Política

Los independentistas llenan la Diagonal y reclaman a Torra más valor y firmeza

Un independentismo dividido superó la prueba de la Diada. Llenó la Diagonal pero reclamó a Torra y a su Gobierno que no den un paso atrás en la conquista de la república

Vista de la avenida Diagonal de Barcelona durante la manifestación independentista convocada esta tarde por la ANC.
Vista de la avenida Diagonal de Barcelona durante la manifestación independentista convocada esta tarde por la ANC. EFE

El clamor por la libertad de los cabecillas del golpe superó las diferencias internas en el bloque secesionista. Los lazos amarillos y las camisetas de color cangrejo llenaron la Diagonal durante la Diada más comprometida. Un millón de personas, según la Guardia Urbana, en una ejercicio de voluntarismo. El recorrido del pasado año era prácticamente el doble y también anunció el millón de asistentes. Sociedad Civil Catalana los cifró en 200.000.

El independentismo, muy dividido y con tensiones internas, tanto que ha forzado a Roger Torrent a cerrar el Parlamento hasta octubre, respiró aliviado al contemplar la asistencia. Se temían un descomunal pinchazo. No hubo tanta gente como en las diadas anteriores, en especial las de 2013 y 2014, pero se cumplió con holgura el trámite. 

Los presos, los presos, los presos...la riada de gente que desfilaba hacia la plaza de las Glorias recitaba la palabra sin descanso. Hasta Josep Borrell, ministro de Exteriores, pareció sumarse a la palinodia con unas declaraciones en la BBC: "Preferiría que los presos estuvieran en libertad condicional". Este guión lo recogió Quim Torra en un encuentro con corresponsales en el que reconoció que "no está en nuestra mano ponerlos en la calle".

Elisenda Paluzie, la líder de la ANC, se mostró muy crítica en su discurso contra el actual Govern, al que le exigió más firmeza y decisión, que "nos tratéis como adultos", que no "volvamos hacia atrás como  el mito de Sísifo, no hay que volver a empezar, no digáis ahora que no fue un referéndum, convirtamos los juicios en un boomerang contra el Estado". También exigió rigor a los políticos prófugos, para que se coordinen con la gente del interior. 

Abogados al escenario

Buen tiempo, espíritu postestival, mayoría de gente de edad, abrumadora participación de las 'comarcas del interior', incluidos los infaltables tractores...La ANC y Omnium, dos entidades sociales de activismo callejero, organizaron un año más la marcha. Un descomunal muro, que simbolizaba el 155, fue derribado en su parte central, un gran bloque en la que aparecía dibujado un naipe gigantesco con un rey de espadas boca abajo. Fue el momento cenital de la concentración, que se había afanado en producir una 'ola de sonido' de seis kilómetros, la traposición del grito unánime por la libertad, la república y los presos. "Cataluña no tiene rey", se leía en una de las pancartas predominentes. 

Algunos abogados de los prófugos subieron al estrado. El más peculiar fue Aamer Anwar, el letrado de la exconsejera Clara Ponsatí, quien se desveló como incendiario mitinero. Habló de que "Franco estaría muy orgulloso de esta España" y hasta aseguró que el 1-O hubo tanques por las calles. O los iba a ver, no quedó muy claro. 

Y Otegi, no faltó Otegi, el terrorista convicto que ahora predica la paz entre selfies y palmaditas en la espalda de los separatistas. Una copia casi calcada de otras ediciones con un telón de fondo algo diferente: los independentistas mantienen un pulso interno nada disimulado. Puirgemont y Junqueras no están en las mismas. El primero, desde Waterloo, tensa la cuerda. El segundo, en prisión, intenta piruetas de pragmatismo. La convocatoria electoral no parece estar lejos. 

"Fem la república catalana" (hagamos la república catalana), era el lema oficial de este año. Los gritos contra el Rey, contra los jueces, en especial contra Pablo Llarena, y los cánticos en memoria de los cabecillas del procés, ahora encerrados o 'en el exilio', fue la tónica de la marcha, que transcurrió en un tono menos festivo que en anteriores ocasiones. La batalla de los lazos amarillos había calentado los prolegómenos de esta celebración, con una fractura creciente, que ya adquiere tintes de enfrentamiento social.  

La alcaldesa de amarillo

Ada Colau dio la nota de la ambigüedad estrambótica al aparecer con un lazo amarillo en la ofrenda floral de la mañana, un trámite que los dirigentes políticos, con Torra, aprovecharon para denunciar la 'represión' de que es objeto el pueblo de Cataluña. El presidente de la Generalitat, sin embargo, adornó su 'basta de amenazas' a unas pinceladas optimistas sobre su 'cercanía' a los postulados de Pedro Sánchez, en especial el referéndum sobre el 'auto'. Con una diferencia, Moncloa habla de 'autogobierno' y Torra reclama 'autogobierno'.

Los demócratas, con Ciudadanos a la cabeza, optaron por llevar a cabo un acto conmemorativo ajeno a los fastos separatistas, en rechazó el carácter separatista y excluyente de la actual Diada, según palabras de Inés Arrimadas. Albert Rivera presidió este acto en el que se invocó a la unidad en Cataluña y se denunció el atropello incensante que perpetran los partidarios de la segregación. "Estamos aquí para dar voz a quienes se la han quitado". Dolors Montserrat, portavoz del PP en el Congreso, tachó a la celebración de la efeméride de 'aquelarre' contra todos los ciudadanos catalanes que también se siente españoles. 

 Las juventudes de la CUP habían arrancado la jornada con el lanzamiento de botes de humo pintura contra la sede de la comisaría de policía de Vía Layetana, un clásico en este tipo de concentraciones. Los mossos optaron por no intervenir. Estos grupúsculos, como los CDR, protagonizan habitualmente hechos de carácter violentos y pretenden cortar las principales vías de la ciudad una vez concluída la movilización.



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