Dimisión de Pedro Sánchez

Las 11 horas que Susana Díaz empleó para desahuciar a Sánchez y conquistar Ferraz

El día de ayer fue uno de los más dramáticos que ha vivido el Partido Socialista en su historia reciente, una vez que Susana Díaz, esta vez sí, se empleó a fondo con sus barones para desalojar a Pedro Sánchez de la secretaría general y conquistar Ferraz.

Pedro Sánchez, tras su dimisión como secretario general
Pedro Sánchez, tras su dimisión como secretario general EFE

La presidenta andaluza, Susana Díaz, y los dirigentes regionales con los que preparó de manera concienzuda la asonada vivida ayer en el comité federal, sabían que si Pedro Sánchez seguía siendo por la noche secretario general, su prestigio dentro de la organización iba a caer a plomo y su desalojo de Ferraz por la fuerza se haría cada vez más difícil. El cerco comenzó, pues, al poco de comenzar la reunión de los casi 300 miembros que componen este órgano de dirección, cuando los barones críticos intentaron que toda la autoridad recayera sobre la andaluza Verónica Pérez y quedara reducida la de los otros dos integrantes de la mesa, el vasco Rodolfo Ares y la catalana Nuria Marín, ambos afines a Sánchez.

Susana Díaz arrinconó a Sánchez cuando puso en marcha una moción de censura que no llegó a votarse

Esta primera refriega la perdió Susana Díaz después de emplear como negociadores a los responsables de Organización de Andalucía y Castilla-La Mancha, interlocutores de César Luena y Ares, los dos hombres fuertes de Sánchez. No les fue posible alcanzar acuerdo alguno por lo que se perdieron varias horas en la discusión a cara de perro sobre qué debía votarse, cómo debía votarse y quien tenía derecho a hacerlo. La obsesión de Sánchez fue que no se votara nada, consciente de que tenía grandes posibilidades de salir escaldado. Incluso llegó a amenazar con desconvocar el comité si se colocaba la urna. A mediodía todavía no estaba claro ni siquiera el orden del día y fue a primera hora de la tarde cuando se consiguió constituir la mesa y abrir el turno de palabra a los 150 miembros del comité que la pidieron. Uno de los primeros en hacerlo fue el propio Pedro Sánchez, quien fue increpado por el presidente de Aragón, Javier Lambán, al no considerarle legitimado como secretario general.

La moral de Sánchez empezó a decaer cuando Susana Díaz le disparó a la yugular y propuso votar la formación de una gestora encargada de sustituir a lo que quedaba de ejecutiva federal. Era algo que no estaba en el orden del día ni tampoco en los Estatutos como tal, por lo que Sánchez y sus seguidores se opusieron. Fue entonces cuando, a media tarde, los barones críticos se revolvieron, estrecharon el cerco y recogieron firmas para promover una moción de censura contra el líder socialista, algo que tampoco formaba parte del orden del día de la reunión.

Completamente cercado, el objetivo del exsecretario general era ya únicamente que se votara su propuesta de celebrar primarias el 23 de octubre y congreso extraordinario el 12 y 13 de noviembre. Sánchez creía que el voto secreto le beneficiaba y sus partidarios colocaron una urna en la mitad de la sala Ramón Rubial, con el detalle que no gustó nada a los críticos de que se encontraba detrás de una mampara que levantó sospechas. Entonces el expresidente de Castilla-La Mancha José María Barreda le espetó al exministro José Borrell:

JMB. Pero, ¿tú vas a consentir esto?

JB. Por supuesto que no, es intolerable

Después de una revuelta y abundante griterio, finalmente Sánchez aceptó que la votación fuera a mano alzada para evitar que sus opositores insistieran en censurarle, a pesar de que la votación de una moción había sido rechazada por la mesa del comité. La discusión fue acalorada y en ella Juan Cornejo, brazo derecho de Susana Díaz, llegó a increparle. La votación sobre la propuesta de congreso y primarias obtuvo un resultado de 132 papeletas en contra de los planes de Sánchez y 107 a favor. 25 votos más facilitaron cerca de las nueve de la noche, pues, el desalojo del secretario general y la conquista de Ferraz por parte de Susana Díaz, a través de una gestora que dirigirá el presidente asturiano Javier Fernández, uno de los más respetados dentro de la organización. En el sector crítico hay voces que consideran una torpeza la dimisión el pasado miércoles de 17 miembros de la ejecutiva, pues esta decisión evitó ayer un triunfo más contundente de quienes desde hace tiempo buscaban la cabeza de Sánchez.

Un debate violento y crispado

El largo asedio al secretario general fue violento y estuvo sacudido por el clima más crispado que se recuerda en un comité federal. Hubo intervenciones contra Sánchez que rozaron el insulto y el ambiente se hizo tan duro que en los ojos de Susana Díaz, por ejemplo, y también del manchego Emiliano García-Page, salieron lágrimas. Todos, tanto los de un bando como los de otro, se dieron cuenta ayer en el bunker de Ferraz que después de su actuación, el PSOE a partir de ahora ya nunca podrá ser como antes ya que ha exhibido a toda su militancia y sus votantes, sobre todo, una lucha fraticida propia de una secta mal avenida.

¿Está muerto definitivamente Pedro Sánchez? En su partido hay opiniones enfrentadas. Su permanente reivindicación de la militancia, la misma que le llevó en julio de 2014 a la secretaría general, invita a pensar que se reserva su revancha para cuando se celebren las elecciones primarias y el posterior congreso, el número 39º en la historia del PSOE. Pero este proceso ya no lo controlará él, como era su deseo, sino los que le han desahuciado de su despacho. No obstante, sus partidarios recuerdan que si Susana Díaz no gestiona de forma inteligente la abstención de los socialistas en la investidura de Mariano Rajoy, le habrá regalado a Sánchez una bandera potente para hacerla frente en el próximo congreso.

Algunos dirigentes socialistas están convencidos de que el PSOE ha iniciado el mismo camino suicida que el Pasok

El duelo no solo se ha llevado por delante a Sánchez y a lo que quedaba de su ejecutiva. También ha debilitado a Patxi López (País Vasco), a Francina Armengol (Baleares), a Miquel Iceta (Cataluña), a Luis Tudanca (Castilla y León), a Sara Hernández (Madrid) y al resto de los responsables de las federaciones que hicieron piña con él. El terremoto, pues, traerá numerosas réplicas en diferentes territorios, sin descartar que Podemos confirme su amenaza de retirar el apoyo a los seis presidentes autonómicos a los que ayudó en su investidura, como ha hecho con Emiliano García-Page en Castilla-La Mancha. La sacudida sísmica en el PSOE no ha hecho más que empezar, después de iniciar una etapa autodestructiva que algunas voces internas comparan con la que vivió el Pasok en Grecia.

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