El pulso PP-Cs

Mañueco, el barón del PP que osó mentar la bicha en casa de Mariano

Alfonso Fernández Mañueco rompió el tabú. Puso sobre la mesa el nombre de Ciudadanos. Rajoy, finalmente, tuvo que explicarse

Alfonso Fernández Mañueco, líder del PP en Castilla y León.
Alfonso Fernández Mañueco, líder del PP en Castilla y León. Partido Popular

“Ni un minuto, ni un segundo. Nada”. Fernando Martínez Maíllo, coordinador general del PP, quiso dejar bien claro, por triplicado, que el nombre de Ciudadanos no había aparecido en el almuerzo de este lunes de Mariano Rajoy con sus barones. Se habló, según la versión oficial, de financiación, del agua y de la demografía. Asuntos cruciales para quienes dirigen, o aspiran a hacerlo, gobiernos autonómicos. De Ciudadanos, ni ‘mú’.

No fue tal, según se fue sabiendo poco a poco. Algo se habló del ‘enemigo naranja’. Fue al final de la reunión, casi a los postres. Alfonso Fernández Mañueco se aventuró a mentar la bicha. El presidente del PP de Castilla y León, protegido del propio Maíllo, deslizó una sugerencia a los presentes: “Hay que plantarle cara a Cs, tenemos que subrayar sus contradicciones, denunciar sus incoherencias.” Alguien tenía que decirlo.

Mañueco no es presidente regional, pero sí lo es de su partido en una comunidad. Maneja con cierta habilidad una complicada bicefalia desde que, el pasado año, Juan Vicente Herrera, poco amigo de Rajoy, decidió dar un paso al lado y no presentarse a las primarias. Envió al alcalde de León, Antonio Silván, que fue severamente derrotado.

“Al enemigo hay que mirarle a los ojos”, fue una de las frases escuchadas en el cónclave de Génova

Buena parte de los barones presentes en el salón de Génova aplaudieron este gesto. Otros pocos, lo vieron como un desplante. En estos cónclaves, nadie saca los pies del tiesto ni habla de lo que no se debe. La situación lo requería. “Al enemigo hay que mirarle a los ojos”, fue una de las frases escuchadas.  

Incluso alguno más se animó a meterle el dedo en el ojo a la formación de Rivera. Cristina Cifuentes, quien mantiene en Madrid un pulso encarnizado con Ignacio Aguado, líder de Cs, se sumó al reproche. También lo hizo la valenciana Isabel Bonig, de audacia sin límites. Era el tema. La inquietud de todos los presentes que, a la vuelta de un año, tendrán que competir en unas elecciones muy comprometidas.

Rajoy aceptó el envite. Flanqueado en la distancia por su vicepresidenta y su ministro de Hacienda, no dudó en sumarse sano ejercicio de sacudirle a Cs. “Cuando se firma un pacto, lo lógico es no pegarle al socio. Si el socio te arrea, tienes que defenderte”, proclamó, según la versión de ‘La Razón’. Es el resumen del estado de la situación entre el PP y Cs. Una disputa abierta que ha llegado esta semana al ensañamiento. La comisión en el Senado sobre las finanzas del partido de Rivera ha sido un golpe muy bajo, señalan en Cs. Las amenazas sobre el veto a los presupuestos son una pasada, comentan en el PP.

Una pugna creciente que irá a más conforme se acerquen las urnas. La preocupación en el PP aumenta cada día. Los sondeos proclaman un ascenso permanente del partido naranja y un decaimiento continuo de los populares. “Coyuntural y anecdótico, lo que se quiera. Pero meten miedo”, comentaba uno de los reunidos en Génova.

Mirarse al espejo

Mañueco dijo lo que todos piensan. Igual que en 2015 su predecesor, Herrera, osó declarar que “Rajoy debe mirarse al espejo antes de presentarse de nuevo como candidato”. Mañueco, alcalde de Salamanca, es ya el precandidato en las autonómicas de mayo de 2019. Tras cinco mandatos completos, Herrera parece que vuelve a casa. Lo ha prometido tantas veces que nadie se lo cree. Pero Mañueco ganó las primarias, es presidente del partido y le corresponde el cargo. Salvo algún problema de última hora.

Su nombre ha emergido, de rondón, en el caso Lezo, vía la esposa de Ignacio González. “Todo lo que ha tocado este tipo está contaminado”, dicen en el entorno del alcalde. La sospechosa adjudicación de una serie de guarderías municipales a Lourdes Cavero tiene la culpa. Alguien pide que declare como testigo en la causa que se sigue en la Audiencia Nacional. Un contratiempo al que Mañueco no concede demasiada importancia. Ni está imputado ni cree que lo estará.

Su batalla se centra en frenar a Ciudadanos, de ahí su intervención en Génova. La vieja Castilla es terreno abonado para el crecimiento de la ola naranja, temen en el PP. Hasta ahora, Rivera es una mera anécdota en la región. Logró 5 escaños en la Junta, en tanto que los populares consiguieron 42. Ciudadanos incluso se abstuvo en la investidura del veterano presidente. Eran otros tiempos. La tensión ha subido de tono y algunas encuestas apuntan a un crecimiento muy importante de los recién llegados. “El voto rural y los pensionistas son nuestros, pero en las grandes ciudades se advierte un ascenso importante de Cs”, señalan estas fuentes. Mañueco ha dado el primer paso. Delante de Rajoy. “Si van a por ti, hay que defenderse. No hay que darles ni un minuto, ni un segundo, que diría Maíllo”.



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