Congresos del PP

Cantabria y La Rioja: Cara y cruz de dos cismas en el PP

La resaca de los congresos regionales aún late en algunas organizaciones del PP. Cantabria vive una tormenta interna que no amaina. En Rioja, por contra, el profundo cisma camina hacia un escenario de unidad. 

María Dolores de Cospedal, en una imagen de archivo.
María Dolores de Cospedal, en una imagen de archivo. EFE

Un centenar de alcaldes, concejales y cargos intermedios de Cantabria se plantaron ante las puertas de Génova para reclamar lo que creen que es suyo. La victoria arrebatada a su candidato, Ignacio Diego, en el congreso regional celebrado hace tres semanas. Nadie tuvo la delicadeza de bajar a recibirlos. "Ni nos saludaron, sólo pudimos entregarle las cartas al señor de seguridad", comenta Joaquín Solanas, portavoz de esta familia levantisca, indignada con la dirección de Madrid. Amenazan con ir a los tribunales, con llevar a los juzgados el desarrollo de los comicios de Cantabria. Pucherazo, manipulación, robo, atraco, denuncian estas filas de indignados. "Son malas fechas, en plena Semana Santa, pero la mayoría trabajamos y no pudimos venir otro día", apuntan a modo de justificación.

Ignacio Diego, prohombre de la formación en Cantabria, presidente del partido durante casi tres lustros, había amagado con retirarse, dar un paso al costado y sumarse a la candidatura de María José Saénz de Buruaga, su mano derecha durante años, fiel compañera y leal colaboradora. En un movimiento que a todos sorprendió, luego de pasar por Madrid para hablar de su caso con la cúpula del partido, con Fernando Maíllo principalmente, evitó desvelar sus intenciones. Descubrió sus cartas esa misma noche, de regreso a Santander. Se negaba a abandonar la pelea y presentaría su candidatura. Envió una fría misiva a la dirección nacional. Estupefacción y sorpresa en el cuartel general de Madrid. 

Sáenz de Burugua, su rival, gozaba del respaldo y aliento no sólo del actual ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, antiguo alcalde de Santander, sino también de la dirección nacional. Era la elegida por el aparato, segura vencedora. Así fue. Tras una campaña electoral encendida y, en ocasiones, nada amable, la favorita de Génova se alzó con un ajustado triunfo por escasas cuatro papeletas. La casualidad quiso que en el escrutinio quedaran invalidadas otros cuatro votos. El olor a puchero se expandió por la organización. Hubo todo tipo de irregularidades en la campaña, señalan los denunciantes. Diego no aceptó la derrota. 

Sus seguidores se acercaron hasta Génova, en pleno martes Santo, para denunciar la supuesta tropelía, reclamar una investigación a fondo. Amenazan con ir a los tribunales, pasar el resulto por los juzgados y, al tiempo, amenazan también con abandonar el partido. "Diego ha perdido el norte, está enloquecido", dicen en Madrid. Es el argumento habitual que se utiliza en estos casos. De momento, la dirección de Génova confía en que con el tiempo todo este clima de sublevación se vaya diluyendo. Diego es el pasado, comentan, y "él no se da tiempo". El PP cántabro, en cualquier caso, ha quedado partido por el eje. 

El triunfo de los muñecos

En Rioja sucedió lo contrario. José Ignacio Ceniceros, jefe del Gobierno regional tras la salida del incombustible hasta casi la eternidad Pedro Sanz, forzada por Ciudadanos, decidió presentarse a la dirección del partido. "Lo quiere todo, ¿no le basta con presidir la región?, comentaban algunos escépticos del lugar. Ese sillón estaba reservado para Cuca Gamarra, alcaldesa de Logroño, joven, excelente presencia, mediática, brillante, buena oradora. La cara opuesta a Ceniceros, un político más bien gris, anodino, con escaso carisma y algo romo a la hora del discurso. 

Gamarra era la favorita no sólo de Dolores Cospedal sino también de Soraya Sáenz de Santamaría. En escasas oportunidades las número dos del partido y del Gobierno coinciden en sus estrategias o en sus apoyos. Maíllo, el hombre fuerte de la organización, también remaba en la misma dirección que 'las jefas'

Uno tras otro, los enviados especiales de Génova regresaban a Madrid con el 'no' de Ceniceros en la maleta. El presidente riojano rechazaba toda sugerencia de apartarse de la pelea, de sumarse al caballo ganador de Gamarra. "Ha perdido el oremos, le están volviendo loco, se cree Kennedy". Eran las frases cariñosas que se escuchaban por Madrid referidas al candidato disidente. 

Contra viento y marea, Ceniceros ganó el pulso con el 52 por ciento de los votos, algo más de un centenar de papeletas. En Génova se pellizcaban. No daban crédito. "O alguien nos ha engañado o no conocemos ni nuestro partido", comentó una fuente de la dirección. Era el fin de la 'era Sanz' y la única derrota del equipo de Maíllo en todos los congresos regionales celebrado a lo largo de las últimas semanas. 

Un hombre insignificante, presidente de rebote, lograba vencer contra pronóstico y contra todos. La militancia rural se inclinó por el candidato que le resultaba más cercano. Cuca es para la ciudad, decían. "La victoria de los muñecos", decían en el PSOE, que lleva años ejerciendo de oposición sin posibilidad alguna de tocar el poder. 

Ceniceros, en contra de lo ocurrido en Cantabria, ha obedecido las consignas que impartió Mariano Rajoy en el Congreso Nacional del partido. Unidad, unidad. Ha incorporado en su ejecutiva a cinco vocales del equipo de Gamarra. Un comité abierto, con vocación de restañar heridas. Todos saben en La Rioja que el futuro es Gamarra. Por el momento, no. Ahí está Ceniceros, al frente de los dos poderes del lugar, el Gobierno y el partido. Y dando una lección de cómo se restañan las heridas, como se intenta cerrar las cicatrices. La Rioja no es Cantabria. El PP bien lo sabe. 



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