Política

Podemos llega en plena depresión a su quinto aniversario

El partido ve la desmovilización como el principal reto del próximo ciclo electoral y confía en amortiguarla con los Presupuestos o con una eventual reacción de sus votantes frente al pacto de la derecha

La portavoz de Podemos en el Congreso, Irene Montero, tras su reincorporación a la actividad política.
La portavoz de Podemos en el Congreso, Irene Montero, tras su reincorporación a la actividad política. EFE/Luca Piergiovanni

Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón, Teresa Rodríguez, Miguel Urbán o Rita Maestre. Todos arropaban hace exactamente cinco años a Pablo Iglesias en un teatro del madrileño barrio de Lavapiés. El actual secretario general de Podemos presentaba en sociedad el experimento que terminó convertido en el partido que dio la vuelta al tablero político español. Era el 17 de enero de 2014 y quedaban poco más de cuatro meses para que la formación morada diese la sorpresa consiguiendo cinco escaños en las elecciones europeas del 25 de mayo de ese año.

Ahora, cinco años más tarde, sólo falta un día menos que en aquella ocasión para volver a enfrentarse  a las urnas. Pero todo ha cambiado. El partido ha perdido el fuelle mediático que despertó en sus inicios y que ahora acapara Vox. Además de los puestos en Europa, Podemos necesita mantener viva la llama en capitales y comunidades; un anticipo de lo que podría suceder en las próximas generales. Las previsiones electorales, sin embargo, no son nada halagüeñas para los de Iglesias, que intentan estos días recolocarse tras el shock andaluz.

Su trabajo en las instituciones les ha pasado factura. Aunque siempre defendieron que había que mantener un pie en la calle y otro en los parlamentos o ayuntamientos, la sensación es confusa. A ello se suma que la pluralidad de voces demostrada en su puesta de largo fue poco a poco apagándose para quedar reducida a un 'núcleo duro' en torno al hiperliderazgo del secretario general -retirado ahora de los focos durante varios meses para cuidar de sus hijos- y de la portavoz parlamentaria y compañera, Irene Montero

Por el camino quedaron nombres como el de Luis Alegre o el de la cofundadora Carolina Bescansa, que provocó en abril de 2018 uno de los episodios más duros a nivel interno, haciendo público por error un plan para desbancar a Iglesias de la mano de Errejón en su aventura madrileña antes de 2020. Fracasó después en su intento por guarecerse en la secretaría general de Galicia -su tierra natal- donde cayó derrotada en primarias frente al candidato afín a Iglesias. 

La crisis en los territorios

La cuestión organizativa ha supuesto un continuo quebradero de cabeza para los dirigentes de Podemos. El partido parece vivir instalado en una especie de crisis perpetua, que se recrudece ahora a nivel territorial después de haber sofocado las amenazas a nivel estatal. La pretendida autonomía de las direcciones territoriales ha favorecido la aparición de continuas crisis internas que ahora terminan por explotar con la configuración de las listas para el próximo ciclo electoral.

Pablo Echenique.
Pablo Echenique. EFE

El partido que tiene la mayor fuerza con la que ha contado nunca una formación a la izquierda del PSOE se encuentra totalmente fracturada en Navarra, La Rioja o Cantabria, donde sus primarias han llegado a ser paralizadas por orden judicial. Algunos diputados autonómicos han llegado incluso a romper los grupos parlamentarios ante las pugnas internas por el control de cada federación. Y muchos han sido expulsados. 

La confluencia Gallega en la que se integra Podemos está a punto de saltar por los aires. El partido acabó casi desparecido en Cataluña tras la traumática experiencia con Albano Dante-Fachín y el fugaz liderazgo del principal interlocutor de Iglesias en Cataluña, Xavier Domènch. Harto de las disputas internas -también con el partido de Ada Colau- optó por volver a las aulas de la Universidad.

En Madrid, los seis concejales del Ayuntamiento, entre los que se encuentra Rita Maestre, fueron suspendidos de militancia por no presentarse a las primarias para ser integrados en la nueva plataforma de Manuela Carmena, cuyos últimos flecos se están cerrando. La posición que la actual alcaldesa reserve al exJemad Julio Rodríguez sigue siendo la principal gran incógnita. Aunque la mera gestión de la crisis ya es un fiasco en sí mismo. Y a nivel autonómico, las aguas también bajan revueltas. Estos días se reedita la pelea entre Errejón y la dirección regional afín a Iglesias controlada por Ramón Espinar, que ha impuesto como número dos de la lista a la líder de IU, Sol Sánchez. 

Íñigo Errejón.
Íñigo Errejón. EFE

Al margen de los conflictos internos, Podemos también ha dejado atrás durante sus cinco años de vida alguna de las banderas de las que hacía gala. La transparencia económica brilla por su ausencia está desaparecida. La web del partido donde se podían consultar gastos, nóminas e ingresos lleva sin ser actualizada desde el 30 de junio de 2017; más de año y medio. Y aún está por ver si la compra del chalet en Galapagar por parte de Iglesias y Montero sigue instalada en el subconsciente del electorado. La militancia les ratificó en sus puestos tras someter la polémica a una consulta interna. Fuera, la cosa cambia. 

Frenar a la derecha

La dirección aún busca un plan para frenar una hipotética desmovilización de su electorado como la sucedida en Andalucía. El suelo es sólido, dicen los que conocen las entrañas demoscópicas del partido. Pero la tendencia de las encuestas no invita al optimismo. En Princesa 2, donde este sábado se reunirán todos los secretarios generales y los candidatos autonómicos, fían su futuro al pacto de Presupuestos alcanzado con el Gobierno de Pedro Sánchez tras tejer la moción de censura contra Mariano Rajoy. Pero son conscientes de lasremotas posibilidades que tiene de materializarse y sacar rédito electoral. 

El Ejecutivo no se atreve de momento a cumplir con las medidas plasmadas en el acuerdo sellado por Iglesias en La Moncloa

Todo está ahora en manos de los independentistas catalanes, que aún se debaten sobre facilitar que la legislatura siga adelante hasta su fin natural, y del propio Gobierno, que se resiste a cumplir todas las medidas plasmadas en el acuerdo que Iglesias firmó en octubre en La Moncloa. En cualquier caso, si las cuentas no salen adelante y Sánchez decide apretar el botón nuclear, en Podemos confían en generar un 'efecto reacción' del electorado de izquierdas para frenar la eventual alianza de los tres partidos de derechas (PP, Ciudadanos y Vox), que este mismo miércoles brindaban un nuevo inquilino al Palacio de San Telmo tras 36 años de socialismo. 

Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo (IU).
Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo (IU). EFE

"Muchas veces nos han dado por muertos, pero seguimos siempre vivos", dicen en la dirección. Aunque por lo que pueda pasar, Iglesias se encargó de dejarlo todo bien atado antes de su baja de paternidad. Para ello convocó unas primarias exprés que le proclamaron como candidato a las generales y se rodeó de su núcleo duro para hacerse con los escaños del futuro grupo parlamentario en el Congreso, donde se da por descontado que no volverán a obtener los 67 diputados actuales. Si tras los próximos comicios Podemos no consigue 'cogobernar' con el PSOE, será el momento de abrir el debate sobre la sucesión. 



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