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Garoña acelera el adiós de Juan Vicente Herrera a Castilla y León

El anuncio del cierre de Garoña ha sido el último revés para Juan Vicente Herrera, quien medita dejar la presidencia de la Junta de Castilla y León antes del final de la legislatura. 

Rajoy y Herrera en una imagen de archivo
Rajoy y Herrera en una imagen de archivo EFE

El anuncio del cierre de la central nuclear de Garoña ha sido el último eslabón de una larga serie de encontronazos entre Juan Vicente Herrera y Mariano Rajoy. El presidente de la Junta de Castilla y León ni siquiera protagonizó la rueda de prensa para responder a la medida adoptada por el titular de Energía, Álvaro Nadal. Envió a su número dos, José Antonio de Santiago, quien se encargó de mostrar el rechazo del Ejecutivo de Castilla y León ante esta iniciativa, considerada una 'tropelía y un  hachazo' para los intereses de la comunidad, según manifestaban en privado.

Luego, eso sí, Herrera le remitió una carta a Rajoy en la que mostraba su 'decepción' por el 'cierto abandono' del Gobierno central hacia su comunidad. ¿Qué pasará con los cientos de puestos de trabajo que aportaba la central a esa zona?, se pregunta el dirigente regional. No hay respuesta.

La vieja Castilla es uno de los tradicionales bastiones electorales del PP. Juan Vicente Herrera es el barón más veterano del partido, llegó a la Junta en tiempos de Aznar y ha hilado cinco mandatos consecutivos. Ahora medita dar un 'paso al costado' antes del final de la legislatura. Ya lo intentó en las anteriores autonómicas, pero atendió las peticiones de su presidente y volvió a presentarse. Ha necesitado de la anuencia de Ciudadanos para mantenerse en el cargo, un trance incómodo para un dirigente acostumbrado a pasearse por el poder con mayorías absolutas.

Nadie como Herrera en el PP ha sido tan claro con Rajoy. Tras el batacazo electoral de 2015, cuando el PP perdió casi tres millones de votos y buena parte de su poder territorial, el líder castellano leonés le aconsejó a su presidente que "se mire en el espejo" antes de volverse a presentar. En vivo y en directo. Herrera y Rajoy nunca han mantenido una relación de estrecha amistad, pero guardaban armoniosamente las formas. Aquel día, Herrera estalló. El aludido tomó nota. 

Una bicefalia inédita

En el congreso regional del PP, celebrado en abril de este año, Herrera intentó colocar de número dos a Antonio Silván, actual alcalde leonés. No se le permitió. Amagó entonces con abandonar y ceder los trastos en la persona de Pablo Casado, vicesecretario general del PP. Génova tampoco vio oportuno ese relevo. La dirección nacional había optado por Alfonso Fernández Mañueco, alcalde de Salamanca, apadrinado por Fernando Maíllo, coordinador general de la formación y zamorano, con profundas raíces e intereses en la comunidad. Herrera entonces dio un portazo, comunicó por carta que no se presentaba y abrió la vía al proceso de primarias en las que se impuso el aspirante del aparato nacional.

Por los pasillos de las Cortes de Castilla y León circula la especie de que Juan Vicente Herrera no acabará la legislatura. Que planea irse antes de las próximas elecciones autonómicas. Será Mañueco el candidato. La situación para el presidente regional no es nada cómoda. Carece de mayoría absoluta en el parlamento y tampoco es el líder del partido. Nunca había vivido algo parecido.

Por los pasillos de las Cortes de Castilla y León circula la especie de que Juan Vicente Herrera no acabará la legislatura. Que planea irse antes de las próximas elecciones autonómicas. Será Mañueco el candidato

La bicefalia de los populares, inédita en la comunidad, funciona sin tensiones ostensibles. Herrera se muestra prudente en gestos y palabras y Mañueco organiza el partido sin pisar demasiados callos. Desde Génova, Maíllo controla la jugada. La mirada está puesta en las próximas autonómicas. Rajoy le ha encargado que engrase la formación para recuperar las plazas que perdieron en 2015.

Castilla y León sigue bajo la bandera del PP, pero sin la mayoría cómoda de antaño. Herrera está desgastado y se le ve de salida. El escándalo del 'caso de las eólicas' que salpica de forma directa a quien fuera su vicepresidente, Tomás Villanueva, le ha afectado. Casi tanto como la forzada dimisión de su heredera, Rosa Valdeón, a quien un extraño incidente de carretera le echó de la política. Mañueco aún no ha logrado componer la imagen de líder regional necesaria para afrontar los comicios. Necesita tiempo.

"Las cosas están tranquilas, los congresos provinciales se han saldado bien, sin demasiado ruido", comentan en Génova. El PP necesita mantener a toda costa el Gobierno de Castilla y León. Un bastión firme y tradicional como lo fueron Madrid o Valencia. Herrera se siente molesto y decepcionado. Quizás dé ese paso a un lado del que se habla y deje vía libre a Mañueco para que logre emerger como líder único del PP en esa simbólica y clave comunidad. 



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