Elecciones municipales

El enterrador de Franco sale reelegido en su pequeño pueblo de la Alcarria

Gabino Abánades aspiraba a un tercer mandato en Sacecorbo (Guadalajara) con un ojo puesto en el Valle de los Caídos ya que dirigió a la cuadrilla de sepultureros en el sepelio del dictador

Gabino Abánades, alcalde de Sacecorbo (Guadalajara).
Gabino Abánades, alcalde de Sacecorbo (Guadalajara).

Gabino Abánades es alcalde de Sacecorbo (Guadalajara) y su pedanía de Canales del Ducado desde 2011 y en su pueblo le conocen por haber dirigido al equipo de sepultureros que inhumó a Francisco Franco en el Valle de los Caídos.

Los comicios en su pueblo han sido muy ajustados pero la web del Ministerio del Interior le da dos concejales a su lista del PP frente a uno del PSOE, pese a que la lista socialista obtuvo más votos (34) que la de Gabánades (29).

En los comicios de 2011 obtuvo el 90% de los votos de su pueblo, cuatro años después bajó al 85% y para los de 26-M se ha quedado en el 43%. Eso sí, no le ha resultado fácil elaborar la papeleta del PP. "Nadie ha querido presentarse", reconoce. Llamó a 27 vecinos y todos le dijeron que la política del pueblo da más quebraderos de cabeza que otra cosa, así que tuvo que rellenar la lista con "paracaidistas", es decir conocidos suyos que no viven en su localidad alcarreña. El PSOE, su único contrincante, sí que ha conseguido una lista con tres vecinos del pueblo.

Abánades maneja un presupuesto anual de casi 190.000 euros que dan "para muy pocas cosas". La mayor parte de los fondos vienen de la Junta castellano-manchega y la Diputación de Guadalajara. En los últimos años han podido arreglar caminos, hacer pequeñas reparaciones y techar el edificio de las escuelas, que se estaba hundiendo. Y es que la juventud es el futuro del pueblo.

De los 91 empadronados en Sacecorbo y su pedanía, 73 tienen derecho a votar este domingo y lo hicieron 68. Una lista que va menguando poco a poco. "El otro día ha muerto un vecino", subraya el alcalde ante el drama de la España que se va quedando vacía. Su pueblo no es una excepción. En el último año han fallecido ocho personas y sólo ha venido una pareja de fuera a empadronarse.

En el entierro de Franco

En aquellos días de noviembre de 1975, él era el encargado de los cementerios municipales de Madrid y tuvo que seleccionar una cuadrilla de cuatro enterradores para llevar a cabo el trabajo más delicado de sus respectivas vidas: colocar la lápida de más de 500 kilos con la que se selló la sepultura del dictador.

Abánades, que ahora cuenta con 73 años, guarda aún en su cabeza todos los detalles de aquel entierro. La fría mañana al llegar a la explanada del Valle, los monos de trabajo nuevos que entregaron a los miembros de su cuadrilla para tan señalada ocasión, el protocolario funeral con los nuevos Reyes de testigos o el momento de bajar con unas cuerdas el féretro a la fosa que se había encofrado a toda prisa con hormigón forrado en plomo.

Unos días antes ese hueco estaba anegado por el agua y el cieno debido a los conductos de aire acondicionado que pasaban por debajo del altar. El trabajo de los enterradores se desarrolló sin contratiempos, fueron felicitados por ello y cada uno de los protagonistas continuó los avatares de su vida a su manera.

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