Moción de censura

Tensión y bulos en el búnker de la Moncloa: las últimas horas de Rajoy

Tensión, sudores y nervios en la Moncloa. Rajoy dirige la 'operación censura'. Rodeado por su núcleo duro, prepara el discurso y negocia con los vascos. Todo puede pasar

El secretario General de Ciudadanos, José Manuel Villegas (i), y el coordinador general del Partido Popular Fernando Martínez-Maíllo
El secretario General de Ciudadanos, José Manuel Villegas (i), y el coordinador general del Partido Popular Fernando Martínez-Maíllo EFE

"Está tranquilo, pero irritado. Más bien, muy cabreado". Mariano Rajoy ha vivido sus horas más tensas y amargas desde junio de 2012, cuando el 'no rescate' de la UE. En su intervención del viernes, al hilo de la moción de censura anunciada por Pedro Sánchez, Rajoy no ha relajado ni un minuto la mandíbula. Tan sólo unos momentos de alegría con el triunfo del Real Madrid. Lástima del viaje a Kiev. "Sánchez no es de fiar, siempre lo ha dicho", comenta una persona de su entorno. Esta vez, se la ha jugado. Del respaldo absoluto en el 155, del 'hombre de Estado', a la gran puñalada rastrera. La Gürtel pasa factura.

El fin de semana ha sido de zafarrancho de combate en Moncloa. El mismo gabinete de crisis de cuando el referéndum catalán encerrado en el búnker. Sólo falta Jorge Moragas, que emprendió viaje rumbo a la plácida embajada de la ONU en Nueva York. José Luís Ayllón ejerce ahora las funciones de jefe de Gabinete. Menos ocurrente pero más preciso. El perfecto 'fontanero'. Coordina, como siempre, la vicepresidenta, quien se encarga de recopilar papeles para el discurso. Carmen Martínez Castro, secretaria de Estado de Comunicación, supervisa el frente exterior, filtra datos y desmiente infundios. Catarata de bulos y chascarrillos. Fake news en cadena. Una comparecencia urgente del presidente a las nueve de la noche. Ultimátum del Ibex. Dimisión en puertas. Eternas horas de vacío informativo que se rellena a golpe de trascendidos apócrifos. 

Algún ministro deslizaba mensajes sosegados. "Los vascos no pueden hacerlo, no nos van a dejar. Para ellos prima la economía y el sector empresarial está haciendo presión. Tienen los Presupuestos en el bolsillo. Más adelante, ya veremos. Además, Sánchez no les gusta". 

Rajoy se sumergió en su auto rumbo a la Moncloa nada más concluir su intervención de los miércoles en el Congreso. Una sesión de control vacía de contenidos, incluidos los mercenarios insultos de Rufián, y plena de símbolos. La bancada del PP, puesta en pie, le dedicó una sonora ovación a su entrada en el Hemiciclo. ""Morituri?", comentó irónico un diputado del PSOE. "Lo mismo le hicieron a Cifuentes", rizó el rizo. Una bienvenida que sonaba a despedida.

Más gestos inusuales. Hasta Cristóbal Montoro se mostró afable en los pasillos parlamentarios. El titular de Hacienda es refractario a los periodistas. Su última experiencia en forma de entrevista le produjo enormes quebraderos de cabeza. Con el Supremo (Tribunal) y con el Supremo (presidente Rajoy). Este miércoles quería complacer. ¿Un suave adiós? Pablo Iglesias lloró. Pero más por motivos de emoción que de la moción.

Mensajes apocalípticos

De repente, vertiginosamente, todo había dado un vuelco. En la mañana del martes, la moción socialista parecía difunta. El propio secretario general del PSOE lo había insinuado en una reunión con los suyos. Por la tarde, el gran cambio. Quim Torra designaba un gobierno 'limpio' en Cataluña, lo que dinamitaba el 155. Menos presión sobre los nacionalistas catalanes. Más margen para Sánchez, que hacía ronda telefónica con todos los protagonistas. Catalanes, vascos, morados, naranjas... Desde Moncloa salían mensajes alarmistas, casi apocalípticos, rumbo a las terminales habituales. Todo era posible, hasta lo peor.

Sáenz de Santamaría canceló este miércoles el almuerzo con Michel Barnier, el negociador jefe para la salida del Reino Unido de la UE. Mantuvo, eso sí, la reunión con los secretarios de Estado y subsecretarios en preparación del consejo de Ministros del viernes. Si la moción fracasa, debe imperar la rutina. La normalidad. Consejo de Ministros tras la votación decisiva. 

¿Y qué dicen los vascos?

Imperiosas llamadas al teléfono de Andoni Ortúzar, el cachazudo presidente del PNV, con quien Rajoy se lleva 'medianamente bien'. Más expresivo que el secarral de Urkullu, y 'muy de fiar', comentan en el entorno presidencial. Muchas promesas, pocas respuestas. A la espera de lo que diga Sánchez en su discurso, insisten los nacionalistas vascos. Rajoy conduce personalmemte las negociaciones. Como ya hizo con los presupuestos. 

En Génova están de los nervios. Eemergen comentarios en todas las direcciones. Los barones reclaman información. Quien saber si el 'jefe' sigue. Qué va a pasar. Algunos reclaman una reunión urgente, el mismo lunes, pase lo que pase. Una Junta Nacional para la autocrítica, la estrategia, la refundación o el funeral. "Ahora puede pasar de todo", mascullan en la sede del PP. Hasta que desaparezca Rajoy. Lo imposible ya está a la vuelta de la esquina.

Fernando Maíllo, el coordinador general, todo serenidad, intenta transmitir carretadas de sofrosina. otros miembros de la cúpula conservadora se muestran menor serenos. En avanzado estado de nerviosismo, transmiten inquietudes y temores. "Demasiado pronto para tirar la toalla", comenta, cachazudo, un veterano de la estructura. 



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