Política

Casado temió que Soraya le montara una corriente crítica en el PP

Santamaría y Casado.
Santamaría y Casado. EFE

En alguna sede local del PP se descorchó el cava este lunes. Soraya Sáenz de Santamaría le había anunciado a Pablo Casado que dejaba la política. Después de todo un mes de agosto de silencio, la ex vicepresidenta desvelaba la gran incógnita. No sería, pues, la candidata a la alcaldía de Madrid, una posibilidad que crecía por momentos. 

Casado nunca le cerró la puerta. Le ofreció una vocalía en la directiva, acogió a los principales dirigentes de su candidatura e incluso a alguno de ellos les potenció en su papel, como a Fernández Mañueco en Castilla y León o Juanma Moreno en Andalucía. Ambos han sido confirmados como candidatos para las autonómicas de mayo. El nuevo presidente del PP recibió al sorayismo 'de mil amores', señaló Javier Maroto en su comparecencia de Génova de los lunes. No ha habido vendettas ni purgas. La integración hasta el límite, salvo dos casos, Fátima Báñez y José Luis Ayllón, los irreductibles. 

Santamaría no logró asumir con humildad su derrota en las primarias. Pretendía que la gente de su equipo fuera tratada con 'mayor respeto', que se le ofreciera puestos de mayor relevancia. "Pablo ha sido más que generoso, podía haber hecho como Sánchez, que dejó en la calle a los miembros de la candidatura de Susana Díaz", recuerdan. 

Una plataforma para el asalto

La nueva cúpula de Génova temió que Soraya se enquistara en el partido a la espera de un viento a su favor en el 'caso máster'. Ejercía de diputada de a pie, sin cargo orgánico ni responsabilidades parlamentarias. La tempestad arreciaba en el exterior y el pasado universitario de Casado ya había llegado hasta el Supremo.

La nueva dirección llegó a sospechar que la exvicepresidenta del Gobierno intentaría montar una especie de 'corriente interna', un movimiento crítico intramuros del PP al objeto de estar preparada si fuera llegado el caso. "No admitiré corrientes internas en el PP", había advertido Casado en los primeros días de su victoria, en pleno proceso de integración de los seguidores de Santamaría. 

Circulaba ya en las últimas semanas la posibilidad de que Casado, sin demasiadas opciones, le hubiera ofrecido la cabeza de cartel para la batalla de Madrid. Bien para el Ayuntamiento o bien para la Comunidad. El PP madrileño temblaba ante esta posibilidad. "Después de tres años de terremotos, después de Esperanza y Cifuentes, de González y Granados, de Púnica y Lezo, ahora nos quieren poner a Soraya", mencionaba un dirigente de la nueva hornada 'pablista'. "Es otro foco de inestabilidad y tensiones", añade.

La exvicepresiddenta saliente tiene buen cartel y sale bien en las encuestas. Casado no tiene aún candidato para Madrid. Martínez-Almeida, muy alabado por todos, es el perfecto 'número dos', según opinión general. Ángel Garrido, presidente sustituto de la Comunidad, no logra despertar confianza. "Debemos buscar un candidato bueno, porque Carmena es muy mala", señaló Javier Maroto. "Ha tomado el pelo a todo el mundo, ha engañado a los madrileños", insistía. "Soraya se la merienda, sería una apuesta segura", apostaban en un sector, minoritario, de la formación.

No habrá caso. Ni foco disidente ni candidatura. Sáenz de Santamaría ha decidido irse. Quizás vuelva a su plaza de abogada del Estado a la espera de que transcurran los dos años que exige la ley de Incompatibilidades para dar el asalto al Ibex. "Que le vaya bien", dicen en el PP con cava y sorna. "Mis mejores deseos", le dedicó Soraya a Casado en su escrito de despedida. 



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