Politica

Rajoy y Feijóo enarbolan los viejos éxitos del PP para despreciar a Vox

Ni nuevo PP, ni rearme ideológico, ni futuro. La primera jornada de la Convención del PP se convierte en un homenaje a Rajoy, a sus éxitos pasados y a enviar mensajes de desprecio a Vox

Mariano Rajoy, en la Conveción Nacional del PP
Mariano Rajoy, en la Conveción Nacional del PP EFE

Ni rastro del 'nuevo PP'. Un homenaje caluroso y tardío a Mariano Rajoy. Y Soraya, allí presente. La primera jornada de la Convención Nacional del PP tuvo más de reivindicación del orgullo propio, de las gestas doradass, de las páginas ya amarillentas de su historia, que de ese rearme ideológico que buscaba Pablo Casado. En las gradas, los militantes de la renovación, los que auparon al nuevo líder hasta el gran sillón de Génova, aplaudían junto a los nostálgicos del marianismo, que tuvieron su larga tarde de gloria. 

Estrenaban los populares casi de todo. Logo (un corazoncito en lugar del charrán/gaviota), lema ("España en libertad"), y hasta su himno se había tornado épico, como de Gladiator. Llegaron juntos, de Sevilla, capital del nuevo PP. Todo sonrisas entre Casado y Rajoy al aterrizar en la nave ferial. Así los quiere el PP, sin disputas ni fracturas, 'no como otros'. Fue la primera ovación de una tarde de aplausos. 

Alberto Núñez Feijóo, el primer orador de la sesión, señaló el camino. “Me siento orgulloso de ser del PP”. Y enunció luego, con una docena de "estoy orgulloso" mediante, un largo rosario de las virtudes de un partido “de mayorías, coherencia, moderación, mesura, firmeza, transparencia”. Una cascada de autocomplacencia. Treinta años de historia tanto en Moncloa, en autonomías, en ayuntamientos. Apenas alguna  estrategia de futuro. Nada que ver con el inquietante presente, salvo la misiva que Casado envió en las vísperas a sus militantes, certera y juiciosa, y la intervención de Teodoro García Egea, el número dos de la formación, que centró el objetivo de la reunión. 

Lo dejó claro el líder gallego: “No estamos hoy aquí para reinventar el PP, sino para reafirmarlo, para reforzarlo y reivindicarlo”. Es decir, más de lo mismo. Carretadas de obliguismo, de mirarse al espejo y y sonreir satisfechos ante el resultado. De renovación tampoco se habló. Una palabra que esgrime con frecuencia Casado en sus discursos pero que se escuchó muy poco en la sesión inaugural del encuentro de los populares.

Mariano Rajoy, que se convirtió en el gran protagonista se recreó en la misma suerte. Era su reaparición frente a la militancia desde que renunciara a liderar el partido hace seis meses. En su intervención con Ana Pastor, presidenta del Congreso, quien actuó como la presidenta de su club de fans, no evitó dar consejos a su sucesor. Por ejemplo, que evite los sectarismos y las ideas doctrinarias. O sea, Vox.

Ensalzó eso sí, su gestión económica, alabó los treinta años del partido y, de paso, sus 37 años como político. Se adornó con powerpoint, datos, cifras, estadísticas. Un ajuste de cuentas con su pasado. Una puesta en limpio de sus errores. Para que la posteridad tomara nota. Dio consejos, acarició su curriculum, jaleó sus victorias y fue aclamado con todo el auditorio puesto en pie, como una estrella de rock. Todo lo hizo razonablemente bien.Otro largo adiós, entre la añoranza de unos y las ganas de pasar pantalla de otros. A los pablistas, seguramente, se les helaría tenuemente la sangre. Entre aplausos, eso sí. 

El fantasma de Vox se deslizaba por las inhóspitas galerías y hangares de la Feria de Madrid, gélido y desabrido escenario del gran cónclave de la derecha. El calor lo había puesto Juanma Moreno, al ser investido por la mañana nuevo presidente de Andalucía. Fue el principal motivo para el júbilo, la gran inyección de moral de la jornada. Algunas menciones alabaron su gesta. Feijóo, por el contrario, algo resabiado, le recordó que él es el barón más veterano del PP, ahora que se jubila Juan Vicente Herrera de Castilla y León. Y reivindicó su española galleguidad, su tierra, su gestión autonómica...

Fugas, fichajes y alguna deserción

Hasta la intervención del portavoz de Tabarnia, Jaume Vives, nadie mencionó expresamente al partido de Abascal. Vives dijo que iba a votar a Vox. Es más, pugna porque le hagan candidato, comentaban el el PP.  Vox, no obstante, era la comidilla entre los casi 4.000 asistentes. La oleada sube, comentaban algunos. “Lamentablemente Casado llega demasiado tarde”, susurraban otros.

Feijóo se considera a salvo. Hasta Galicia no llega la marea. Ya lo dijo en plena negociación para la investidura andaluza: “Aquí no tienen nada que hacer”. Le dedicó, eso sí, algunas invectivas en su discurso, una pieza con vocación presidencial, bien elaborada y poderosa, pero rebosante a naftalina. “No somos un partido vociferante, ni de descalificaciones, ni de política de trincheras”.

También Rajoy, más sutil, incurrió en ese gesto: “Hay que alejarse de los sectarismos y de las posiciones doctrinarias” meditó pensando en lo que se viene encima. Quizás Juan José Imbroda,  presidente de la provincia autónoma de Melilla, fue el más realista al asegurar que, aunque algunos les llamen, “nosotros no tenemos que cambiar de partido para defender España”. Se comentaba en los corrillos ciertas fugas, cambios de chaqueta, fichajes de Vox, deserciones en algunas provincias...De ahí tanta reafirmación, tanto pecho hinchado, tanto honor por las glorias pasadas. "Si perdemos el liderazgo del centroderecha, estamos muertos ", decía alarmado un diputado veterano. 

Un discurso de furia

Sólo Teodoro García Egea, número dos de los popualres, miró hacia adelante, se lanzó sobre Pedro Sánchez, arremetió contra los golpistas catalanes, animó a sus huestes a salir en tromba para ganar las próximas elecciones. A olvidarse de lo pretérito y partirse la cara por el futuro. Un discurso de furia y de combate, con una voz al borde de la afonía. 

La accidentada mesa redonda sobre Cataluña, cuya única sensatez fue la aportación de Teresa Freixes, mas la prescindible ronda de los candidatos autonómicos, de un nivel aparentemente mejorable, salvo excepciones, como Isabel Díaz Ayuso, en plena línea con la actual dirección, dispuesta a conquistar Madrid, a dar la batalla, cerró la insípida jornada. Los candidatos que por allí desfilaron hablaron de quesos, de vinos, de playas y se sumergieron en una disparatado pulso sobre cual de sus regiones quiere más a España.

Este sábado se hablará de economía, de violencia contra la mujer, de las dictaduras sudamericanas, se espera con enorme morbo la intervención de José María Aznar, el refundador del partido y padre espiritual del actual presidente. Será entonces, quizás, cuando muchos de los asistentes empiecen a escuchar algo de lo que esperaban. La primera entrega resultó decepcionante. 

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