Cambio en Andalucía La paradoja del laboratorio andaluz: un acuerdo que aleja a Casado y Rivera

PP y Ciudadanos formarán un gobierno inédito entre dos partidos que compiten por el mismo espacio electoral. Abascal paga la novatada después de amenazar reiteradamente con no apoyar el acuerdo

PP y Cs sellan un 'pacto histórico' para investir a Moreno al margen de Vox
PP y Cs sellan un 'pacto histórico' para investir a Moreno al margen de Vox EFE

Andalucía es un punto de inflexión en las sucesivas crisis -económica, institucional y territorial- que ha encadenado España en la última década. La coalición entre PP y Ciudadanos es una fórmula de gobierno inédita entre dos partidos que compiten por el mismo espacio electoral. Pablo Casado quiere exportar este modelo al Congreso. Albert Rivera no se cierra otras puertas.

Es efectivamente un acuerdo histórico, que pone fin a casi 40 años de socialismo en Andalucía. La paradoja es que el pacto no acerca sino que aleja un poco más a PP y Ciudadanos. Las negociaciones han estado presididas por un clima de desconfianza mutua y no se han hecho concesiones de cara a la galería.

Casado y Rivera no han aparecido juntos, aunque sea para la foto del cambio. Y no hay constancia de conversaciones entre ellos, al menos oficialmente. Seguramente las hubo.

No había más remedio que entenderse y se entendieron. Pero cada partido ha calculado sus pasos al milímetro pensando en las generales y en los electorados que el PP quiere recuperar por su derecha y que Ciudadanos aspira a conquistar por su centro izquierda. La imagen es parecida a la del acto de Alsasua. Sí, estaban Ciudadanos, PP y Vox juntos, pero cada uno por su lado. Algo similar ha ocurrido en Andalucía. No hay un centro derecha más unido, sino quizá más dividido

El funcionamiento del tándem Juanma Moreno y Juan Marín en San Telmo es una incógnita. No está claro si irán de la mano o por separado. Si será un gobierno o más bien dos

Vox acepta las lentejas

Vox ha bendecido finalmente el pacto después de pagar la novatada de decirse y desdecirse varias veces. A Santiago Abascal no le ha quedado más remedio que aceptar las lentejas (o las tomas o las dejas), como definió el acuerdo de Mariano Rajoy con Ciudadanos el que fuera vicesecretario de Organización del PP, Fernando Martínez Maillo. La duda es si el apoyo de Vox, y su actitud en los próximos meses, constituye una factura demasiado alta para el partido naranja y los populares. 

Como ocurriera en 2015 con el boom de la nueva política, el Parlamento andaluz ha marcado el camino de lo que está por venir en un ciclo electoral con elecciones europeas, municipales y autonómicas en 14 comunidades el 26-M y las generales, bien a finales de este año, bien a comienzos del próximo.

PSOE, PP y Ciudadanos navegan en porcentajes de voto cercanos al empate técnico. Las diferencias no superan los cinco puntos entre el primero y el tercero, según todas las encuestas menos la del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) que va por libre. El mapa de mayorías es una incógnita, porque los sondeos son incapaces de detectar el techo de Vox y la caída de Podemos.

Casado está convencido de que Andalucía es el laboratorio de un gran pacto nacional que le llevará a la Moncloa. Rivera y su equipo, que dan el primer paso a las instituciones, creen que el gobierno que salga de las próximas generales deberá configurarse con un ejercicio de generosidad y cesiones sin precedentes.

Mientras llega ese momento, la coalición andaluza arroja más dudas que certezas sobre la reconfiguración del espacio del centro derecha. El que más claro lo tiene es el PSOE. Su estrategia es la de alentar el miedo a la ultra derecha. Un saco en el que mete a Casado, Rivera y Abascal sin importarle demasiado las consecuencias.  

Para el PP, la duda es si el acercamiento a Vox es rentable en términos políticos y electorales. Algunas pistas del plan de Casado para neutralizar el avance de Abascal se desvelarán en la convención del partido en Madrid el próximo fin de semana. Los estudios de transferencia de voto calculan que el 75% del electorado de Vox proviene del PP.

Abascal debe decidir si se mantiene en el agitprop discursivo o da un giro hacia la moderación para entrar en alguna institución después de mayo. Las encuestas sugieren que Vox puede tener alguna llave.  

El centro está libre

Rivera considera que los pactos Vox-PP -que también le afecta- y los acuerdos de Sánchez con Podemos y el separatismo abren un gigantesco carril en el centro derecha y el centro izquierda que aspiran a ocupar. Ciudadanos no cree que la fórmula andaluza sea exportable a otros comunidades o municipios en el 100% de los casos. Y el partido naranja ha dejado la puerta abierta a posibles pactos con el socialismo. El objetivo es trazar una línea divisoria -más allá de la discursiva- entre el PSOE como partido constitucionalismo y lo que llama el sanchismo.

La línea roja que marca Rivera es los pactos con Vox y Podemos. Pero estas líneas, en ocasiones, se acaban difuminando ante la realidad de los resultados. En la batalla comunicativa por los acuerdos  postelectorales del 2-D en Andalucía, el PSOE ha metido a Ciudadanos en el mismo saco que Vox y el PP.

Rivera esgrime el cumplimiento de su promesa de no dialogar con dialogar con Vox. "No negociaremos nada que no esté en el pacto", dijo. Y recuerda que frente a la opinión publicada y los augurios de desaparición inminente, Ciudadanos ha ganado las elecciones catalanas en 2017 y ha sido el único partido constitucionalista que creció en Andalucía. La formación naranja pasó de nueve a 21 escaños. El PP cayó de 33 a 26 y el PSOE se hundió desde los 47 a los 33 diputados.    



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