Politica

Moreno Bonilla destrona a Feijóo como el 'barón de barones' del PP

Moreno Bonilla se erige en el referente de los barones del PP. Desaloja a Núñez Feijóo de una preeminencia que ha ostentado durante años

La conquista del Gobierno de Andalucía por parte de Moreno Bonilla lo erige como referente de los barones del PP. Desaloja a Núñez Feijóo de una preeminencia que ha ostentado durante años y asienta a un Pablo Casado que oía las primeras voces críticas por su acercamiento a Vox pero que ha logrado desalojar al PSOE de su gran feudo del sur en un tiempo récord desde su llegada a la Presidencia del PP.

Dos son los dirigentes del PP que han resultado victoriosos en el giro histórico andaluz. Teodoro García Egea, el hombre a quien Pablo Casado le encargó conducir las arduas negociaciones con Vox. Redondeó la operación sin apenas dejarse un pelo en la gatera. Ha sido su primer triunfo notorio desde que asumió el puesto que ocupaba Fernando Maíllo en tiempos de Rajoy.

El otro vencedor, sin duda el protagonista estrella de todo este episodio, es Juan Manuel Moreno Bonilla quien se convertirá, a la vuelta de una semana, en el presidente de la comunidad española más grande por número de habitantes, por ende, en el número uno entre los barones de su formación. El nuevo 'barón de barones' destrona, casi de carambola, a Alberto Núñez Feijóo, hasta ahora el referente indiscutible, el eterno delfín, el líder incombustible del generalato popular.

Daban a Moreno Bonilla por políticamente muerto. La llegada de Pablo Casado a la presidencia del PP le dejaba en una posición incierta. Fiel 'sorayista' de la primera hora, secretario de Estado en Sanidad con Ana Mato, batalló arduamente en las filas de Sáenz de Santamaría en las primarias que habían de elegir al sucesor de Rajoy. Dotado de un gran instinto político y un evidente afán de supervivencia, Moreno dejó de lado sus querencias pretéritas, sus relaciones con Javier Arenas, con Jorge Moragas, y se ofreció como el más fiel y leal de los servidores del nuevo equipo de Génova.

El auténtico candidato

Casado no tuvo más remedio que mantenerlo en el puesto. Susana Díaz adelantó las elecciones y no había tiempo para proceder a un recambio. Había que jugársela con lo que había. Es decir, con Moreno. No se fiaban demasiado en la dirección popular de este candidato. Algo hiératico, poco combativo, muy dócil en la oposición a la Junta socialista, Moreno pasaba por ser aspirante a una estruendosa derrota. Para paliar un resultado más que incierto, Casado se personó en la región durante casi toda la campaña. Es más. La campaña fue Casado, al igual que en Ciudadanos, la candidata parecía Inés Arrimadas más que el aspirante oficial Juan Marín. 

Moreno apenas logró 26 escaños, el peor resultado en la historia de su partido. Todo habría estado consumado de no ser por la irrupción de Vox, que con sus doce escaños obró el milagro. Después de cuatro décadas, el PSOE va a ser desalojado del Palacio de San Telmo. Un vuelco inesperado, un escenario sin precedentes. 

Se convierte de esta forma en el presidente de la comunidad autonómica con mayor número de habitantes de España y, por ende, en el barón del PP con mayor mando territorial. Juan Vicente Herrera preside la región más grande, pero está de retirada. Núñez Feijóo va a perder su preponderancia ancestral. Y su protagonismo indiscutible. El líder gallego ha ejercido siempre como una especie de contrapoder interno. Cuando había tormenta en Génova, se miraba a Feijóo. ¿En qué anda el gallego?, se decía. 

Sigiloso, taimado, astuto, Feijóo ha logrado ejercer su papel de destacado dirigente del partido desde el esquinazo peninsular. Incluso en estos días de turbulencias internas, cuando Casado apostó fuerte por lograr el acuerdo con Vox, atravesando terrenos muy pantanosos como el de la ley de Violencia de Género, Feijóo no dudó en significarse a la contra. Algunos dirigentes regionales siguieron su ejemplo, como Miras en Murcia o Alonso, otro sorayista, en el País Vasco. 

La llegada de Adolfo Suárez

Aguantó el tirón Casado. pero tomó nota. Casado nunca olvida, dicen en su entorno. Feijóo perdió muchos puntos en la interna de su partido al no dar el paso al frente para competir en las primarias. Se arrugó, se quedó en Galicia en espera de ocasión más favorable. "Actuó cobardemente", dicen. Era el momento de demostrar quién era el heredero, el más cuajado aspirante a la dirección del partido.

Casado arrincona, de esta forma, a un incómodo alfil. Le había designado coordinador de la Convención nacional del PP. Un gesto escénico. Ni Feijóo lo anhelaba ni Casado confiaba. Por eso, a los pocos días, reclutó a Suárez Illana para organizar el cónclave. Y a Fernández Lasquetty para imprimir el poso doctrinal a tan importante cita. 

Con la victoria de Moreno, Feijóo pierde otro tren. El penúltimo que le quedaba. El de referente incuestionable entre sus pares. Eso sí, siempre le quedará Galicia. Al menos, hasta 2020. Luego, Casado dirá. 



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