Política

Paula, la barcelonesa que planta cara al separatismo desde el corazón de la revuelta

Se declara una ciudadana "anónima" que sufre en primera persona las consecutivas noches de disturbios en la ciudad condal

Paula, una barcelonesa que sufre en primera persona las consecutivas noches de disturbios en la ciudad condal
Paula, una barcelonesa que sufre en primera persona las consecutivas noches de disturbios en la ciudad condal

Paula lleva días sufriendo en primera persona los disturbios de la ciudad de Barcelona. Se declara como una ciudadana "intimidada" ante la escalada de violencia que se vive en las calles de la Ciudad Condal. Su casa se encuentra en el epicentro de las protestas, en los alrededores del Paseo de Gracia.

Una intervención en El Programa de Ana Rosa (Telecinco) corrió este viernes como la pólvora por las redes sociales. Tras la cuarta noche consecutiva de incidentes, salir a la calle suponía ver cientos de contenedores calcinados y comercios destrozados. "A más de la mitad de la población nos hacen sentir asustados, atemorizados y angustiados por no saber qué va a pasar. Ellos llevan la delantera", lamenta en conversación con Vozpópuli.

A pesar de haber dado la cara ante las cámaras, prefiere no ofrecer más detalles sobre su vida personal. Asegura de que aunque muchos independentistas no quemen contenedores en las calles, su movimiento "no es pacífico" y reclama "mano dura" para frenar los disturbios

-¿Cómo está viviendo estos días?

-Desgraciadamente, Barcelona ha sido territorio de los violentos en los últimos años, desde las huelgas generales del 2010. Estos días he estado encerrada en casa antes de ir a por mis hijos al colegio porque el centro de la ciudad está tomado. Y no veo otra solución que la mano dura, igual que se tendría con cualquier delincuente o con cualquiera que quiera alterar el normal funcionamiento de las cosas. Eso pasa por concienciarnos todos los españoles y por que haya un Gobierno y un Govern, aquí en Cataluña, que tenga las cosas claras y sepa cuál es la frontera entre la ley y el caos.

-¿Considera que hay suficientes efectivos policiales? El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, ha dicho este viernes que se puede viajar a Barcelona con "total normalidad".

-No, no se puede. En mi calle ha habido un montón de motoristas y de coches con pitidos y con rugidos, que hacen que una se sienta intimidada en su propia casa. No hay un normal funcionamiento. Una de mis mejores amigas ha tenido que ir esta mañana al aeropuerto cinco horas antes porque no sabía si podría llegar. No sé si mi marido podrá volver. También tengo que ir a por mis niños antes al colegio… ¿Eso es normal?

No se debería dar una pátina de normalidad como si esto fuese la consecuencia normal de que un tribunal dicte una sentencia judicial

Esto no debería pasar, no se debería permitir ni darle una pátina de normalidad, como si esto fuese la consecuencia normal de que un tribunal dicte una sentencia judicial. Un tribunal ha impartido Justicia en un país democrático y, como consecuencia de eso, se han formado unas algaradas en la calle que nos hacen sentir a más de la mitad de la población asustados, atemorizados y angustiados de no saber qué va a pasar porque ellos llevan la delantera.

-Imagino que entre sus amistades habrá gente que defienda la independencia... No sé cómo están viviendo esta escalada de disturbios. ¿Hay gente que reivindica la movilización pacífica?

-Es que el independentismo no es un movimiento pacífico. Aunque una persona no salga a quemar contenedores, un independentista me quiere echar a mí de mi casa. Quiso y salió a votar en esa farsa de referéndum para que a mí se me suspendieran los derechos constitucionales a las pocas horas de haber cerrado los colegios electorales. A mí me da igual que no salgas a quemar un contenedor, pero tu pensamiento es profundamente reaccionario.

A mí me da igual que no se salga a quemar un contenedor, pero el pensamiento independentista es profundamente reaccionario

Va en contra de mí y de mi familia porque quiere levantar una muralla y una frontera. Por lo tanto la palabra independentismo y pacifismo es un oxímoron en este momento. Si ellos hubiesen querido, lo hubieran parado. Y no lo han hecho. Aquí las culpas se tendrán que repartir y todos sabemos quiénes estamos en un lado y quiénes en el otro.

-Echando la vista atrás, ¿cómo ha cambiado la relación con sus amigos o familiares que defienden la independencia?

Pues se ha enfriado, se ha viciado... Con algunas personas no puedes hablar del tema; hablas de otras cosas, porque no vas a estar todo el día discutiendo. Esto agota a cualquiera. A mí este estado de indignación y angustia me cansa, me pone triste. Con otros, directamente, nos hemos dejado de hablar. Y, al final, hacen que estemos como en pequeños guetos, dándonos calor unos a otros. Y hay que estar aquí para saberlo. No sólo en Barcelona; en cualquier pueblo pequeño de Gerona, de Lérida o Tarragona.

-¿Qué es lo que más le preocupa de los disturbios?

Los comercios están algunos abiertos y otros cerrados. Muchos cierran por miedo. Pero me preocupa que una ciudad que amo, en la que han nacido mis hijos, esté como estaba esta mañana. Me preocupa que, al final, el estómago y la rabia prevalezca sobre la razón. Es muy triste. Y lo que van a conseguir es que muchos al final tiremos la toalla, nos marchemos y dejemos desamparados a los que se quedan aquí porque no pueden irse. Y es que tenemos la memoria muy corta. Esto ya lo hemos visto en el País Vasco. Esta ideología perversa ya la hemos visto. ¿De verdad hay que explicar estas cosas?

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