Presupuestos del Estado

Soraya se especializa en nacionalistas: Viaja a Vitoria para ablandar al PNV

Sáenz de Santamaría vuelve a la carretera.  Viaja el lunes a Vitoria para allanar el camino del acuerdo con el PNV. La aprobación de los Presupuestos es objetivo prioritario de Mariano Rajoy.

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría (d), conversa con el jefe de Gabinete de la presidencia del Gobierno, Jorge Moragas (d
La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría (d), conversa con el jefe de Gabinete de la presidencia del Gobierno, Jorge Moragas (d EFE

La vicepresidenta del Gobierno, especializada en tratar con los nacionalistas, retoma la actividad en sus desplazamientos fuera e Madrid. Este lunes viaja a Vitoria para asistir a la toma de posesión del nuevo delegado del Gobierno, Javier de Andrés. Un gesto de aproximación hacia el Ejecutivo vasco, un guiño al PNV de cara a allanar el camino de la negociación para lograr su apoyo en los Presupuestos.

El último viernes del año, el Consejo de Ministros procedió al cese de Carlos Urquijo como delegado en el País Vasco y le sustituyó por De Andrés. Una jugada vertiginosa y casi oculta. El cesante se enteró apenas unas horas antes de la celebración del Consejo de Ministros.  Urquijo resultaba muy molesto para las exigencias del Ejecutivo vasco.

“Si bien me quieres, Mariano, da menos leña y más grano”, le había espetado a Rajoy el portavoz del PNV en el Congreso, Aitor Esteban. Dicho y hecho. Sáenz de Santamaría, además de vicepresidenta, ministra de Administraciones Territoriales, apartó de su cargo al molesto Urquijo. Su hombre en la comunidad vasca, Alfonso Alonso, situó en el puesto a De Andrés, uno de los suyos, más templado y complaciente con los peneuvistas. Una operación simétrica a la ejecutada semanas atrás en Cataluña donde Sáenz de Santamaría defenestró a la delegada del Gobierno, Llanos de Luna, de intransigente firmeza con los independentistas, y puso en el cargo a Enric Millo, más sensible hacia las inquietudes de la Generalitat.

La Conferencia de Presidentes

La vicepresidenta viaja a Vitoria con dos objetivos. Acercar posturas hacia el Gobierno y la sociedad vasca, en estos tiempos de diálogo y consenso que emana ahora de Moncloa y, al tiempo, mostrar una imagen de cambio hacia el PNV. Rajoy precisa de los cinco diputados vascos para acercarse a la mayoría necesaria que le abra la puerta de los Presupuestos. Mantiene excelentes relaciones con el lehendakari Íñigo Urkullu. “Habrá que hablar mucho y aflojar más aún”, comenta un dirigente del PP vasco en relación a las exigencias crecientes del gobierno vasco.

Este martes, un portavoz nacionalista hacía saber que “la situación ha empeorado” ya que “apenas se advierten” elementos que les animen a cambiar de criterio de cara a los presupuestos.  Pretende Urkullu que Moncloa retire el recurso contra la última promoción de la Ertzaintza. También ha mostrado su malestar por la sentencia contra la jornada laboral de 35 horas. Los nacionalistas vascos, al igual que los catalanes, pretenden que el Gobierno evite recurrir ante los tribunales sus iniciativas más polémicas. Al margen o por encima de la ley. Fuentes del Gobierno central han recibido estos comentarios como típicos elementos de presión durante unas negociaciones. El PNV tiene que mostrarse firme y exigente antes de dar su brazo a torcer con los Presupuestos.  

La vicepresidenta intentará engrasar los carriles del diálogo. También aspira a darle un empujón a las dudas de Urkullu sobre su asistencia a la Conferencia de presidentes autonómicos prevista para el día 17 de enero en el Senado. El dirigente vasco se muestra muy remiso. La negativa frontal del presidente de la Generalitat no facilita las cosas. Santamaría pretende que ambos acudan a la cita de Madrid, aunque en su equipo se muestran sumamente escépticos. De ahí las visitas, los gestos y los guiños hacia ambos gobiernos. Santamaría pretende que la Conferencia no sea tan solo un encuentro formal y simbólico, una excusa para las fotos. Quiere que se aprueben decisiones políticas, de índole social y político, que se trasladarán luego al ámbito de relación entre el Gobierno central y los ejecutivos autonómicos. Un planteamiento muy ambicioso que perdería parte de su significado y, desde luego, de su trascendencia  si se concreta el plantón de los presidentes nacionales.


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