaron de hablarse", recuerda Mariano Guindal, uno de los periodistas que cubrió de cerca aquellas tensas negociaciones posteriores a una huelga general que hizo que el ex presidente del Gobierno se plantease incluso dimitir

"Redondo dijo que no se volvía a sentar con Felipe González si no se grababan las conversaciones. Felipe se cogió un cabreo monumental y se negó, pero los sindicatos acabaron filtrando grabaciones como arma arrojadiza"

Gobierno y sindicatos se acusaron mutuamente de anunciar en público lo contrario de lo que acordaban a puerta cerrada. Así las cosas, Redondo se plantó con la exigencia de poner un mecanismo que sirviera para dar fe de lo tratado en las reuniones.

Grabadas con un magnetófono

Lejos de proponer un relator, como ha ocurrido esta semana entre el Gobierno de Pedro Sánchez y los independentistas catalanes, lo que Nicolás Redondo demandó a Felipe González es que todas sus negociaciones fuesen grabadas en un simple magnetófono para que quedase constancia de ellas. El encargado de ponerla en marcha sería un funcionario de Moncloa

"Redondo dijo que no se volvería a sentar con Felipe González si no se grababan las conversaciones", recuerda Mariano Guindal. "Felipe se cogió un cabreo monumental, no aceptó las grabaciones. Pero los sindicatos acabaron haciéndolas y las filtraron a la prensa como arma arrojadiza".

Como consecuencia de aquellas tensas negociaciones, Felipe González se vio forzado a convocar elecciones anticipadas. Las ganó en octubre de 1989, pero por primera vez no consiguió mayoría absoluta. 

En 1990, el Gobierno culminó el diálogo con los sindicatos con concesiones: derogó el Plan de Empleo Juvenil, subió las pensiones y las ligó al IPC, mejoró la protección por desempleo y elevó el salario de los funcionarios. Fue lo que el PSOE denominó como el "giro social".

Los resultados electorales de González solo fueron a peor desde entonces, pero los sindicatos tampoco fueron capaces de repetir una movilización como la de 1988.

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