Elecciones en Cataluña De 2010 a 2017: las cuatro elecciones que acabaron con el 'procés'

Los catalanes se enfrentan a una nueva cita con las urnas. Será la cuarta desde los comicios de 2010 en los que CiU recuperó la presidencia de la Generalitat con Artur Mas al frente. 

El procés soberanista ha entrado en vía muerta. Tras la proclamación de la República Catalana, el Gobierno de Rajoy ha aplicado el artículo 155 de la Constitución y ha decidido destituir al Govern de la Generalitat, disolver el Parlament y convocar elecciones para el jueves 21 de diciembre. 

El propio presidentPuigdemont estuvo tentado este miércoles a realizar él mismo esa convocatoria electoral para recuperar la legalidad en Cataluña. Finalmente, ha sido el Ejecutivo central el que ha optado por intervenir la autonomía durante 54 días (los que restan hasta la cita con las urnas) y devolver la democracia al pueblo catalán. 

El periplo independentista ha llevado a votar a los catalanes más veces de las previstas. Los comicios del 28 de diciembre de 2010 pusieron fin al tripartito formado por PSC, Esquerra e Iniciativa. Artur Mas arrasó en aquella convocatoria al conseguir 62 escaños. CiU recuperaba el Palau de la plaça de Sant Jaume y arrancaba así la vorágine del independentismo. 

Duran i Lleida y Mas, saludan en el balcón tras alcanzar la presidencia
Duran i Lleida y Mas, saludan en el balcón tras alcanzar la presidencia EFE

Dos años más tarde, en 2012 Mas volvía a poner las urnas en los colegios. Buscaba entonces una "mayoría excepcional" que avalara la celebración de una consulta sobre la independencia de Cataluña. La transformación de Convergència de ese nacionalismo moderado al independentismo dispuesto a declarar la secesión por la vía unilateral no ha sido fácil. CiU se dejó 12 escaños en 2012. Y la Esquerra de Oriol Junqueras emergió como segunda fuerza. Las dos legislaturas del tripartito le habían pasado factura. En 2010 consiguió 10 diputados. Y dos años más tarde sumó otros 11. 

El 9 de noviembre de 2014 el Govern de Mas trató de organizar un referéndum. La convocatoria del mismo fue declarada ilegal por parte del Tribunal Constitucional. Y su Ejecutivo reconvirtió ese referéndum en una consulta popular no vinculante. Aunque no tuviese validez jurídica, ese 9-N tuvo una gran carga simbólica que relanzó la movilización del independentismo. 

La CiU que gobernó Cataluña con Pujol y Mas al frente empezó a fragmentarse con la organización de la consulta popular. Un año más tarde de su celebración, Mas expulsaba del Govern a los consellers de Unió Democràtica de Catalunya (UDC) y anunciaba una nueva convocatoria electoral. El independentismo maniobró con la intención de conseguir que esas elecciones tuvieran un carácter plebiscitario y las dos grandes fuerzas secesionistas se presentaron juntas bajo la marca Junts pel Sí. No lograron una mayoría absoluta ni en votos ni en escaños. El fracaso de esas elecciones dejó a JxSí a merced de la CUP. Los anticapitalistas condicionaron su apoyo al nuevo Govern a la renuncia de Artur Mas de volver a ser president. El discípulo de Pujol dio "un pas al costat" y de un día para otro Puigdemont dejó de ser alcalde de Girona para convertirse el nuevo inquilino del Palau.

Atur Mas saluda a Carles Puigdemont, en el Parlament
Atur Mas saluda a Carles Puigdemont, en el Parlament Gtres

La CUP marcó, además, un plazo de 18 meses para "desobedecer" y declarar la independencia de Cataluña. En ese tiempo, el independentismo planteó una nueva consulta para el 1 de octubre, esta sí vinculante, que fue suspendida por el Tribunal Constitucional y cuyos resultados no contaron con las mínimas garantías para considerarlos válidos. 

La vía independentista, que simbolizaba aquel primer anuncio del 1-O, es ahora una vía muerta. Puigdemont no ha conseguido la mediación internacional que buscaba, tampoco el reconocimiento de la República, ni la unidad de su Gabinete tras las tensiones con Esquerra y la dimisión de Santi Vila. El desafío ha alcanzado el cuello de botella con un nuevo horizonte electoral como única salida. 

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y el vicepresidente, Oriol Junqueras (i)
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y el vicepresidente, Oriol Junqueras (i) EFE



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