El Gobierno no termina de arrancar. Al menos la parte que corresponde al PSOE, que es la porción más importante de la coalición. Los cambios en los ministerios y los nombramientos todavía pendientes han creado, según algunas fuentes consultadas, una sensación de descoordinación que se ha agudizado con las crisis de los últimos días.

Todas las miradas apuntan al director de Gabinete de Presidencia, Iván Redondo, principal encargado de mejorar esa coordinación y los mensajes que se emiten. Pero Redondo y Pedro Sánchez llevan varios días apagando incendios graves: el del caso de José Luis Ábalos destapado por Vozpópuli y el donde dije digo, digo Diego de Cataluña.

El calvario de Ábalos

La reunión de Ábalos con la vicepresidenta de Venezuela en el aeropuerto de Madrid ha sido la primera gran controversia del Gobierno desde la investidura, de la que no ha transcurrido un mes. La ensalada de versiones, muchas de ellas contradictorias, han colocado al titular de Transportes en el disparadero. Sánchez y Redondo, conocedores del peso de Ábalos en el PSOE, han protegido al ministro.

El caso, sin embargo, está lejos de haber terminado. A Ábalos le espera un calvario en el Congreso. La oposición aguarda el ministro con el cuchillo entre los dientes. Y el PP también ha llevado la reunión de Ábalos y Delcy Rodríguez a la justicia. El recorrido de este episodio, todavía por aclarar en muchos de sus términos, es ahora mismo imprevisible.

Redondo, que con los poderes reforzados controla ahora la secretaría de Estado de Comunicación, decretó silencio absoluto. Ni una sola explicación sobre lo ocurrido, salvo las que tuvo que dar la ministra portavoz, María Jesús Montero, forzada por los periodistas al término del Consejo de Ministros. La consigna era salvar Ábalos.    

Es exactamente lo contrario de lo ocurrido con la polémica catalana. El PSOE empezó la semana dejando caer que la reunión entre Sánchez y el presidente de la Generalitat, Quim Torra, estaba en duda. El martes, Moncloa se desdijo y aseguró que habría encuentro el 6 de febrero.

ERC fuerza a rectificar a Sánchez

Después de que Torra anunciase el adelanto electoral en Cataluña, Moncloa emitió un comunicado en el que aplazaba la mesa de bilateral Gobierno-Generalitat hasta después de la cita con las urnas. Torra no puso fecha a las elecciones, que se presuponen en primavera.

El Gobierno tuvo que rectificar horas después forzado por la presión de ERC. La formación republicana acusó al PSOE de "incumplimiento flagrante" de su acuerdo de investidura. El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, se entrevistó con Sánchez en La Moncloa. Y el Gobierno volvió a desdecirse y anunció que habrá reunión de esa mesa de diálogo antes de las elecciones.

Un error, según dicen varias fuentes del Ejecutivo a este diario, inexplicable para un Gobierno que ha hecho de la comunicación una de sus principales armas políticas. El episodio ha evidenciado la debilidad parlamentaria del Gobierno PSOE-Podemos, que depende de los partidos separatistas para todo.