Política

La cara B del derribo de Valdecañas: "Mucho hablar de la España vacía, pero nos dejan sin trabajo"

La posible demolición del complejo de lujo extremeño pone en jaque el futuro de una zona que ha conseguido escapar de la despoblación

Complejo turístico Marina Isla Valdecañas, en Cáceres.
Complejo turístico Marina Isla Valdecañas, en Cáceres. VP

Cuando Juan Carlos Domínguez puso un pie por primera vez en la Isla de Valdecañas no podía creer en la posibilidad de levantar un complejo con campo de golf, hotel, una playa artificial y villas rodeadas de vegetación. Aquello, un islote desierto en la cola del embalse extremeño de Valdecañas, estaba copado de eucaliptos, basura y alguna vaca moribunda que, por despiste, se había quedado aislada.

Fue hace ya 15 años. Acababa de cumplir los 22 y una oferta de empleo como jardinero le condujo desde su Cádiz natal hasta aquel enclave situado entre los términos municipales cacereños de El Gordo y Berrocalejo.

El Grupo Empresarial Marina Isla Antilla,artífice de otras conocidas promociones como la de El Rompido, en Huelva, acababa de comprar el terreno a dos propietarios privados.

De la mano del equipo de Miguel Ángel Gea & Arquitectos, la idea era trasladar el modelo de resort de lujo del litoral onubense al interior de la Península. En concreto, a 175 kilómetros de Madrid y 90 del aeropuerto.

"Pensé que era imposible, pero se logró. Los pueblos de la zona se han llenado de vida y de actividad. Yo acabé fundando mi propia empresa y hoy cuento con 10 empleados", cuenta Domínguez.

Sin embargo, el trabajo al que ha dedicado casi toda su vida se está viendo amenazado por un litigio entre los ecologistas de Adenex y Ecologistas en Acción y, de la otra parte, la Junta de Extremadura y los promotores. El laberinto judicial dura ya 13 años y varias sentencias judiciales apuntan al derribo del paraje turístico.

Retorno a la España despoblada

"Mucho hablar de ayudar a la España vacía, pero ahora que hay un proyecto funcionando en Extremadura y que frena la despoblación nos dejan sin trabajo", lamenta el jardinero. En su misma situación se encuentran más de un centenar de trabajadores.

Según los afectados, la Isla de Valdecañas genera 60 empleos directos y otros 150 indirectos. Esto ha facilitado el retorno de decenas de familias a su tierra. La demolición de Marina Isla Valdecañas, nombre con el que finalmente se bautizó al complejo, está en el aire.

Con ello, la tasa de empleo de los pueblos anexos, una población en auge, la posibilidad de futuras inversiones y las casas de un total de 183 familias propietarias que actuaron de buena fe al adquirir sus viviendas.

Varias resoluciones anulan los trámites ordenados por la Junta de Extremadura -entonces capitaneada por el socialista Juan Carlos Rodríguez Ibarra- para convertir en urbanizable un terreno que no lo era. 

No lo era porque, tal y como explican los profesores de la Universidad de Extremadura José Carlos Salcedo y Antonio José Campesino en su informe 'Marina Isla de Valdecañas (Cáceres): de proyecto de interés regional a liquidación por derribo', el gobierno regional decidió declarar las 7.178 hectáreas del embalse de Valdecañas como zona de especial protección de aves (zepa) y solicitar a la Unión Europea su inclusión en la Red Natura 2000.

El complejo solo abarca 133 hectáreas de una superficie de más de 7.000 que fue declarada como zona protegida

"Resultó políticamente rentable apuntarse al ecologismo, con imprudente desconocimiento de su trascendencia futura, por sus limitaciones sobre la población y otros usos no agroganaderos del suelo rústico", señalan los académicos en su publicación.

Aunque el complejo solo abarca 133 hectáreas de toda la superficie, estas también están protegidas. Lejos de plantear la extracción de esa mínima parte de la zepa en Bruselas, el equipo de Ibarra optó por aprobar el plan en calidad de Proyecto de Interés Regional (PIR) para salir del entuerto. De esta forma, se podía reclasificar y recalificar los terrenos de la isla para la construcción.

Laberinto judicial que dura 13 años

Pero el Tribunal Superior de Justicia de Extremadura (TSJEx) falló a favor de los grupos ecologistas, frenó el asunto y declaró nulo de pleno derecho el decreto del consejo de gobierno que dio luz verde al PIR.

También ordenó la reposición de los terrenos a su estadio anterior. El Tribunal Supremo respaldó la decisión. Aunque ya había 160 casas, una buena parte de la construcción quedó a medias.

Victoria para las asociaciones. Pero agridulce. Más allá de los propietarios de las villas, entre los que destacan altos directivos de bancos y empresas del paíscomo Beltrán Gómez Acebo, son los propios vecinos y trabajadores de los pueblos de El Gordo y de Berrocalejo quienes se han puesto en pie de guerra ante la posible demolición.

Gracias a este proyecto tenemos a treinta dos familias trabajando. El paro en El Gordo es de 2%", apunta la alcaldesa

"Gracias a este proyecto tenemos a treinta dos familias trabajando. Actualmente el paro en El Gordo es de 2%", explica la alcaldesa del municipio, Silvia Sarro. "El pueblo está indignado ante el falso valor medioambiental que atribuyen a la anterior etapa del que ahora es un paraje turístico. ¡Si siempre ha sido una parte del pueblo olvidada!", critica la popular.

Cabe destacar que Extremadura es una de las CCAA más castigadas por el desempleo: cuenta con una tasa de paro juvenil del 46,31%, la mayor de todo el país.

Según Sarro, los vecinos jamás han visto a los miembros de las asociaciones ecologistas implicadas cuidar de la fauna y flora antes del proyecto. Tampoco apagar incendios. "Se aferran a que es una ciudad de lujo con viviendas de alto coste y campo de Golf... ¿Y eso qué importa? Esas casas fueron adquiridas legalmente y, gracias a ello, la gente de la comarca recibe beneficios económicos", acusa.

"Un oasis de flora y fauna"

Los fallos no se han llevado a efecto porque se abrió un incidente de inejecución de sentencia que la Sala de lo contencioso-administrativo aún no ha resuelto.

Para los habitantes de la zona, aquella isla invadida por eucaliptos donde mucha gente arrojaba electrodomésticos y colchones en desuso y donde los pastos no tenían valor agropecuario alguno para los ganaderos es hoy -además de una urbanización y una fuente de empleo- un oasis de flora y fauna.

El 90% de Isla de Valdecañas, señalan, está ocupada por vegetación. "Sólo el 6% está ocupado por la edificación", agregan. Por otro lado, destacan que han sustituido 8.000 eucaliptos (especie invasora) por más de 200.000 unidades de plantas, árboles y arbustos y que se ha multiplicado la presencia de 28 especies de aves ya conocidas.

El 90% de Isla de Valdecañas, señalan, está ocupada por vegetación", defienden los propietarios de las viviendas

Entre las 15 nuevas especies nunca antes avistadas, destaca el Chorlitejo Patinegro, reconocido como Ave del Año 2019 tras una votación popular organizada por SEO/BirdLife. El nombre de este pájaro limícola es ahora el del grupo de WhatsApp de varios de los afectados por el derribo.

"Soy un amante de la naturaleza. Ese secarral ahora está lleno de animales y de vegetación. Hay cigüeñas, de conejos...", explica el jardinero. Domínguez no entiende que "con todos los atropellos urbanísticos que hay en la Costa del Sol", las asociaciones de ecologistas se "ceben" con Extremadura.

"¿Para qué queremos un tren si no nos dejan crecer?"

"Para un proyecto que funciona, se lo cargan. ¿Para qué queremos un tren digno para la región si no nos dejan crecer? ¿De qué comemos los extremeños?", se pregunta indignado. Junto a su mujer, una vecina de El Gordo que volvió a su pueblo para trabajar en el hotel, ha formado una familia.

Las mismas preguntas se hace Ali Múñoz, la encargada del club social del resort. Llegó hace nueve años para trabajar como camarera en el hotel. El estallido de la burbuja inmobiliaria tuvo gran repercusión en el pueblo en el que trabajaba, así que ella y su marido decidieron buscar un nuevo empleo en el sector hostelero.

Él era vecino de El Gordo, por lo que el complejo turístico se convirtió en una oportunidad profesional. "Cuando llegué no había cumplido los 30. Ahora tengo un niño de tres años y la incertidumbre de quedarme sin empleo y tener que mudarme a Madrid", cuenta a Vozpópuli.

Ahora tengo un niño de tres años y la incertidumbre de quedarme sin empleo y tener que mudarme a Madrid"

"No me cabe en la cabeza que por cualquier error que hubiese en un principio por parte de los políticos, ahora 'los verdes' quieran derribar esto. Hay conejos, pájaros, liebres, zorros, corzos, jabalíes... Todo está perfectamente integrado en la naturaleza", considera.

Ali nació y creció en Francia, en el seno de una familia de inmigrantes extremeños. Después retornó a sus orígenes. "Mi abuela era de Las Hurdes. A veces le digo a mi marido que la historia se repite. Parece que los extremeños están condenados a emigrar", añade.

La francesa afincada en El Gordo asegura que su situación es común a la de muchos hogares. "Ahora que las escuelas rurales empiezan a tener más alumnos y hay vida... Nos vuelven a echar", plantea.

"¿De qué vivimos? ¿De los ecologistas?"

No todos los afectados son trabajadores directos del complejo sobre el que planea la sombra de la piqueta. Natanael Estrada, el farmacéutico de El Gordo, también se ha visto beneficiado por Marina Isla Valdecañas. En un contexto en el que la España 'vaciada' se queda sin medicamentos porque cada vez son más las farmacias rurales que cierran por falta de rentabilidad, Estrada ha visto prosperar su negocio.

Lo adquirió a principios de los 90. "A la Isla de Valdecañas iban a parar las aguas sucias del pueblo y de las pocas fábricas que hay alrededor. El olor llegaba hasta la farmacia", recuerda. "Con la construcción del complejo, que también dio trabajo a mucha gente, se plantaron miles de árboles y se puso una potabilizadora de agua y depuradora de aguas residuales", aplaude.

La región no puede limitarse a vivir del ecologismo", señala el farmacéutico del pueblo

Según Natanael, el resort ha dado mucha vida a Extremadura. "La región no puede limitarse a vivir del ecologismo. No quieren nucleares, no quieren urbanizaciones, ahora tampoco quieren plantas solares... ¿De qué vivimos? ¿De la asociaciones ecologistas?", lanza. Además, apostilla que es la Junta de Extremadura la que termina por subvencionar a estos grupos. "Así se lo pagan", zanja.

Según los cálculos del colectivo de propietarios de la Isla de Valdecañas, el coste de la reclamación que solicitan a la Junta alcanza los 200 millones de euros y el de la demolición asciende a 35 millones. El futuro de la isla y el del bolsillo de administración extremeña dependerá del inminente auto del TSJEx en relación con el procedimiento de ejecución 17/2014. Es decir, de cómo se ejecute la sentencia.

Tres escenarios posibles

Existen tres escenarios posibles. La primera pasa por derribar todo y tratar de devolver el enclave a su estadio original. Una misión complicada teniendo en cuenta el ecosistema que se ha creado.

La segunda, defendida por los denunciantes en el trascurso del litigio, consiste en la demolición del complejo turístico y la posterior "restauración ecológica de la isla". Los grupos ecologistas abogan por crear una industria con los desechos de la demolición y la venta de algunos materiales que se pueden reutilizar.

La tercera, planteada por la Junta, apunta a derribar lo que se quedó a medio construir y a respetar las instalaciones y construcciones ya en uso. Incluida la urbanización. A cambio, propone obligar a que las medidas incluidas en la Declaración de Impacto Ambiental se cumplan y también un paquete con una treintena de medidas que reduzcan la huella humana sobre el medioambiente de la zona.

La alternativa de las autoridades tampoco convence a las asociaciones 'eco'. Estos "se reafirman en la necesidad de ejecutar las sentencias". Mientras que el informe de la Estación Biológica de Doñana también respalda el derribo, las autoridades locales, los vecinos, los trabajadores y los propietarios afectados inciden en el impacto negativo que tendrá a nivel social, económico y medioambiental para la región.

Los propietarios insisten en que todo parte de un "error administrativo" de la Junta

Si bien insisten en el "respeto absoluto" a las decisiones del tribunal, los propietarios advierten en que todo parte de un "error administrativo" de la Junta y en que cuando adquirieron sus viviendas no conocían la existencia de ningún procedimiento judicial.

"Provocaría un terrible impacto sobre la flora y la fauna que han repoblado la isla, además de enormes perjuicios económicos y sociales a la zona y a toda Extremadura. Generaría gran inseguridad jurídica para quien estudie invertir en la comunidad autónoma en un futuro", concluyen los afectados por la demolición de la llamada 'Marbella extremeña'.

"Lo que no se puede entender es que se hable de la España vacía y de los pueblos a punto de desaparecer y cuando hay alguna posibilidad de resurgir, no nos dejan", dice la alcaldesa de El Gordo. La Isla de Valdecañas aporta al municipio más de 200.000 euros a través del IBI y demás impuestos. "A día de hoy, este derribo es una aberración en todos los sentidos", zanja.

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