Elecciones generales 2019 Lo que no se vio del debate electoral de TVE: analizamos el lenguaje no verbal de los candidatos

Estudiamos las posturas, gestos y comportamiento de los candidatos a la Presidencia. ¿Qué es lo que en realidad querían decir? ¿Estaban cómodos? ¿Eran sinceros?

Iglesias, Casado, Rivera y Sánchez en el plató de RTVE
Iglesias, Casado, Rivera y Sánchez en el plató de RTVE Efe

Este lunes se ha celebrado el debate electoral de La 1 de TVE. Los candidatos a las próximas elecciones generales y líderes de los principales partidos han acudido a su cita con la televisión pública con el objetivo de convencer a los votantes con sus palabras. Pero ¿qué hay de sus gestos? ¿Y de su atuendo?

Repasamos todo aquello que no se vio del primer debate de la campaña entre Pablo Casado (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Pablo Iglesias (Unidas Podemos) y Albert Rivera (Ciudadanos). 

Como resumen, Casado es el que más cómodo ha estado, Pablo Iglesias se ha sentido todo el tiempo amenazado y ha estado a la defensiva, Pedro Sánchez lo ha llevado todo tan estudiado que ha parecido falso y Albert Rivera ha resultado el más sincero. En cuanto a los 'looks', ha dominado el azul, el color idóneo para este tipo de enfrentamientos dialécticos, ya que evoca honestidad y confianza.

A continuación, con más detalle. Analizamos las posturas, gestos y atuendos de los candidatos a la presidencia de España:

Pablo Casado, el más cómodo

En el saludo, Pablo Casado ha sido el único líder que ha mirado a la cámara, ergo al espectador, todo el tiempo. Su mensaje ha calado más en la audiencia, o simplemente ha sido más escuchado, porque su mirada no ha divagado de un lado a otro. Parecía llevarlo bien estudiado y le ha funcionado.

Sus pies siempre han estado rectos y alineados. Su postura se ha mantenido relajada en todo momento. Además, apenas ha fruncido el ceño, al contrario que sus adversarios. 

De hecho, hasta se podría afirmar que ha tenido cierto aire de superioridad respecto al resto, pues cuando intervenían sus adversarios no ha levantado la cabeza ni la ha agachado, o se ha enervado como Pablo Iglesias, sino que ha lucido una media sonrisa y una ceja levantada. 

Al respecto, ni siquiera se ha inmutado cuando Pedro Sánchez le ha dicho que utilizaban los "vientres de las mujeres como si fueran taxis".

Pablo, el más cómodo y relajado
Pablo, el más cómodo y relajado

Las manos del líder del PP, además, han estado la mayor parte del tiempo entrelazadas, lo que es un signo de autoridad respecto a sus interlocutores. Además, es curioso que mientras hablaba, se tocaba las puntas de los dedos, lo que denota confianza y seguridad aunque también puede confundirse con arrogancia.

Pablo Casado tocándose las puntas de los dedos
Pablo Casado tocándose las puntas de los dedos

En definitiva, Casado es el que más relajado y confiado ha parecido. Al respecto, y como curiosidad, todos sus post-it eran azules, y su atuendo también. Además de ser el color de su partido, el azul transmite confianza, calma y estabilidad. Al look le damos un notable, pues aunque era de su talla y estaba bien elegido, el cuello bebé no es el indicado par un debate electoral. 

Pablo Iglesias se sentía atacado

Desde el comienzo, Pablo Iglesias ha estado a la defensiva. Lo vemos claramente en el inicio del debate: todos los candidatos han estado erguidos y con los pies alineados. En cambio, él se encontraba con el pie izquierdo adelantado y con la misma mano en el bolsillo.

El pie adelantado apuntaba en dirección al presentador, es decir, al único que no considera enemigo. Todo su cuerpo 'miraba' al atril del conductor del debate y en contra de sus adversarios, lo que trasmite sentimientos agresivos.

Pablo Iglesias, con el pie apuntando a la salida
Pablo Iglesias, con el pie apuntando a la salida

Además, su mano en el bolsillo denota mentira. Es un fallo de primero de lenguaje no verbal. El líder de Podemos ha estado la mayor parte del debate con la mano escondida, un gesto que hacemos para ocultar detalles o para demostrar nuestra intención de no participar en la conversación en la que estamos inmersos. Juzguen ustedes mismos.

Pablo Iglesias, todo el tiempo con el ceño fruncido
Pablo Iglesias, todo el tiempo con el ceño fruncido

También ha llamado la atención que, al contrario que sus adversarios, el del partido morado ha estado casi todo el tiempo sujetando algo con sus manos: o el bolígrafo o el ejemplar de la Constitución. Esto vuelve a denotar lo mismo que esconderlas: mentira o ocultación de información. Sus palmas apenas se han extendido ni se han mostrado, signo inequívoco de falta de sinceridad.

Pablo Iglesias con la mano metida en el bolsillo y la mano apuntando hacia sí mismo
Pablo Iglesias con la mano metida en el bolsillo y la mano apuntando hacia sí mismo

En cuanto al atuendo, pues poco que decir: en su línea, Alcampo. Como su deseo es conectar con las clases medias-bajas, Iglesias nunca luce trajes ni corbatas. En su lugar, ha optado por una camisa azul, que claramente no era de su talla pero le damos el aprobado por el color elegido, y unos chinos beige.

Pedro Sánchez, tan estudiado que resulta falso

Pedro Sánchez tiene una brillante carrera de actor. O quizá no, porque sus gestos y su entonación están demasiado estudiados. Tanto que parecen recién aprendidos de un curso CCC de Comunicación Política.

Al comienzo del debate ha sido curioso que miraba de un lado a otro. No fijaba la vista ni en la cámara (el espectador) ni en el presentador ni en sus contrincantes. Sus ojos no paraban de moverse, lo que indica nerviosismo e incomodidad. 

Pedro Sánchez, gestos demasiado estudiados
Pedro Sánchez, gestos demasiado estudiados

Su voz, aunque estupendamente modulada, era más alta que la de sus contrarios, lo que indica nerviosismo de nuevo. 

En cuanto a las manos, siempre las ha mantenido a ambos lados del atril, con la palma descubierta hacia arriba, lo que denota sinceridad. Pero no nos lo creemos porque ha sido así todo el debate. En cuanto cogía el boli para apuntar algo, corriendo volvía a poner las manos 'como hay que tenerlas'. El líder del PSOE, asimismo, siempre hablaba con las palmas al descubierto y los dedos juntos, lo que indica honestidad; pero, una vez más, todo demasiado impostado y estudiado

Pablo, relajado; Pedro, con las palmas hacia arriba como siempre; y Albert, contrariado
Pablo, relajado; Pedro, con las palmas hacia arriba como siempre; y Albert, contrariado

Cuando hablaban sus oponentes, en ocasiones, entrelazaba las manos hacia abajo y fruncía el ceño, signo de desacuerdo y ansiedad.

En cuanto al look, ha sido correcto. Traje y camisa azul y corbata burdeos, un color que evoca fe y vigorosidad.

Albert Rivera, cómodo y (parecía) sincero

Albert Rivera ha estado, como Pablo Casado, muy cómodo durante todo el debate. Sus pies y postura se han mantenido firmes en todo momento; y ha llamado la atención que cada vez que hablaba Pablo Casado su cuerpo giraba para escucharle. Esto denota complicidad con el líder del PP.

Como Casado, en el saludo ha mirado a cámara la mayor parte del tiempo, al contrario que los líderes de izquierdas. Su mirada al espectador la alternaba con la del presentador.

A partir de la mitad del debate ha comenzado a fruncir el ceño, por lo que estaba menos relajado que el líder de los azules. No obstante, esto denota pasión: no le importaba tanto cómo decirlo sino el qué. Su tono, asimismo, cambiaba según lo que estaba exponiendo, al contrario que sus adversarios, que lo mantenían estable y perfectamente modulado.

Albert, muy pasional
Albert, muy pasional

Las manos las ha mantenido correctas, con las palmas abiertas y dedos apretados mientras hablaba, pero sin resultar excesivo como Pedro Sánchez. 

Es curioso que cuando hablaban sus contrarios, solía revisar sus notas o mirar hacia abajo, en vez de sonreír irónicamente como Pablo Casado o fruncir el ceño como Pablo Iglesias. Lo llevaba preparado y estaba ansioso, tenía ganas de hacerlo bien y no se ha preocupado en exceso de su postura, o al menos no de forma descarada.

Albert, siempre consultando sus notas
Albert, siempre consultando sus notas

En cuanto al atuendo, traje y corbata azul, color que, como hemos dicho, es perfecto para los debates electorales porque evoca confianza y honestidad. Al contrario que sus adversarios, ha elegido una camisa blanca, que refleja sinceridad y pulcritud.

En conclusión, Rivera ha sido el que más sincero ha parecido, no por lo que decía, sino por lo que reflejaba su lenguaje no verbal, apenas forzado en ningún momento.

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