Caso Moix Rajoy pide a sus ministros que arropen al reprobado Catalá

Rajoy ha pedido a su equipo que apoye al ministro Catalá, el pararrayos del Gobierno y del propio presidente, que hace frente a una temporada tempestuosa derivada, en gran parte, de los problemas de corrupción que sacuden al PP. 

El ministro de Justicia, Rafael Catalá
El ministro de Justicia, Rafael Catalá EFE

Rafael Catalá atraviesa momentos de intensas turbulencias. Más con el último escándalo relacionado con una sociedad en Panamá de su fiscal Anticorrupción, Manuel Moix. Es el único ministro reprobado por el Congreso desde la normalización democrática. Magalena Álvarez, del PSOElo fue por el Senado. Jorge Fernández Díaz sufrió el mismo castigo con un Gobierno en funciones. Mariano Rajoy quiere que los miembros de su equipo, tanto en el Gobierno como en el grupo parlamentario, se impliquen algo más en la defensa de la postura del titular de Justicia, ahora en situación comprometida, en pleno centro del ojo del huracán.. 

El presidente del Gobierno tiene una particular debilidad hacia Catalá. Es un ministro valiente, que creció al amparo, primero de Ana Pastor, cuando la actual titular de la Cámara Baja ejercía de ministra de Fomento, y luego de Soraya Sáenz de Santamaría,con quien ahora mantiene unas relaciones distantes. No es hombre gregario ni político de corretear despachos. No se encoge ante el castigo ni se encoge ante las situaciones complicadas. Como ahora.

Rajoy formuló un escueto 'sí' al ser preguntado en Portugal sobre su confianza en el fiscal Manuel Moix, jefe de la oficina Anticorrupción sobre el que ha emergido una sospecha en forma de vínculos empresariales en Panamá. Moix no era inicialmente la apuesta de Catalá para el cargo, pero lo aceptó en señal de obediencia hacia instancias superiores. Ahora le toca salir en su defensa, aunque no con exacerbada vehemencia, como ha explicado este diario. "El caso es feo", comentaron fuentes gubernamentales. Y la familia fiscal se muestra cada día más levantisca.

¿La mano en el fuego?

En un Ejecutivo en el que, tras la salida de García Margallo, ya no hay bloques, ni G-5, ni disputas internas, ni pulsos flagrantes, se respira un clima de frío compañerismo, de aséptica cohesión. Nadie se mete con nadie y nadie se lanza en defensa de nadie. Salvo que sea imprescindible. Cada cual guarda su parcela. "Poner la mano en el fuego por algún compañero del Gobierno es un ejercicio en el que nadie incurre", señala una fuente del PP. 

La moral de Catalá, pese a ser objeto permanente de los ataques, críticas, exigencias de explicaciones y comparecencias por parte de la oposición, no ha disminuido un ápice. Es un hombre de brega, un fajador, comenta quien le conoce. "Es del Atleti", ya se sabe", añade. Ha tenido que dar explicaciones sobre un anodino mensaje telefónico a Ignacio González, el jefe de la trama Lezo. Ahora tiene que apoyar, un día sí y otro también, a su fiscal general y al fiscal Anticorrución. Todo ello con el rabillo del ojo puesto en Cataluña, atento al proceso secesionista en curso, que precisará de la acción de la abogacía del Estado y de la Fiscalía.  

En un Ejecutivo en el que ya no hay bloques, se respira un clima de frío compañerismo, de aséptica cohesión. Nadie se mete con nadie y nadie se lanza en defensa de nadie. Salvo que sea imprescindible

Algún miembro del Gobierno le reprocha su incontinencia verbal, su vocación a meterse en todos los charcos, a opinar sobre lo que haga falta. Es precisamente una cualidad que Rajoy valora. No se tapa, no se escabulle, da la cara, aunque se la partan. "Los ministros de este Gobierno juegan al escondite, la gente ni siquiera los conoce, ni se sabe sus nombres", señala esta fuente. 

Rajoy lo necesita: es el perfecto pararrayos, el receptor ideal de las iras de la oposición, el escudo que protege en buena parte la figura del presidente. "Cuanto más le sacuden a Catalá menos, quizás, se acuerden del presidente", dice un alto cargo de la Administración. Tiene demasiados frentes abiertos y muchosenemigos en pie de guerra. Quizás cuando mira a sus flancos, no se siente demasiado arropado.

De ahí la sugerencia del presidente a sus colaboradores. Quiere que no le dejen sólo en sus batallas y que, en la medida de lo posible, le arropen y le echen una mano. "No es que Catalá necesite permanentemente mensajes solidarios, -señala esta fuente- pero sí le viene bien percibir que no está solo en su particular pugna contra los elementos". 

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