Elecciones 10-N

Los diez errores de Albert Rivera que llevaron al cataclismo de Ciudadanos

El fichaje de Manuel Valls para Barcelona, el férreo ‘no es no’ a Sánchez, o pedir a los críticos que fundasen otro partido provocaron la huida de fieles del proyecto naranja

Albert Rivera en un mitin de la campaña.
Albert Rivera en un mitin de la campaña. Cs

La histórica caída de Ciudadanos en los comicios del pasado domingo, sin apenas precedentes en la democracia, se veía venir en los sondeos de los últimos meses, en los que se constataba una fuga de votantes naranjas a otros partidos o a la abstención. Vozpópuli recopila una decena de errores de Albert Rivera, la gran mayoría en los últimos meses, que llevaron al resultado tan catastrófico del 10-N. 

1- Arrimadas gana en Cataluña pero no intenta la investidura

Antes de este 2019 apenas hubo posiciones cuestionadas a Albert Rivera. En diciembre de 2017 llegó el momento más importante en la historia de Cs con su victoria en las elecciones autonómicas catalanas. Inés Arrimadas cosechó 1,1 millones de votos, el 25%, que le permitieron alcanzar 36 diputados en el Parlamento catalán. Sin embargo, la coalición independentista de JxCat (34) y ERC (32), con la ayuda de los 4 representantes de la CUP, llevaron a Quim Torra a la Generalitat.

En aquel comienzo de 2018, con Ciudadanos encabezando los sondeos a nivel nacional durante varios meses consecutivos, Arrimadas no se atrevió a intentar la investidura en plena aplicación del artículo 155. No tenía apoyos suficientes, pero pudo haber dividido al secesionismo y la ola se perdió.

2. Los errores de Cs en las mociones a Cifuentes y Rajoy

El partido de Rivera se sintió desubicado en las mociones de censura contra Cristina Cifuentes, que no llegó a fructificar porque la presidenta madrileña decidió dimitir tras el vídeo del robo de cremas, y contra Mariano Rajoy, al que apoyó frente a Pedro Sánchez cuando el PP venía de sufrir una condena judicial por Gürtel, el peor caso de corrupción en la historia democrática. Muchos de sus votantes no entendieron el que Cs defendiese al PP en ese momento.

Y Rivera, que hasta entonces había crecido haciendo oposición a Rajoy, se encontró con la obligación de hacer oposición a Pedro Sánchez. Ese cambio de roles le sentó fatal al partido naranja, mucho más cómodo sacándole los colores al PP y al que superaba en las encuestas.

3. El fichaje de Manuel Valls para Barcelona

Ciudadanos se puso en manos del ex primer ministro francés para intentar ampliar su electorado en Barcelona, pero la jugada política le salió penosa. La gestación del pacto para que Cs se diluyese en una plataforma constitucionalista -Barcelona pel Canvi- fue muy complicada. A la concejal que dirigía el grupo de Cs en el Ayuntamiento, Carina Mejías, no le avisaron del fichaje de Valls y tras la sorpresa, se negó a ser su número dos. Hubo que buscarle acomodo en las listas al Congreso.

Valls empezó pronto a mostrar discrepancias. Llegó arrastrando los pies a la manifestación de Colón de febrero y evitó salir en la foto de familia con el resto de líderes del centro-derecha. El político galo advirtió en ese momento de los riesgos de salir del brazo en fotos con Vox cuando, a su juicio, había que hacer un cordón sanitario como el de Francia contra el Frente Nacional de Marine Le Pen. Con el paso de las semanas, la relación entre Rivera y Valls fue empeorando y acabó en ruptura después de que este último decidiese apoyar a Ada Colau para la Alcaldía de Barcelona junto a otros dos ediles. 

El líder de Barcelona pel Canvi ha continuado su opa hostil a Ciudadanos en Cataluña -ya promociona por su cuenta una candidatura a la Generalitat- y da sus primeros pasos en Madrid con un manifiesto constitucionalista -'La España que reúne'- junto a críticos socialistas con el sanchismo y exfundadores de Ciudadanos como Francesc de Carreras. La enorme distancia entre Rivera y Valls llevó a este último a decir que no votaría por Cs en las elecciones del pasado domingo.

4. El ‘no es no’ a Sánchez llevado al extremo

En febrero, cuando se convocaron elecciones, Rivera se precipitó vetando al PSOE y, de paso, amputándose un brazo con vistas al escenario postelectoral del 28-A. Tras esos comicios, en los que Ciudadanos subió como la espuma hasta los 57 escaños, Rivera descartó desde el principio cualquier posibilidad de acuerdo con Sánchez, a pesar de que por primera vez en la historia de España daban los números -180 escaños- para formar una coalición limpia entre dos partidos y sin el concurso de los nacionalistas o independentistas. 

Ciudadanos, que el 28-A se quedó a sólo 200.000 votos del PP, olió la sangre de su rival por la derecha y, en vez de convertirse en la muleta de Sánchez, sus líderes prefirieron agarrarse a la esperanza de doblegar al PP en las europeas, autonómicas y municipales del mes de mayo, con la vana ilusión de ser algún día el partido hegemónico del centroderecha.

Por eso Rivera, el primer día que se sentó con Sánchez tras las elecciones de abril para ver las posibilidades de formar gobierno juntos, le espetó nada más empezar la reunión: "Que sepas que contigo no voy a ir ni a la esquina".

5. Pedir a los críticos que fundasen otro partido

La dimisión por sorpresa de Toni Roldán provocó un terremoto del que no se ha recuperado Ciudadanos. Fue el 24 de junio, justo antes de una reunión de la Ejecutiva Nacional, y se trató de un grito desesperado del hasta entonces jefe de la oficina económica de Cs para que su partido pactase con el PSOE de Sánchez un Gobierno de coalición.

Cuando empezó la reunión, Luis Garicano no llegó a tanto, sino que propuso una abstención condicionada a tres puntos -aplicación de la constitución en Cataluña, lograr un Gobierno constitucionalista en Navarra y cumplir con los criterios económicos y fiscales de la UE- pero Rivera se envalentonó y promovió una votación en el seno de la Ejecutiva porque se veía con fuerza. Hubo 24 votos en contra a la petición de Garicano, tres abstenciones y cuatro votos a favor -Javier Nart, Fernando Maura, Francisco Igea y el citado Garicano-.

Garicano e Igea guardaron silencio tras la desautorización y se refugiaron en sus feudos de Bruselas y Castilla y León, Nart dimitió y en septiembre abandonaría el partido con bronca, mientras que Maura fue laminado en julio junto a otros abstencionistas en una ampliación de este órgano interno para diluir la voz de los críticos.

Rivera encajó mal el conato de rebelión interna y a los pocos días de la cita de junio dijo en un acto del Consejo General, el máximo órgano naranja entre congresos, que aquellos que criticaban el férreo 'no es no' a Sánchez montasen otro partido.

6. La derechización de Ciudadanos

Rivera basó su estrategia política tras el 28-A en el convencimiento de que PSOE y Podemos llegarían a un acuerdo de Gobierno y que la legislatura tendría poco recorrido. Mientras durase, su intención era lograr el 'sorpasso' al PP, del que se quedó a menos de 200.000 votos en abril.

Durante semanas intentó ejercer de líder de la oposición, endureció su discurso sobre la unidad de España, la llegada de inmigrantes o la aplicación preventiva del artículo 155 en Cataluña. Y las encuestas del CIS empezaron a mostrar que en una escala de 1 a 10 de izquierda a derecha, los votantes situaban a Ciudadanos cada vez más cerca del 10 cuando históricamente había fluctuado entre el 5 y el 6.

La última encuesta del CIS colocó a Cs en el 7,1, su cifra más alta desde que la formación naranja dio el salto a la política nacional. El PP quedó en el 7,9. Fue la menor distancia en 28 barómetros, desde que en 2014 el CIS incluyó a Ciudadanos en esta tabla.

7. Los últimos giros, sin debate interno

Rivera aplicó su criterio en los giros estratégicos de septiembre y octubre sin debate interno y, lo peor a ojos de algunos dirigentes, sin votaciones de por medio cuando el partido se había defendido de las acusaciones de 'veletismo' con las decisiones que la directiva había adoptado en febrero y junio con respecto a Pedro Sánchez.

A mediados de septiembre y sólo cuando Rivera vio que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no iban a llegar a ningún acuerdo, el líder de Cs lanzó una oferta 'in extremis' de tres condiciones -casi calcadas a las de Garicano en junio- para abstenerse con Sánchez y evitar la disolución de las Cortes. Rivera se las comunicó a su núcleo duro al llegar a una reunión del Comité Ejecutivo y apenas hubo tiempo de debate.

Peores fueron las formas en el siguiente giro estratégico, ya con las elecciones convocadas para el 10-N. Hubo una reunión del Comité Ejecutivo el 30 de septiembre que sirvió para aprobar las listas electorales del los comicios y la presentación de una moción de censura contra Quim Torra. Todo ello por unanimidad y entre aplausos de los presentes.

En ningún momento se mencionó ni se insinuó el cambio que iba a imponer Rivera unos días más tarde 'manu militari'. Los dirigentes fueron convocados a toda urgencia para un mitin en el que Rivera haría un anuncio importante. Fueron conducidos a una sala adyacente al lugar del mitin y allí los jefes del equipo de campaña, José Manuel Villegas y Fernando de Páramo, les comunicaron el giro que iba a anunciar Rivera una hora más tarde con el levantamiento del veto para negociar con el PSOE, al que se hizo un oferta de diez puntos de cara al 10-N.

Después de un breve intercambio de pareceres, se dio por concluida la reunión sin que hubiese ninguna votación -no era posible porque la cita era de carácter informal- y todos ellos fueron llevados al auditorio, en el que Rivera apareció unos minutos más tarde para dar el pistoletazo de salida de la campaña naranja con su lema macronista de 'España en marcha'.

8. La moción de censura a Torra, a destiempo

Ciudadanos intentó moverle la silla a Torra tras la detención de varios miembros de los CDR que preparaban materiales explosivos susceptibles de ser utilizados en atentados terroristas. El partido de Rivera se lanzó a la moción de censura a sabiendas de que no tenía votos suficientes para lograrlo.

En primer lugar, para incomodar al independentismo en los primeros días de octubre, cuando acababa de pasar el aniversario del 1-O y aún no se conocía la sentencia del procés. Asimismo, tenía un componente político porque buscaba dejar en entredicho al PSC a un mes escaso de las elecciones del 10-N.

El problema para Cs es que durante la complicada legislatura catalana, en la que Torra ha tenido que prorrogar los presupuestos en dos ocasiones y apenas ha podido aprobar leyes ante su fragilidad parlamentaria, la formación naranja se negó en 2018 a respaldar una moción del PP catalán contra Torra con el argumento de que era "regalar una victoria a los independentistas" por no tener los apoyos suficientes en el Parlament. 

La candidata de Cs al puesto de Torra, Lorena Roldán, probó la misma medicina. Su iniciativa sólo contó con el apoyo del PP, mientras Torra se mostró impertérrito y evitó responder a Roldán durante el pleno. El presidente de la Generalitat consiguió uno de los apoyos más contundentes de su maltrecha legislatura: 76 diputados votaron en contra, 17 se abstuvieron (el PSC) y sólo 40 apoyaron la moción.

9. Una amnistía fiscal tapa el programa económico

Ciudadanos se pegó un tiro en el pie en la recta final de la campaña electoral con una medida económica que se asemejaba mucho a la amnistía fiscal del PP en 2012. El intento de hacer aflorar parte de la economía sumergida abría la puerta a tributar ese dinero aflorado por un tipo del 10%. El Consejo General frenó esa propuesta, al decaer antes de su debate, e incluyó un rechazo expreso a las amnistías fiscales en la última redacción del programa electoral.

Marcos de Quinto fue el gran damnificado, a pesar de que negó haber defendido algo similar a una amnistía fiscal. El actual gurú económico de Cs insistió en que proponía diversas alternativas fiscales para que aflorase ese dinero negro, pero rechazó con vehemencia cualquier medida encaminada a una amnistía fiscal. "De amnistías no se ha dicho nada. Nadie en el equipo ha hablado de ello ni siquiera se ha debatido", subrayó en el debate económico organizado por Vozpópuli.

10. Una campaña electoral de ocurrencias

El remate ha sido una breve campaña electoral llena de ocurrencias. La más famosa fue el lanzamiento al estrellato del perro Lucas antes del decisivo debate televisivo. El propio Rivera improvisó sobre la marcha la elaboración de un vídeo con el can. Fue una decisión tomada en cuestión de minutos, tras ver a uno de sus asesores con este cachorro en la sede de Cs durante la jornada del domingo en la que iban a preparar dicho debate.

Rivera fue pasto de los 'memes' durante días y varios dirigentes manifestaron en privado su sorpresa e impotencia por el uso de este perro en plena campaña electoral. Las polémicas se sucedieron día tras día. Por ejemplo, el partido naranja utilizó el 12-1 del España-Malta para hablar de míticas remontadas y recibió la inusual reprimenda de la embajadora española en La Valeta, Consuelo Femenía, quien curiosamente es esposa del ministro Pedro Duque.

El último desatino se produjo en el cierre de la campaña electoral. El intento de organizar un 'spinning' colectivo para promocionar el deporte sano contó con el rechazo explícito de varios dirigentes. El partido cambió de idea y promovió entre sus militantes un paseo en bicicleta desde la sede nacional en la calle de Atocha hasta el parque de El Retiro. 

Mensaje enviado a los militantes de Cs Madrid para una ruta ciclista que no se llevó a cabo.
Mensaje enviado a los militantes de Cs Madrid para una ruta ciclista que no se llevó a cabo. VP

Al final, tampoco hubo paseo en bici y todo se quedó en un partidillo de fútbol que quedó eclipsado por la moción en la Asamblea de Madrid de PP, Vox... y Ciudadanos en la que se pedía la ilegalización de los partidos secesionistas que promuevan la destrucción de España. El propio Rivera tuvo que matizar el alcance de lo aprobado

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