Elecciones generales 2019

La semana trágica del PP: “Te has equivocado, Pablo, te van a machacar”

Pedían su cabeza tras la catástrofe. “Te van a masacrar, pero te salvarás porque no hay alternativa”, le advirtió uno de sus fieles colaboradores

Pablo Casado
Pablo Casado EFE

"Con menos de 80 diputados tendrá que dimitir”. Las encuestas del 28-A entonaban presagios funestos y hasta en la cúpula del PP se hacían cábalas sobre el futuro de su líder en caso de un resultado negativo. No se llegó a los 80. Tan sólo 66.

Pablo Casado perdió la mitad de sus escaños y la mitad es sus votantes. “Lo de Vox ha sido devastador”, confesaba por los pasillos de Génova, en la tenebrosa noche de autos, uno de los más fieles colaboradores del líder del PP. “No hemos ganado ni en Galicia y hasta Ciudadanos nos ha barrido en Madrid y Andalucía”, añadía. La séptima planta de la sede del PP se echó a temblar.

Mientras Andalucía reaccionaba con calma, llegaban desde Galicia mensajes atronadores

“Pablo, te has equivocado, hay que reaccionar o nos masacran”, le comentó en privado a su presidente una de las jóvenes dirigentes del PP más fieles y más activas en la actual etapa. La derrota fue tan estrepitosa que no se avizoraba rastro de futuro. En la interna del PP, los ‘purgados’ de las listas, de los despachos, se retorcían de gozo y enseñaban los dientes.

Entre el pánico y el terror

Culmina ahora la semana más dramática del PP desde la defenestración a Rajoy y la semana más terrible para Pablo Casado desde que entró en política. Génova se sumió en el desaliento. Algunos barones, en el horror y la mayor parte de los candidatos del 26-M, en el pánico. “Pablo, te quieren echar”. Un exdiputado con muchas horas de vuelo, marianista y casadista a partes iguales, le advirtió a Casado sobre movimientos subterráneos en el partido nada mas conocer el resultado de las urnas. “Te salvarás porque ni hay alternativa ni hay banquillo”.

El lunes después de la tragedia, el líder del PP se encontraba aún en estado ‘catatónico’, al decir de una persona con la que mantuvo un encuentro. Dedicó algunas horas a conversar telefónicamente con un puñado de sus notables periféricos. Detectó desolación y mala uva. “Nos ha llevado al desastre, y se lo he dicho, aunque con otras palabras”, comentó en privado uno de los telefoneados.

Por las redes y grupos de whatsapp del PP circulaban las versiones que aventuraban todo tipo de escenarios. Desde la renuncia de Casado, pasando por la creación de una gestora y la designación de Ana Pastor, presidenta del Congreso, como conductora de la transición. Mientras Andalucía reaccionaba con calma, llegaban desde Galicia mensajes atronadores. Un desquicie general se apoderaba del primer partido de la oposición mientras Albert Rivera mostraba músculo y se jactaba de ser el triunfador de la contienda.

El aquelarre de Génova

El Comité Ejecutivo nacional del martes, con todos los altos cargos de la formación allí presentes, fue una apoteosis de llantinas, lamentos y reproches. Feijóo, el único ausente, había marcado la pauta: "El PP ha de volver al centro, ha de ensanchar su espectro y tiene que olvidarse de competir con Vox. Los congregados en Génova repitieron la consigna como un dogma. Esa reunión fue “un aquelarre de mediocres y rencorosos”, resume un colaborador de Casado. Tres horas se prolongó el cónclave. Con Rajoy no hablaba nadie, nadie pedía la palabra, todos decían amen y se despachaba el trámite en tres cuartos de hora. 

El malestar iba en serio. Los barones pedían cambios y responsables. Casado los prometió. Bajó a la sala de prensa y así lo hizo. Desde el martes, el PP vuelve a ser de centro, Vox es la ultraderecha y Ciudadanos el centroizquierda. Ese fue el resumen de su nueva estrategia. Un volantazo inesperado, para llegar vivo hasta las municipales. Un gesto para tranquilizar a la baronía sublevada. Una patada a seguir en la que no cree ni quien la impulsó.

Este sábado, en Coruña, se abrazaron, se prometieron fidelidad y hasta otra. Ni Feijóo es el futuro del PP ni Casado será enviado al sacrificio

Fulminó a Javier Maroto, su jefe de campaña, porque hacía falta que rodara alguna cabeza. Los ‘purgados’ de todas las listas, el marianismo latente, el sorayismo residual, se sumaban a la revuelta. Feijóo, atemorizado ante lo que le puede ocurrir en las principales capitales gallegas el 26-D, seguía en su fase declaratoria contra ‘el equipo actual’ de Génova. Casado tuvo que quebrar sus escasos tres días de descanso, después de ocho meses de recorrer inútilmente España, para apaciguar al ‘referente’ del Finisterre. Se personó en la zona para estar presente en una romería del PP. “Pero ¿aquí quien manda, Casado o el gallego?”, se escucha en los despachos del PP madrileño.

Este sábado, en Coruña, se abrazaron, se prometieron fidelidad y hasta otra. Ni Feijóo es el futuro del PP ni Casado será enviado al sacrificio. El 26-M tiene la palabra. Quizás Vox adelgace y Ciudadanos se repliegue. Casado, entonces, si logra hacerse con el Ayuntamiento de Madrid, abordará la reforma de un partido que Rajoy dejó en el esqueleto. Pasará más tiempo en su despacho, que ahora apenas visita. Dejará de recorrer como un poseso las carreteras de España y, al fin, abordará la gran asignatura pendiente: Renovar o refundar el principal partido de la derecha española.

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