Politica

Un año del 'nuevo PP': la faja de Casado y la derecha sonámbula

"Yo sí doy la cara". Y la dio. Y venció en las primarias. Pablo Casado se convirtió hace un año en el sucesor de Mariano Rajoy. El año más largo de su vida política

Pablo Casado, en el XIX Congreso Nacional del PP
Pablo Casado, en el XIX Congreso Nacional del PP Javier Martínez

El culpable fue Feijóo. Todo el PP miraba hacia las brumas de Galicia, a la espera de que el barón de los barones, el delfín eterno, se dignara a despejar la gran duda. Nada. En el rincón gallego tan sólo se escuchaba el silencio. Pasaban los días y nadie se aventuraba a proclamarse aspirante a liderar el PP. Hatsa que, de repente, un fogonazo inesperado. "Yo sí doy la cara, yo sí quiero ser presidente". Era Pablo Casado, (Palencia, 1981) por entonces apenas un vicesecretario de Comunicación, que sorprendió a todo el mundo. Era julio del pasado año. "Le he echado un par, ¿no?", comentó en privado esa misma jornada. 

"Casado se presenta". Las terminales de la derecha echaban chispas. Nadie lo esperaba. Feijóo, el que menos. Su duda hamletiana le había convertido en una figura de cera. ¿Voy o no voy?. ¿Sube o baja? A la gallega. El eterno sucesor esperaba que le tendieran la alfombra roja hasta la puerta misma de Génova. No quería rivales. Así se lo pidió al propio Rajoy, que le despejaran el camino. No quería competir ni con Soraya ni con nadie.

Ante la indecisión de uno y la perplejidad del resto, Casado, sin encomendarse a nadie más que a su familia y a un escueto puñado de amigos, dio el paso al frente. "Me he quitado la faja", señaló, en expresiva metáfora, también por esos días. Feijóo se pellizcó doce veces. No se lo creía. Soraya Sáenz de Santamaría, también en estado de meditación en el portón de salida,decidió lanzarse a la batalla, convencida de su victoria. Ese muchacho era muy poca cosa para la vicetodo, la mujer con más poder en España desde Isabel II. Dolores de Cospedal, por entonces secretaria general de la formación, hizo lo propio y lanzó su candidatura tan sólo para frustrar la victoria a su eterna rival. Las primeras primarias de la historia del PP estaban servidas. El 'pequeño gran hombre', como llaman a Casado alguno de sus colaboradores, había dinamitado la parálisis. Hagan juego, señores afiliados. Apuesten al continuismo o la reforma. 

El feo gesto del líder defenestrado

Ganó Casado con el 57,2% de los votos. Fue un 21 de julio. En aquel congreso extraordinario, tras la moción de censura en la bochornosa tarde del bolso de Soraya, Mariano Rajoy ni se levantó del asiento a felicitarle. Le tendió la mano con displicencia. Su candidata era Santamaría. El joven dirigente popular, se apoyó en quienes reclamaban un cambio radical en el partido, sin marianismo ni aznarismo. Un PP sin complejos y con voluntad de renovación, ataduras y vergüenzas.

Una misión casi imposible. Sin reposo y sin treguas, Casado se puso afanosamente a la tarea. Casado es de los de Séneca: "Valora un día por toda una vida". Arrebatado por una hiperactividad superlativa, Casado no se ha regalado ni un minuto de respiro desde que llegó a la séptima planta de Génova.

Las amenazas de Vox y Ciudadanos

Ha dado unas doscientas vueltas a España con el empeño de despertar a una militancia a la que se encontró convertida en un ejército de sonámbulos, peregrinos sin rumbo, norte ni esperanza. Rodeado por media docena de los suyos, procedió a cambiar las cañerías del herrumbroso edificio del PP sin poder cortar el agua. El partido se desangraba por los costurones de los escándalos. Dos severas amenazas, Ciudadanos y Vox, le mostraban los colmillos a derecha e izquierda. "Nosotros lo tuvimos mal, pero tu lo vas a tener peor", le había advertido José María Aznar en la jornada de su consagración como nuevo jefe de filas del PP.

Esquivó Casado, no sin fortuna, la primera embestida de una larga serie. Todo se lo jugaba en Andalucía donde, una curiosa carambola, animada por la torpeza socialista, le permitió alcanzar la proeza. Acabar con un régimen oxidado y pestilente de cuarenta años en una región donde sólo el PSOE había gobernado. Fue una noche de vino y rosas en la planta noble de Génova. Había empezado la remontada.

Recuperar Madrid

La historia dio un radical vuelco para el nuevo líder de la derecha española. La fotografía del trío de Colón, la convocatoria de unas elecciones generales anticipadas, la elaboración de cuatro listas electorales (primera purga en las huestes del marianismo) y, luego, el gran batacazo. El liderazgo recién estrenado estuvo a punto de sucumbir. Los barones, con ansias de venganza, mostraron sus cuchillos. Reclamaron cabezas. Se perdieron 70 escaños y cuatro millones de votos. Un escenario de pesadilla. 

Un año después de todo aquello, el bálsamo de los resultados autonómicos han devuelto la confianza a Casado. Nadie discute su liderazgo interno. Ha recuperado Madrid, mantiene Castilla y León, seguramente Murcia y la Comunidad madrileña. Gestos de fuerza en el inestable tablero del centroderecha donde Vox y Ciudadanos penan ahora sus particulares calvarios.

No ha perdido la sonrisa. Casado siempre sonríe en público. Incluso en la noche negra delas generales, exhibió ese gesto, entonces casi mueca. Ahora procederá a reforzar su estado mayor, sus portavoces en las Cámaras, su sanedrín de Génova, sus dirigentes territoriales. Poco a poco. Sánchez, con Podemos en el Gobierno, "quizás nos conceda un año antes de volver a las urnas", comenta en tono jocoso uno los más fieles de Génova. Tiempo, Casado ha ganado tiempo para levantar ese 'nuevo PP' que tanto anhela. Ahora puede reordenar, renovar, refundar un partido, aún confuso y vacilante, pero en tránsito hacia la alternativa de poder. El PSOE y Podemos, quizás, le facilitarán la tarea.  

Recibe cada mañana nuestra selección informativa

Acepto la política de privacidad


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba