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Jose Alejandro Vara

Conferencia de Presidentes

Ausencias y pelea de gallos en el corral de Soraya

Las ausencias de Urkullu y Puigdemont se hicieron notar. La Conferencia de Presidentes resultó previsible y deslucida. Hubo duelo de gallos entre los barones para acaparar protagonismo. Rajoy resumió las conclusiones desde un hastiado escepticismo. 

Algunos de los presidentes autonómicos junto a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Saénz de Santamaría
Algunos de los presidentes autonómicos junto a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Saénz de Santamaría EFE

La Conferencia de Presidentes, rebosante de buenas intenciones, pareció la antesala de Fitur. Todos los jerifaltes regionales dedicaron la jornada a revisar durante horas lo que ya estaba acordado. Magno consenso, buenas palabras, abrazos, sonrisas, ruedas de prensa y a otra cosa. Al salón del Turismo, que tanto les gusta y que ya empieza.

Faltaron dos y su ausencia protagonizó el arranque del cónclave autonómico. No por menos esperado, el plantón de Urkullu y Puigdemont dejó de acaparar las primeras preguntas a los jefes de Gobierno autonómicos convocados por el Gobierno bajo el marco de la VI Conferencia de Presidentes. El encuentro, preparado, manejado, controlado e impulsado con fruición por Soraya Sáenz de Santamaría tenía la vocación de vertebrar la España autonómica, algo descuajeringada. De aunar criterios y opiniones entre las distintas Comunidades. Un empeño baldío sin el lehendakari y el presidente de la Generalitat. La mayoría de los presentes censuraron esta actitud. Su estruendoso y provocador vacío se llenó de críticas.

“Ya se reengancharán”, dijo voluntariosa la vicepresidenta, que ha desplegado durante semanas toda su capacidad de seducción política para atraer a esta pequeña Babel autonómica a los representantes de Cataluña y País Vasco. La España de las autonomías se diseñó para integrar a estas dos regiones y diluir su peso específico en el conjunto del mapa nacional. Algo se ha hecho mal y ahí está el resultado.

Buenas palabras y cierta sensación de objetivo no alcanzado. La vicepresidenta y su equipo menudeaban por los pasillos del Senado, habilitados como improvisada sala de prensa, para subrayar lo evidente. Había diez puntos en el programa, ya pactados, y se aprobaron once. La violencia de género se introdujo en el último momento.  Los bajos impuestos de Madrid y Baleares levantaron polémica y polvareda. La presidenta andaluza encabezó la guerra contra los 'paraísos fiscales', llegó a decir, en una singular desmesura. Un éxito, en suma, según la versión oficial. Un paso positivo, según la interpretación políticamente correcta. Un esfuerzo inútil, según las voces críticas.

Diecisiete discursos

Pugna de gallos territoriales ante los medios. De detectaba una mal disimulada voluntad de hacerse notar. Núñez Feijóo y Cristina Cifuentes, por ejemplo, destacaban entre la desnutrida representación del PP, que perdió poder territorial a espuertas en las autonómicas. El presidente de la Xunta, así es el protocolo, se sentó a la diestra de Mariano Rajoy. Susana Díaz lo hizo a la izquierda de Santamaría. Todos los presentes hicieron uso su turno de palabra. Les gusta hablar cuando vienen a Madrid. Y acaparar unas migas de protagonismo. Diecisiete intervenciones, una detrás de otra. Redundantes, cacofónicas y repetitivas como una morcilla. Todos defendiendo lo suyo. En especial, que no se conceda trato de privilegio a Cataluña. La “Operación Diálogo” de la vicepresidenta levanta más recelos que adhesiones.

Miguel Ángel Revilla, el cántabro de las anchoas, se creyó en un plató y se pasó de tiempo y de frenada. Pedro Antonio Sánchez, presidente murciano, se multiplicaba por doquier para agradar a todos. Tenía que compensar sus problemas con la sombra de la corrupción que le persigue. La torpeza de un tuit impotable le amargó la mañana a Cifuentes. Javier Fernández, el asturiano de la Gestora, anduvo en su línea, receloso y prudente. El manchego García Page, activo en intrigas, sonreía sin pausa. Apenas alguien reconoció a Fernando Clavijo, presidente de Canarias.

La financiación, gran estrella pendiente

Entre las conclusiones de la Conferencia se señalan la creación de una comisión para abordar la financiación autonómica, que verá la luz a finales de año. Nada nuevo.  “No caben imposiciones de unos y de otros”, señaló Rajoy en su rueda de prensa. Cambiar la ley de Educación con un pacto nacional, una cuestión que suena a voluntarismo. Protección civil, tarjeta social común para evitar el corte de energía en hogares con problemas, Formación Profesional Dual y la despoblación de territorios. Ah, y Europa. En estas reuniones siempre hay un minuto para pensar en Europa.

La Conferencia tendrá, a partir de ahora, carácter anual, una muestra más de la voluntad de entendimiento y consenso del Gobierno con las comunidades autónomas. Vocación de continuidad de un formato que hasta ahora resultaba innecesario para un Ejecutivo con mayoría absoluta. Sáenz de Santamaría ha logrado convencer al presidente de lo aconsejable de una iniciativa que Rajoy nunca contempló con cariño. Hacer de la necesidad virtud. Trasladar la imagen de un periodo legislativo de mano tendida, escuchar y negociar. Unir a las regiones frente al desafío independentista catalán y despejar las dudas sobre trato de favor hacia quien no quiere colaborar en el esfuerzo común. Y ahora, a Fitur.


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