El Gobierno de Mariano Rajoy ha sufrido este jueves el primer gran varapalo de la legislatura, al ver derogado el decreto ley que liberalizaba el sector de la estiba. Lo curioso es que este golpe parlamentario se ha producido con la participación de los dos socios de investidura del PP, de Ciudadanos y de Coalición Canaria. El movimiento de Albert Rivera ha molestado especialmente al Gobierno porque el miércoles Ciudadanos le garantizó en varias ocasiones al PP que le votaría a favor del decreto de la estiba a cambio de una serie de condiciones que el Ministerio de Fomento acabó aceptando.

La sospecha que se extiende por el Parlamento es que Rivera actuó el jueves condicionado por el movimiento de tres diputadas de la oposición que se encontraban de viaje oficial en Nueva York pero que adelantaron su regreso para poder votar 'no' al decreto de la estiba. Ciudadanos cambió de criterio ante la sospecha de que la votación pudiera estar más ajustada y para no arriesgarse a quedar configurado en el bloque perdedor. 
La consecuencia política, en cualquier caso, es que PP y Ciudadanos han vuelto a sufrir un choque muy importante que arroja más incertidumbre en una legislatura ya de por sí muy complicada. 


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