Política

Boadella se acerca al puerto de Barcelona con un catamarán para firmar libros desde el 'exilio'

El autor, que ha definido ese espacio como "una embajada de Tabarnia", no ha cambiado su opinión sobre el nacionalismo: "lo contamina todo"

El dramaturgo Albert Boadella se ha subido a un catamarán para firmar ejemplares de su libro "¡Viva Tabarnia!" (Espasa).
El dramaturgo Albert Boadella se ha subido a un catamarán para firmar ejemplares de su libro "¡Viva Tabarnia!" (Espasa). EFE

Pantalón beige, camisa blanca y sombrero de marinero. Así se ha disfrazado el dramaturgo Albert Boadella para subirse a un catamarán fondeado en Barcelona desde el que ha firmado ejemplares de "¡Viva Tabarnia!" (Espasa). Su objetivo: celebrar Sant Jordi sin renunciar a su "exilio".

Esta fórmula no es del todo original: en octubre del 2007, el autoproclamado "presidente de Tabarnia en el exilio" también escogió las aguas barcelonesas como escenario para la presentación de "Adiós Cataluña. Crónica de Amor y guerra". En aquella ocasión, sin embargo, la embarcación era una golondrina.

Fue entonces cuando Boadella anunció que nunca más actuaría en Cataluña como respuesta al "sabotaje" que, a su entender, perpetraba el nacionalismo catalán contra los espectáculos que él dirigía en la compañía 'Els Joglars'.

A día de hoy, la promesa sigue intacta y los únicos que han conseguido una firma del autor han sido los que se han acercado al catamarán que ha amarrado en frente de la estatua de Colón que hay al final de las Ramblas barcelonesas.

Una de las que lo ha conseguido ha sido María, que ha relatado a Efe que el ejemplar firmado era un regalo para su marido, "para hacer coña en medio de tanta problemática".

También ha tenido suerte el expresidente catalán Carles Puigdemont, al que ha dedicado uno de sus libros. "Para Carles Puigdemont, 'Carlitos', con el fin de que aprenda el desastre que ha provocado", le ha escrito en el libro, que ha asegurado que le intentará hacer llegar hasta Berlín, donde Puigdemont está pendiente de si se ejecuta la euroorden de extradición.

Menos suerte han tenido los curiosos que han acudido por la tarde a la carpa que Sociedad Civil Catalana (SCC) ha instalado por segundo año consecutivo en el centro de la capital catalana.

Boadella, que ha definido este espacio como "una embajada de Tabarnia", ha aparecido casi una hora más tarde de lo anunciado y, una vez situado, se ha negado a firmar ejemplares para no romper su "exilio". Y es que no ha cambiado su opinión sobre que "el nacionalismo lo contamina todo", sino que aún está más seguro de ello.

A pesar del retraso y de no querer firmar, sus seguidores le han aclamado al grito de "president, president" y se han hecho fotos con él. De fondo, un plafón con el emblema y la leyenda del "Govern de Tabarnia". Flanqueando el escenario, varios agentes de seguridad privada contratados por el dramaturgo.

Uno de los que han mostrado sus respetos al autoproclamado presidente de este movimiento satírico, que pretende crear una región no independentista dentro de Cataluña, ha sido José Luis, que ha considerado que el autor debería haber aprovechado la jornada de puertas abiertas en el Palau de la Generalitat "para tomarlo".

Rechazo de los transeúntes 

Más allá de la veintena de personas que lo han aplaudido, el resto de transeúntes no han recibido la presencia de Boadella con el mismo entusiasmo.

La mayor parte de quienes pasaban por delante de la carpa se han acercado para mirar y se han marchado haciendo comentarios jocosos.

También ha habido algunos pocos que han arremetido contra Boadella con gritos como "vergüenza", "inculto" o "fascista".

Lo que sí que ha provocado toda esta puesta en escena ha sido debates a favor y en contra de Tabarnia entre quienes observaban el espectáculo.

Unos de los que han estado más rato confrontando ideas han sido un joven votante de la CUP y un señor que se ha autodefinido como "no independentista pero muy de izquierdas".

Este último le decía al joven que muchos catalanes "tienen manía al resto de España" y hacen grupos en los que excluyen a quienes no hablan catalán. El 'cupero' negaba que esto fuera algo común y le invitaba a denunciar cualquier caso de "acoso" que hubiera sufrido en su vida laboral con nombres y apellidos. Se han desesperado mutuamente, pero no se han faltado al respeto en ningún momento. Es Sant Jordi al fin y al cabo.



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