ELECCIONES 10-N

Cataluña convierte el 10-N en un plebiscito sobre la continuidad de Pedro Sánchez

La amenaza de disturbios este lunes con la visita de los Reyes y la princesa Leonor, y la amenaza de 'Tsunami Democratic' en la jornada de reflexión alteran la tranquilidad de esta repetición electoral

Disturbios en Barcelona, en protesta por la sentencia del Supremo contra el 'procés'
Disturbios en Barcelona, en protesta por la sentencia del Supremo contra el 'procés' EFE

Cuando Pedro Sánchez decidió que iba a repetir las elecciones generales el 10 de noviembre poco podía imaginar cual ha sido la evolución de los acontecimientos. Sus asesores susurraban al oído de los periodistas que habría "tensión" en Cataluña tras la sentencia de la Sala Segunda del Tribunal Supremo contra los implicados en el referéndum ilegal del 1-O de 2017 y la posterior de la República catalana. Sí, pero nunca previeron los disturbios que estamos viviendo.

Y, sobre todo, no previeron el estado de incertidumbre al que parece haber llegado a la política y la sociedad españolas y que amenaza con quedarse tras las elecciones y la formación de gobierno. Sobre todo porque decisiones como la entrega, o no, del expresident de la Generalitat huido, Carles Puigdemont, se va a demorar varios meses y eso añadirá, sin duda, más gasolina al fuego independentista.

Sánchez confiaba en que Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) sujetase las bridas de un Quim Torra, pero enseguida pudieron comprobar que el, en teoría, máximo representante del Estado en esa comunidad estaba más activista y menos president de todos que nunca.

Ni él ni su mentor desde Waterllo (Bélgica), Puigdemont, están por la labor de aparecer ante los independentistas como unos botiflers (traidores) porque, además, no creen en la vía pactista que mueve desde prisión un Oriol Junqueras que saldrá de la cárcel, como pronto, en 2021.

La mejor prueba fue la primera reacción de Torra tras la sentencia: sumarse cortando una autopista a una de las marchas sobre Barcelona. Y después del incendio metafórico de Barcelona, y algunas noche literal, ha puesto a su conseller de Interior, Miquel Buch, entre la espada de la opinión pública secesionista y la pared de su responsabilidad legal como responsable de los Mossos d'Esquadra, al anunciar una macroinvestigación sobre los excesos de la brigada antidisturbios.

Está por ver a quien beneficia la pelea entre PSOE, PP, C's y Vox; Sánchez les acusa de usar los disturbios y ellos sostienen que es "tibio" para pactar con ERC tras el 10-N

Al margen de los efectos sobre una sociedad catalana absolutamente inflamable e inflamada, que todo eso se produzca a solo una semana de la repetición de elecciones generales el 10 de noviembre está elevando la temperatura política de España al máximo. Por un lado, el Gobierno, que acusa al PP de Pablo Casado y a Ciudadanos de Albert Rivera -no digamos a Vox-, de echar gasolina al fuego del enfrentamiento en las calles, y por otro estos afeando al PSOE su "tibieza" por razones puramente electorales.

Madrid y Barcelona, claves para el PSOE

Lo cierto es que el PSOE se juega mucho en Madrid y Barcelona, circunscripciones a las que Ferraz ha fiado su margen de crecimiento respecto al 28-A porque son las dos mayores en población y reparten nada menos que 69 de los 350 escaños del Congreso de los Diputados.

Pero los sondeos son tozudos y resaltan que eso puede no ser así porque ERC sigue siendo la fuerza más votada en Cataluña, en detrimento del PSC, y porque el PP, que en abril bajó hasta los siete diputados en Madrid, en estos comicios del 10-N podría volver a situarse en los 10/11 y robar al PSOE la primera plaza en la capital; esto último constituiría un duro golpe simbólico para los socialistas. 

Todavía queda una semana y, sobre todo, una visita de los Reyes y de la Princesa Leonor a la ciudad de Barcelona este lunes para hacer entrega de los premios Princesa de Girona, y aunque el Ejecutivo ha tomado la Ciudad Condal en materia de seguridad, hay muchas probabilidades de que se reproduzcan los incidentes que ya tuvieron lugar con ocasión de la reciente visita de Pedro Sánchez. 

Otra imagen de contenedores quemados y disturbios por radicales independentistas, en esta ocasión a escasas horas de que los candidatos se enfrenten al único debate televisado de esta campaña electoral podría suponer un frenazo a las aspiraciones de recuperación de un PSOE que esta viviendo estas semanas como o un calvario político.

Tanto Pablo Casado como Albert Rivera y Santiago Abascal no dudarán en usar esas imágenes de Felipe Vi y su familia acosados en la segunda ciudad de España como munición contra un presidente del Gobierno en funciones que hace semanas ya abandonó la estrategia de mano dura viendo que ponía en peligro las aspiraciones de su partido en Cataluña.

¿Qué pasará en la jornada de reflexión?

Es la primera vez en quince años, desde las elecciones generales del 14 de marzo de 2004, tres días después de los terribles atentados islamistas del 11-M que costaron la vida a 192 personas, que España se va a enfrentar a una jornada electoral anómala. Tsunamic Democrátic, la plataforma independentista, ha hecho un llamamiento a movilizarse en la jornada de reflexión.

Y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad tienen constancia de que los llamados Comités de Defensa de la República (CDR) quieren ocupar colegios electorales en Cataluña el mismo 10-N. Palabras mayores porque eso es un delito penado con prisión y obligaría a Mossos y Policía Nacional a intervenir inmediatamente.

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