Elecciones generales 2019

Primeras críticas en Unidas Podemos por cómo se desarrolló la campaña electoral

El grueso del dinero se dirigió a apoyar a Alberto Garzón e Irene Montero. El partido perdió casi la mitad de sus escaños y algunos creen que el acercamiento al PSOE se hace porque le conviene a Iglesias

Pablo Iglesias y Alberto Garzón en la noche electoral del 28 de abril en Madrid
Pablo Iglesias y Alberto Garzón en la noche electoral del 28 de abril en Madrid Efe

Unidas Podemos es una coalición cada día más fragmentada. El centro del poder, intrínsecamente madrileño, hace y deshace a su antojo, y esto crea malestar en las provincias contra el núcleo duro de Pablo Iglesias, pero también contra Alberto Garzón, el coordinador de IU, que ha logrado el pasado 28 de abril su escaño por Málaga. Y se extiende a la posición que el partido morado está manteniendo para entrar a toda costa en el gobierno de Pedro Sánchez: "Antes mirábamos al PSOE de frente, ahora estamos agachados", acusan.

El sector crítico que va emergiendo después de la salida de Íñigo Errejón no tiene nada que ver con el ex número dos y ahora candidato de Más Madrid a la Comunidad de Madrid, del que reniegan. Son pablistas y coinciden en una lectura sobre la situación política interna: la cúpula de Iglesias e Irene Montero han trabajado en una campaña electoral muy de puertas adentro, finalizada a promover la imagen de la número dos y olvidando la “transversalidad” del mensaje en todo el territorio.

"Pablo volvió demasiado tarde"

Hubo Comunidades en las que Iglesias ni apareció (como Extremadura, Murcia y Castilla la Mancha). Otras, como Andalucía, donde los líderes de Podemos casi no se vieron. “Su ausencia dolió mucho a los militantes", dicen, y añaden: "Pablo volvió de la baja de paternidad demasiado tarde, esto no se entendió”. Para estos críticos el resultado electoral del 28 de abril “ha sido un desastre” y aseguran que "alguien pagará". Señalan a Juanma del Olmo, jefe de campaña y hombre fuerte del entourage de Iglesias, como responsable.

La campaña electoral de Podemos se concentró en Madrid, donde se presentaba Iglesias, y en la publicidad online. En cuanto a Internet (sobre todo Facebook), el partido apostó por los discursos de Montero, con campañas que cuestan decenas de miles de euros, finalizadas a preparar el terreno para la sucesión de Iglesias. Pero que obligaron a dejar al lado las ayudas más tradicionales a las bases. Este diario pudo comprobar como en Cataluña, por ejemplo, la formación morada carecía de voluntarios para pegar carteles. Tan solo en esa región Podemos se dejó 250.000 votos y pasó de primera a tercera fuerza.

La esperanza del 18% de votos

El resultado ha sido que Podemos perdió 1,5 millones de votos y casi 30 escaños en el Congreso de los 69 que tenía. En el Senado pasó de 12 senadores a cero. Una situación “trágica” que ha empujado a Iglesias a “suplicar a Sánchez entrar en el gobierno”, acusan voces del sector críticos. Estos hablan de la necesidad de abordar el tema del proyecto del partido: “Hacemos política para conducir el cambio en este país, no para resolver la vida a Pablo e Irene”.

Aun así, muchos reconocen los méritos de los últimos días de la campaña de Iglesias. Al secretario general le reconocen un liderazgo natural y que el partido recuperó alrededor de un millón de votos en una semana con él al frente, según los más entregados. Pero no se cumplieron las expectativas. 

La remontada histórica barajó llegar al 18% de los votos en los últimos días de campaña. Algunos creyeron incluso en el sorpasso a Ciudadanos. Finalmente quedó en un 14%, lo que permite evitar hablar de debacle, pero que abre la cuestión del liderazgo interno.

El problema del liderazgo

Además de Podemos, capítulo aparte merece IU. La formación liderada por Garzón también analiza lo sucedido en la campaña del 28 de abril y no todos manifiestan entusiasmo. Más bien lo contrario. Consideran que “todos los fondos y fuerzas se concentraron en ayudar al candidato en Málaga”, y que “muchos compañeros se quedaron fuera del Congreso”, por un “exceso de personalismo”.

“Es cierto que Alberto se enfrenta a una dirección anclada al pasado y que tiene dificultad para tomar decisiones más modernas”, comentan en Podemos, pero "lo que pasa es que ha visto cómo trabaja Pablo, eso de no tener que rendir cuentas de nada, y le está gustando”, exponen.

Sea como fuera, la formación morada está volcada en alcanzar el poder. Pero los críticos reconocen que la cuestión está relacionada más con la voluntad de Iglesias de blindar su liderazgo desde el Consejo de Ministros que de apuntalar un proyecto de cambio coherente con lo planteado con el nacimiento de Podemos.

Saben que después de las autonómicas del 26 de mayo tocará hablar del futuro del partido. Los barones territoriales de Podemos hasta ahora se concentran en las elecciones regionales, cuya estrategia general se definirá en la reunión del Consejo Ciudadanos de Podemos del próximo lunes. De ese resultado dependerá su futuro más cercano. Pero nadie duda de que llegará el día en el que habrá que hablar de gestión y proyecto. La sombra de Vistalegre III se acerca.

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