País Vasco

Baile de alianzas en el nacionalismo: Bildu y ERC quieren ser la muleta de Sánchez

Al mismo tiempo que se confirma la ruptura del largo idilio entre PNV y PdeCAT, los separatistas de izquierda forjan un acuerdo para influir en el Congreso de los Diputados

Gabriel Rufian, Mertxe Aizpurua y Oskar Matute, en Bilbao.
Gabriel Rufian, Mertxe Aizpurua y Oskar Matute, en Bilbao. EFE

Los partidos nacionalistas vascos y catalanes han cambiado sus alianzas. Idilio en la izquierda y separación (temporal) en la derecha. En paralelo a la esperada ruptura del PNV y PDeCat, ha llegado el acuerdo entre Bildu y ERC. Estos dos últimos quieren convertirse en la muleta de Pedro Sánchez para gobernar. O, dicho de otro modo, pretenden tener más influencia en el Congreso de los Diputados. Y también en el Parlamento Europeo.

Durante la presentación de su acuerdo con la izquierda abertzale, hace unos días en Bilbao, el diputado Gabriel Rufián no pudo ser más explícito: “Sánchez tendrá que elegir entre Rivera y nosotros”. Guste o no esta afirmación, es cierta. O casi. Porque todas las encuestas dibujan un panorama en el Congreso tras el 28-A en que las formaciones separatistas pueden resultar decisivas una vez más para garantizar la estabilidad de un hipotético gobierno.

Si el PSOE ganase las generales, en ningún caso tendría mayoría suficiente para gobernar en solitario. Siempre y cuando los partidos de centroderecha no sumen, Pedro Sánchez dependería de un pacto con Podemos y con los nacionalistas, porque los números en ningún caso van a dar para que los dos partidos de izquierda gobiernen solos.

El PNV confirmaba esta semana lo que era un secreto a voces: los peneuvistas ya no irán de la mano de los antiguos convergentes en las elecciones europeas

Como anunciaba el polémico diputado, el presidente del Gobierno tendrá que elegir entre si vuelve a apoyarse en votos soberanistas, como ya hizo en la moción de censura, o si pacta con Ciudadanos, una opción que parece remota después de que Albert Rivera ya le haya vetado. Lo que parece más plausible es que Sánchez tendrá que pedir el apoyo al grupo de ERC y Bildu. Porque el PNV no tendrá escaños suficientes (6, como mucho). Y porque el PDeCat que controla Carles Puigdemont se está convirtiendo, a ojos del resto de partidos, en el socio menos fiable, porque siempre se moverá según la conveniencia personal del ex presidente de la Generalitat, que, por cierto, encabeza la lista a la Eurocámara.

El PNV confirma la ruptura

Tanto es así que, tal y como se esperaba, el PNV confirmaba esta semana lo que era un secreto a voces: los peneuvistas ya no irán de la mano de los antiguos convergentes en las elecciones europeas. Aunque ahora mismo rompen su idilio, las dos formaciones que representan el nacionalismo conservador sí volverán a unirse después de la cita con las urnas. En un comunicado la formación liderada por Íñigo Urkullu y Andoni Ortuzar anunció, eso sí, que próximamente los dos partidos suscribirán un “acuerdo de colaboración institucional postelectoral” que abogue por “la defensa de Euskadi y Cataluña en el Parlamento europeo”. O sea, ambos ya anuncian un acuerdo postelectoral justo cuando abandonan su acuerdo preelectoral. Extraño escenario.

La separación de PNV y PDeCAT para las elecciones europeas del 26 de mayo supone la quiebra de una sintonía que ha durado 21 años y de un pacto electoral de 15 años. En 1998, los partidos entonces comandados por Xavier Arzalluz y Jordi Pujol suscribieron la Declaración de Barcelona junto al gallego BNG y empezaron a colaborar, hasta que en las elecciones europeas de 2004 se presentaron juntos por primera vez.

Circunscripción única

No puede olvidarse que en las elecciones a la Eurocámara la circunscripción es única, en toda España, de manera que esa unión de fuerzas les permitía alcanzar una mayor representación. Sin ir más lejos, en 2014 su coalición, en la que también estuvo Coalición Canaria, les permitió llegar a los 851.971 votos, el 5,42%, y 3 escaños. Ahora, presentándose por separado, es probable que uno o los dos se queden fuera del reparto.

Justo lo contrario buscan Bildu y ERC, que aspiran, tras estos cambios en las alianzas, a ser la principal voz de los nacionalismos vasco y catalán en Europa. En las anteriores comicios europeos, los republicanos catalanes llegaron a dos escaños y Bildu logró, gracias a su pacto con el BNG, otro asiento en Bruselas. Ahora, juntos, intentarán mejorar ese resultado.

La alianza de ERC y Bildu es estratégica. Se presentan juntos en Europa. Y se presentan separados en las generales, pero después constituirán un grupo parlamentario propio, o esa es su intención. Ambos partidos defienden, cada uno en su territorio, el “derecho a decidir” y la “liberación de los presos políticos”. Los dos han ido acercando posturas en los últimos años a raíz del procés catalán. Hasta el punto de convertirse en socios preferentes. 

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