Política

España repite su historia: la división del Congreso cuando se rompió el turnismo

En la Cámara habrá diputados de 25 formaciones distintas, agrupados en 19 listas electorales. Sus votos son clave para la investidura, los Presupuestos y otras leyes

Vista del hemiciclo del Congreso de los Diputados durante la sesión constitutiva de la Cámara Baja.
Vista del hemiciclo del Congreso de los Diputados durante la sesión constitutiva de la Cámara Baja. Eduardo Parra / Europa Press

Las elecciones generales del pasado 10 de noviembre han dejado el Congreso más fragmentado de la democracia. Diputados de 25 partidos políticos distintos ocuparán los escaños de la Carrera de San Jerónimo a partir del próximo 3 de diciembre, cuando tomen posesión de sus actas. Los diputados de las grandes formaciones compartirán bancadas con un nutrido grupo de partidos regionalistas e independentistas, que harán valer sus reivindicaciones cuando su voto sea necesario no sólo para la investidura sino para gobernar y aprobar las leyes. 

Durante las trece legislaturas anteriores nunca había habido una disparidad tan alta de partidos. Pero echando la vista atrás, la Cámara Baja sí experimentó una secuencia parecida hace exactamente un siglo, en 1919. Era la recta final de la Restauración, que tras entrar en crisis, acabó desembocando en la dictadura de Miguel Primo de Rivera y en la Segunda República. En ese período también se repitió un escenario como el actual de división en las Cortes, con cuatro convocatorias electorales entre 1916 y 1920

Las circunstancias eran completamente distintas a las actuales. En un contexto marcado por la neutralidad española en la Primera Guerra Mundial, España vivió unos agitados años cuando se rompió el sistema del turno entre conservadores y progresistas que marcó el final del XIX y el comienzo del XX. Tras los comicios de 1916, 15 fuerzas distintas ocuparon los escaños del Congreso. La cita con las urnas de 1918 las elevó a 16. Y, sólo un año después, se amplió a 21 formaciones distintas. 

Aunque 1917 marcó un punto de inflexión tras la división de los partidos dinásticos en múltiples facciones rivales. En ese período coincidieron tres crisis simultáneas: el movimiento de las Juntas de Defensa, por el que cargos medios del Ejército reclamaban mejoras que les negaba el Gobierno; la Asamblea de Parlamentarios en Barcelona, organizada por el líder catalanista de la Lliga Francesc Cambó para pedir una reforma de la Constitución de 1876 que incluyera el reconocimiento de las identidades regionales y pusiera fin al turno; y una huelga general revolucionaria, que acabó siendo reprimida por los propios militares.

"Pese a que algunos rasgos de nuestra vida política nos recuerden a aquellos años, nos encontramos, por fortuna, en una situación muy lejana", apunta el historiador Javier Moreno Luzón, especialista en este período. "Hoy el entorno internacional es democrático y España está integrada en la Unión Europea. Además, el ejército no interviene en la política y los problemas laborales se resuelven sin violencia. El rey carece de poderes constitucionales efectivos y, aunque queda el desafío independentista catalán, no es previsible una solución dictatorial", reflexiona el catedrático de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos en la Universidad Complutense. 

Elecciones y caciquismo

Una gran diferencia, en efecto, es que el rey Alfonso XIII era quien nombraba a los ejecutivos. Después se disolvían las Cortes y se celebraban las elecciones marcadas por el caciquismo. A pesar de la manipulación del sistema electoral para dar mayoría al partido elegido por el monarca, las minorías parlamentarias provocaron un bloqueo de la actividad legislativa como la actual, acortando la vida de los gobiernos. Así, los Consejos de Ministros monocolor típicos del turno dejaron paso a Ejecutivos de concentración y de coalición. "Ambas fórmulas solían durar poco, por disensiones internas o por tropiezos parlamentarios", recuerda Moreno Luzón. 

"Esos gobiernos empleaban sus poderes constitucionales para tener cerradas las Cortes todo el tiempo que podían", prosigue. Pero cuando estaban abiertas, su iniciativa quedaba prácticamente bloqueada. De hecho, la división y la fuerza de los regionalistas catalanes hizo imposible aprobar unos Presupuestos Generales, que tuvieron que ser prorrogados sucesivamente desde 1915, forzando las costuras de la Constitución de 1876 (soberanía compartida entre el rey y unas Cortes bicamerales). España funciona ahora con las cuentas públicas de 2018, elaboradas por el exministro popular Cristóbal Montoro. Aprobar los del próximo ejercicio se torna una ardua tarea para el futuro Gobierno.

La sopa de siglas

Si finalmente hay una investidura exitosa, el nuevo Ejecutivo deberá buscar los apoyos necesarios entre los actuales 350 parlamentarios, que se agrupan en 19 listas electorales, un récord en la historia democrática reciente. Hasta ahora, la horquilla era de entre 10 y 15. Dentro de ellas, 47 escaños pertenecen a partidos de ámbito regional. 14 de Esquerra, ocho de JxCat, seis del PNV, cinco de EH Bildu, dos de la CUP, uno de Compromís, uno de Coalición Canaria, otro Nueva Canarias, dos de Unión del Pueblo Navarro (UPN), uno de los nacionalistas gallegos del BNG, uno del Partido Regionalista de Cantabria (PRC) y uno más de Teruel Existe. Dentro de En Comú Podem -la confluencia catalana de Unidas Podemos- hay cuatro de Barcelona en Comú, uno de Iniciativa (ICV) y dos de Esquerra Unida i Alternativa (EUiA). 

¿Qué se puede esperar de una Cámara tan dividida? "Será un Parlamento difícil de gestionar en el día a día. Habrá que pelear cada ley y cada presupuesto. Va a ser más complicado sacar cosas adelante pero también tiene una cosa sana; habrá que concitar el acuerdo entre gente con prioridades diferentes. Y de eso también va la democracia", opina el politólogo del CSIC, Pepe Fernández-Albertos

Los números son muy pequeños para que cambiemos nuestra visión sobre cómo los españoles se relacionan con la política"

Pepe Fernández-Albertos, CSIC

En su opinión, la magnitud del fenómeno del auge de los partidos regionalistas se está "exagerando un poco". "Hay partes de España que siempre han tenido este tipo de partidos que ahora no los tienen. Mi sensación es que los números son muy pequeños para que cambiemos nuestra visión sobre cómo los españoles se relacionan con la política", remata.

"Lo lógico es que la situación se resuelva como en otros países democráticos europeos que como el nuestro, tienen gobiernos parlamentarios con coaliciones de varios partidos", opina, por su parte, Moreno Luzón. "Desde luego, la repetición electoral puede considerarse un fracaso colectivo que no debería ocurrir a menudo. Aunque las elecciones son limpias y proporcionan una legitimidad al sistema político que el de hace cien años no disfrutaba en absoluto", concluye el historiador. 

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