Las elecciones catalanas están sirviendo para evidenciar una vez más la distancia sideral que ahora mismo separa a PNV y Bildu. Sus planes y sus estrategias están cada vez más lejos tanto en el País Vasco como fuera. Así, las posturas de ambos partidos ante los comicios de este 14-F son radicalmente distintas, casi opuestas. Porque Arnaldo Otegi y los suyos se vuelcan con ERC mientras el partido presidido por Andoni Ortuzar apoya a un PDCAT sin apenas opciones de entrar en el Parlament.

En Bildu respaldan sin fisuras a sus socios de ERC. De ahí la ya célebre participación de Otegi en el mitin central de campaña de los republicanos. Los bildutarras quieren otro procés. O, mejor dicho, quieren una hoja de ruta que desemboque en referéndums de autodeterminación que sirvan para alumbrar sus soñadas república catalana y república vasca. "Dos pueblos y una misma lucha". Otegi dixit.

Por el contrario, en el PNV no quieren ni oír hablar de esa vía rupturista. Por ello, Ortuzar irrumpió la pasada semana en la campaña catalana para mostrar su apoyo público a ese PDCAT que languidece como heredero de la antigua Convergencia. En un acto junto a la candidata Àngels Chacón, el presidente del PNV se desmarcó de lo que tildó como "independentismo del todo o nada".

Bildu y ERC

Para entender los posicionamientos de los partidos vascos hay que mirar atrás. Porque ya hace un tiempo que se produjo un cambio de alianzas en el nacionalismo vasco y catalán. Ocurrió ahora hace dos años. Bildu y ERC estrecharon lazos y comparten estrategia en el Congreso de los Diputados y en el Parlamento Europeo. Entretanto, el PNV y el PDCAT rompieron un idilio de 21 años al no presentarse unidos a las elecciones europeas.

En Sabin Etxea, sede bilbaína del PNV, y en el Palacio de Ajuria Enea, sede del Gobierno vasco que preside Íñigo Urkullu, no sintonizan un ápice con Puigdemont

Podría decirse que el origen de estos cambios también está en el procés. Pero la clave está en Carles Puigdemont. En Sabin Etxea, sede bilbaína del PNV, y en el Palacio de Ajuria Enea, sede del Gobierno vasco que preside Íñigo Urkullu, no sintonizan un ápice con el expresidente de la Generalitat fugado de la Justicia. La ruptura con el PDCAT, que se produjo cuando Puigdemont aún lo controlaba, solo se explica por esa obvia divergencia en el camino a seguir para lograr la soberanía. No por casualidad el PNV ha vuelto a apoyar a su antiguo socio solo después de que el expresident rompiera el carné y se marchase junto a sus incondicionales.

Los jeltzales consideraban entonces y consideran ahora que el único camino posible es acordar con el estado una vía para la autodeterminación que al menos incluya el reconocimiento como nación y la "bilateralidad" en las relaciones. Porque argumentan que la vía unilateral está fuera de la realidad. Justo esa es la misma tesis que defiende el PDCAT en la campaña de estas elecciones del 14-F. También eso es lo que defiende el ex president Artur Mas, casi caído en el olvido pero en su día socio del PNV y que ahora respalda al PDCAT. En cambio, Puigdemont y su Junts per Catalunya siguen planteando "volverlo a hacer" mediante otra Declaración Unilateral de Independencia.

El PNV y Puigdemont

Es cristalino que la apuesta peneuvista por el PDCAT es a caballo perdedor. Ortuzar y los suyos son conscientes de que sus socios tienen escasas opciones. Pero lo que no quieren ver ni en pintura es que Laura Borrás llegue a la presidencia de la Generalitat. En el PNV estarían mucho más cómodos con un gobierno nacionalista dirigido por ERC o incluso con el famoso tripartito -PSC, ERC y Comunes-.

En Bildu defienden la vía más rupturista, como ya se ha dicho, pero pretenden que sean ERC y Oriol Junqueras quienes dirijan ese nuevo procés. Así, la paradoja es que los dos partidos nacionalistas vascos discrepan sobremanera en sus intereses en las catalanas como reflejo de sus propias diferencias, sí, pero en cambio coinciden, cada uno por diferentes razones, en su deseo de que Puigdemont pierda ante Esquerra en las urnas.