Presupuestos del Estado

Los tres golpes de efecto que rescataron a Rajoy de su pesadilla

La 'operación Lezo' conmocionó los cimientos del PP. Mariano Rajoy, al tiempo, era citado a declarar por el 'caso Gürtel'. La corrupción, la peor pesadilla, emergía de nuevo. Tras unos días 'horriblis', la tormenta, suavemente, amainó.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy EFE

Pablo Iglesias llegó al rescate como el Séptimo de Caballería. El PP vivía tiempos de espanto. "Siempre que llueve, escampa", les había aconsejado Mariano Rajoy a los suyos. Es una de sus frases recurrentes. En lo peor de las tormentas, hay que pensar en que nada es eterno, insistía. Sus colaboradores más estrechos le escuchaban abrumados.

Acababa de estallar el 'caso Lezo', que condujo a prisión a Ignacio González, expresidente de la Comunidad de Madrid, y a una larga cadena de familiares y colaboradores. El PP de Madrid, nuevamente, en el foco del escándalo. Se conocía, al tiempo, que el tribunal del la Gürtel finalmente, tras meses de suspense, decidía llamar a declarar al presidente en calidad de testigo. Dos de los tres magistrados de la sala justificaron la medida en que el PP no había colaborado lo suficiente en la instrucción. Un jefe de Gobierno en ls tribunales por un asunto de corrupción. ¿Hay quien dé mas?, comentaban veteranos dirigentes de la formación conservadora. 

Ataque a los jueces

Arrebatada por los nervios y la tensión, Génova reaccionó con una nota estridente en la que incluso se censuraba el comportamiento de los jueces. Rajoy, muy irritado por verse obligado a comparecer ante el tribunal, recetó enormes dosis de templanza a los suyos. "Ya escampará, y hay que transmitir que colaboramos con la Justicia". 

Fue la semana más terrible para el PP desde los tiempos del 'caso Bárcenas'. Los líderes provinciales evitaban concurrir a actos públicos, volvían los insultos, los escraches, las provocaciones. Y entonces apareció Pablo Iglesias con su anuncio de moción de censura. Se escuchó en Moncloa un suspiro de alivio en quince kilómetros a la redonda.

De nuevo Podemos surgía de la nada y cambiaba el foco de la atención pública. Igual que cuando, tras su audiencia en Zarzuela, protagonizó una rueda de prensa, adornada de provocaciones, que le hizo imposible a Pedro Sánchez cualquier amago de entendimiento con los morados. "Pablo Iglesias vela por nosotros", comentaban con sorna los diputados del PP en el Congreso.

Lezo se difuminó del primer plano. Iglesias recuperó su protagonismo perdido y, al tiempo, lograba llenar de contenidoa su disparatado 'Tramabús', que, como la propia moción, había nacido gripado. Un eficaz golpe de efecto que los populares aprovecharon para cambiar de rumbo y de mensaje. Colaboración con la justicia, 'quien la hace la paga', tolerancia cero con los corruptos... Los mensajes fueron unívocos, la reacción, inmediata. Esperanza Aguirre accedía finalmente a hacer mutis por el foro y Cristina Cifuentes, en una magnífica jugada de ajedrez, se convirtió en la abanderada de la reacción contra la podredumbre. Denunciante de la Lezo y víctima de algunos de sus tangenciales protagonistas. 

Media legislatura asegurada

Continuó el goteo de filtraciones y escuchas, pero el primer efecto se había logrado frenar. Podemos se enredó con el PSOE a cuenta de su moción y los socialistas, al tiempo, se enfrascaron en la recta final de las primarias, un combate fiero y encrespado. 

En ese ambiente, ya más venturoso para el PP, Rajoy, en eficaz conversación telefónica a su regreso de Uruguay, logró el 'sí' incondicional de Andoni Ortúzar al respaldo del PNV a sus presupuestos. Una jugada eficaz con un alto precio. El Cupo vasco quedaba desvirtuado en su naturaleza y consagrado para al menos cinco años. 

Con los presupuestos casi en el bolsillo, a la espera de otro 'sí' igualmente oneroso, el de Nueva Canarias, Rajoy se apoltronó en su butaca razonablemente satisfecho. Tiene asegurada al menos media la legislatura, a la espera de lo que decidan las primarias del PSOE. Su incómoda mayoría minoritaria se tornaba en algo más confortable. Había logrado reunir a 175 diputados para sus fines. Algo que quizás pueda mantener en el futuro. El júbilo quedaba completo al conocerse las históricas cifras de creación de empleo del mes de abril. El ministro Méndez Vigo, en su tradicional saludo de los viernes, se encargó de subrayar la buena nueva. 

La embestida del gran pufo Lezo, las estruendosas réplicas del cimbronazo, la cotidiana aparición de nombres y escandaleras varias, habían quedado minimizadas. Con los presupuestos casi en el bolsillo, con Podemos empeñado en dinamitar al PSOE y con los datos del empleo en alza contundente, Rajoy se dispone a mantener su rumbo y velocidad de crucero al menos hasta finales del año próximo. Salvo que, eso sí, "surja del pasado otro monstruo corrupto que nos devuelva a la casilla de salida", comenta con ironía un alto cargo del PP. 



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