Política

Sánchez aterriza: no al gasto de Podemos, adiós a la transparencia fiscal y sigue el CIE

El mes que lleva Pedro Sánchez en La Moncloa le ha supuesto un curso acelerado de pragmatismo: no revelará los beneficiarios de la amnistía en 2012 y de la reforma constitucional nunca más se supo 

Pedro Sánchez en el Congreso.
Pedro Sánchez en el Congreso. EFE

Pedro Sánchez dio muestras durante la comparecencia ante el Congreso para explicar su programa de que el mes que lleva instalado en La Moncloa ha supuesto para él y para el núcleo duro del PSOE un brusco aterrizaje en la realidad de España. Salvo el Estatuto del Becario, cuya autoría es de Podemos, el resto de iniciativas expuestas por el presidente del Gobierno suponen menos gasto y son rebajas del programa de oposición.

En el mes transcurrido lleva un ministro cesado por un viejo contencioso tributario -Màxim Huerta- y tiene serios apuros al reconocer en sede parlamentaria que "desafortunadamente" va a incumplir su compromiso de revelar los nombres de la amnistía fiscal de 2012 porque publicarlos sería "prevaricar".

Todo el mundo sabe que la Ley General Tributaria lo prohíbe en su artículo 95 y, además, todo gobernante serio sabe que eso ahuyenta los capitales de España. Por no mencionar que los principales medios de comunicación se están haciendo eco de unas conversaciones en las cuales la amiga del rey emérito Juan Carlos I, Corinna zu Sayn-Wittgenstein, asegura que él fue uno de los beneficiarios.

De esto último no dijo nada en sede parlamentaria, para disgusto de Podemos e IU; solo que primero habrá que escuchar lo que tenga que decir el director general del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), general Félix Sanz Roldán, y luego ya veremos si hay comisión de investigación a las finanzas del monarca emérito. 

A cambio de mantener reservada la lista de defraudadores que se beneficiaron hace seis años, Sánchez se compromete a promover una ley que prohíban futuras amnistías, pero ese no es el problema.

Su problema, como el de que quienes le precedieron, es que la oposición siempre intenta poner en apuros al jefe del Ejecutivo de turno con ese tema. Y ayer le tocó a Sánchez soportar de un Albert Rivera en tono retador, ese "¿Por qué no da conocer usted los nombres?". Según el líder naranja, porque hay socialistas beneficiados.

"No aceptaremos retoques cosméticos", le ha espetado la portavoz de Podemos, su socio preferente, para rechazar que el Gobierno asuma la política migratoria de la UE 

El secretario general del PSOE se tuvo que comer ese sapo, al grito de "yo no voy a prevaricar", así como otra promesa: cerrar los Centros de Internamientos de Emigrantes, más conocidos por sus siglas CIE, que anunció también cuando estaba en la oposición y cuyo mantenimiento sirvió este martes a la portavoz de Podemos, Ione Belarra, para echarle también en cara su flaca memoria. 

Belarra le acusó de hacer el juego del discurso de la "ultraderecha" gobernante en muchos países europeos, con la idea de que la "presión migratoria" es el gran problema de la UE. "No aceptaremos meros retoques cosméticos", dijo Belarra, y el presidente reconoció que no puede modificar unilateralmente una política comunitaria.

Eso, por no hablar del gasto social que Podemos quiere aumentar en 15.000 millones para 2019 y que la UE solo acepta aumente en torno a los 6.000 millones para no desviarse de la senda de ajuste fiscal. Sánchez admitió a su interlocutora que cuando uno llega a La Moncloa toma conciencia de lo limitado que es su margen de acción gubernamental.

El presidente del Gobierno se 'olvidó' también de la reforma constitucional con la que pretendía contentar en la oposición a los nacionalistas catalanes

Respecto al conflicto catalán, Sánchez ha puesto en valor que su llegada al poder ha significado recuperar el "diálogo"; eso sí, ni rastro de la reforma constitucional que el Grupo Socialista apadrinaba en la oposición con la comisión territorial que presidía José Enrique Serrano.

Como estaba entre la espada de Rivera y del portavoz del Grupo Popular, Rafael Hernando, exigiéndole que no convierta España en moneda de cambio, y la pared de sus socios nacionalistas, ERC y PDeCAT, que le han amenazado con retirar su apoyo al Gobierno si no se producen avances en "la autodeterminación", a Pedro Sánchez no le ha quedado más remedio que insistir en que cualquier solución para Cataluña será, sobre todo, "constitucional" para Cataluña.

Lo que ha enfadado bastante a los segundos. El portavoz de ERC, Joan Tardá, avisa que no le votarán ninguna iniciativa en el Congreso si lo que pretende es "tomarles el pelo" y seguir negando la posibilidad de un referéndum en Cataluña. El jefe del Gobierno se ha mostrado convencido de que "la crisis sólo se va a poder resolver votando", pero no ha precisado cómo porque, mientras el PSOE pretende votar un acuerdo, ERC quiere votar una "ruptura".



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