Política

Iglesias quiere a los afiliados de IU para blindar su liderazgo en Vistalegre III

Podemos carece de estructuras territoriales que aportaría el partido de Alberto Garzón, aunque falta por saber si el coordinador de IU tiene el apoyo de los andaluces para la fusión con el partido morado

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, y el coordinador general de Izquierda Unida, Alberto Garzón.
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, y el coordinador general de Izquierda Unida, Alberto Garzón. EFE

Pablo Iglesias quiere blindarse ante un posible congreso adelantado. Con Alberto Garzón coincidió en la lectura del último ciclo electoral. Ambos dirigentes, respectivamente de Podemos e Izquierda Unida, incidieron en la falta de unidad y la "división" como causa del batacazo. Por ello, varias fuentes apuntan a que están trabajando en algo parecido a una fusión. Esto permitiría a Podemos incluir en sus listas de afiliados a los militantes de IU, y de ahí decantar la balanza a favor de Iglesias.

Todos los movimientos de Iglesias en estos convulsos días poselectorales se registran en clave de poder interno. La cúpula morada teme verse de pronto descabezada por parte de los sectores críticos, tanto de los anticapitalistas como de la corriente que va fraguando en el seno del partido y que cuestiona directamente la estrategia y el liderazgo de Iglesias.

Todavía no hay fecha para el congreso adelantado de Vistalegre III. Pero muchos apuntan a que Iglesias deberá convocarlo antes de que finalice el año, aunque no sea su prioridad. Por ello, hace falta evitar debacles de última hora y convocar el cónclave desde una posición de ventaja.

La incógnita de los andaluces

En ese esquema, IU puede ser una pieza clave. A día de hoy el partido de Garzón suma 22.000 afiliados y 60.000 simpatizantes, frente a los 76.000 simpatizantes de Podemos y 15.000 militantes. La unión de las dos formaciones significaría duplicar el número de afiliados, y por ende garantizar a Iglesias un núcleo duro de apoyos útiles para desbancar todo tipo de oposición interna.

Las señales de Garzón son reveladoras. “Es evidente que la unidad sigue siendo el camino, el único camino”, dijo el pasado 28 de mayo en su análisis de los comicios. En IU sin embargo destacan que el acercamiento a Iglesias no es sencillo. En primer lugar porque no queda claro si el coordinador general tiene el apoyo de la potente federación andaluza: "Sin ella, Garzón tendrá difícil cerrar su operación y quedarse con la sigla del partido", advierten esas fuentes.

Antes de avanzar hacia una fusión con Podemos, Garzón debería convocar un congreso. Y si en esa reunión no logra tener la mayoría gracias al apoyo de los andaluces, podría perder el control de la sigla (un esquema parecido al que le llevó en su día a desbancar a la vieja dirigencia).

Por su parte, el segmento crítico ve esa maniobra con recelos. Considera que sería la demostración de que el proyecto político de Podemos va "desapareciendo". Y que el plan de Iglesias es algo parecido a Izquierda Unida y muy diferente a la idea originaria de la formación morada.

El candidato de Más Madrid a la Comunidad, Íñigo Errejón.
El candidato de Más Madrid a la Comunidad, Íñigo Errejón. EFE

La Opa errejonista

Todo dependerá de si Iglesias entra o no en el Ejecutivo de Sánchez. "Quiere entrar él y solo él", aseguran fuentes de la dirección del partido morado. "Nada de independientes", añaden. Aunque el coletazo del resultado de Madrid con Íñigo Errejón asusta.

La sensación entre los críticos es de malestar profundo. El hecho de que el secretario general señale, además, a los secretarios territoriales por la caída del 26-M choca con la estructura extremadamente vertical del partido morado de estos años, lamentan estos dirigentes.

Si en el próximo congreso, cuya fecha todavía está por fijarse, y ante la posibilidad de que Iglesias la retrase al máximo, el secretario general no asume sus responsabilidades y mantiene integra su cúpula, será más difícil exigir fidelidad a las corrientes minoritarias. El temor, en definitiva, es que la Opa de Errejón a Podemos entre entonces en su segunda fase: la de la atracción de cuadros y dirigentes desilusionados con el pablismo que decidan pasarse al bando errejonista. 

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