País Vasco

La abstención por miedo al contagio marcará las elecciones vascas más inciertas

Urkullu afirma que su Ejecutivo trabaja junto al Gobierno en un plan de seguridad para garantizar el derecho al voto, pero no concreta qué medidas se pondrán en marcha para conseguirlo 

Iñigo Urkullu en la sede del Gobierno vasco.
Iñigo Urkullu en la sede del Gobierno vasco. EFE

La abstención protagonizará las elecciones vascas del 12 de julio. El miedo al contagio y la difícil movilidad en verano son las dos grandes amenazas que pueden provocar un desplome de la participación en los comicios autonómicos. Al convocar la cita con las urnas, el lehendakari, Íñigo Urkullu, afirmaba este lunes que su Ejecutivo trabaja junto al Gobierno en un plan de seguridad para garantizar el derecho al voto, pero no concretaba ni una sola de las medidas que se pondrán en marcha para conseguirlo. 

Nunca antes unos comicios se han celebrado en circunstancias tan extraordinarias como las actuales. La crisis sanitaria del coronavirus y el consiguiente confinamiento por la vía del estado de alarma configuran un panorama sin precedentes donde los vascos demostrarán a quién o quiénes pasan la factura por la gestión de la crisis. Son, por tanto, las elecciones vascas más inciertas de la historia reciente. Para empezar, porque los ciudadanos todavía no saben en qué condiciones podrán ir a votar. 

Era, sin duda, la pregunta del millón para el lehendakari: cómo se va a garantizar que la jornada electoral se celebre con normalidad. La respuesta de Urkullu consistió en indicar que los departamentos de Sanidad y Seguridad trabajan, en estrecha colaboración con el Gobierno central y con el Instituto Nacional de Estadística, para elaborar un "plan de protección y seguridad" que garantice el derecho al voto.

Todo hace indicar que la abstención crecerá por el miedo al contagio al acudir a votar y porque se celebrarán en pleno verano

¿Cómo se garantizará el voto?

Urkullu daba por hecho que la cita con las urnas se celebrará con garantías pero no especificaba cómo se logrará eso. Admitía, además, que se está trabajando para hacer factible el voto por correo y los votos Cera (quienes viven fuera de España) y Erta (electores vascos que se encuentran fuera de España temporalmente), pero tampoco concretaba qué fórmulas se van a auspiciar.

En los cuarteles generales de los partidos no saben calibrar cuánta será la abstención y, menos aún, cómo influirá en el resultado. Lo que añade más incertidumbre a los comicios más extraños de la historia reciente

Más allá de los planes que ponga en marcha el Gobierno vasco, la clave de estas elecciones estará en la participación. Todo hace indicar que la abstención crecerá por el miedo al contagio al acudir a votar y porque se celebrarán en pleno verano. En los cuarteles generales de los partidos no saben calibrar cuánta será esa abstención y, menos aún, cómo influirá en el resultado. Lo que añade más incertidumbre, si cabe, a una situación de por sí incierta. 

Las encuestas

Antes de que la pandemia lo cambiase todo, la principal duda de las elecciones vascas era saber si los partidos que gobiernan en coalición, PNV y PSE, lograrían o no la mayoría absoluta de la que no gozaron en los últimos cuatro años. Las encuestas apuntaban a que peneuvistas y socialistas sí alcanzarían una mayoría holgada. Pese a las fuertes críticas por los errores en la gestión de la tragedia en el vertedero de Zaldibar, ambos socios veían la victoria clara. 

La posibilidad de que el PSE que lidera la candidata Idoia Mendia cambiase de socio nacionalista para alumbrar un tripartito junto a Bildu y Podemos tampoco parecía creíble antes de la pandemia. Hoy día sigue pareciendo más que improbable. Quizás incluso menos que antes. Si bien es cierto que durante la gestión del estado de alarma las relaciones entre ambos socios se han agrietado más de lo normal, no parece que la situación esté para experimentos.

La apuesta más segura

Peneuvistas y socialistas han recompuesto puentes tras algunos choques. El PNV aprobó la última prórroga del estado de alarma precisamente a cambio de que el Gobierno facilitase la celebración de los comicios autonómicos. El apostador menos arriesgado optaría, por tanto, por la repetición de la alianza entre PNV y PSE para gobernar Euskadi otros cuatro años. Es la apuesta más segura por más probable. 

Está por ver, eso sí, a qué partidos castigarán los vascos en las urnas por la gestión de la pandemia y el confinamiento. El PNV ha cometido errores de bulto pero ha defendido una y otra vez recuperar las competencias para, así, descargar la culpa en el Gobierno de Pedro Sánchez. ¿Perderán apoyos PSE y Podemos por la gestión del Ejecutivo central? ¿O el castigo será para los jeltzales?

La incertidumbre es para todos. Con Maddalen Iriarte como candidata, Bildu aspira a consolidarse como segunda fuerza más votada y pretende, para ello, pescar en el electorado de Podemos con un discurso que no olvida sus esencias pero que pretende ensanchar la base ideológica hacia la izquierda. En Podemos se vivió un terremoto con el cambio de candidata y ahora Miren Gorrotxategi busca recuperar posiciones a costa del PSE. 

Por último, la coalición de PP y Cs también es una incógnita. La abrupta sustitución de Alfonso Alonso por el veterano Carlos Iturgaiz generó un hondo problema interno, pero parece que han pasado siglos desde aquel incendio. Los populares y los naranjas aspiran a convertirse en la gran alternativa al nacionalismo y centrarán sus ataques en el PSE. Y Vox intentará hacerse un hueco precisamente a costa del PP. 

Unos y otros hacen sus cuentas pero, en realidad, poco saben de qué va a pasar en las elecciones vascas más raras. Todo dependerá, en gran medida, de cuánta gente vaya a votar. 

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