La negociación con los separatistas avanza muy en serio. La voladura del Estado de Derecho en aras de la 'pacificación' entra en una etapa decisiva. José Luis Rodríguez Zapatero dirige las operaciones. La famosa mesa entre el Gobierno central y la Generalitat es un trampantojo para aliviar tensiones, justificar dilaciones y espantar crisis. Por el lado oficial, habrá fotos, declaraciones, entrevistas, idílicos paseíllos como el de este martes en Moncloa, poses, sonrisas y poco más. Lo importante se cuece en otra parte, donde no llegan los micros, ni la cámaras, ni las voces. Donde tampoco entran ni Iván ni Iceta. Y donde Sánchez tan sólo aparece al fondo del retablo como una figura de hierática sonrisa y quijada de pedernal, al que se mantiene informado y, esporádicamente, quizás se le consulte. Más bien poco. Todo lo lleva Zapatero in person.

El expresidente del Gobierno aspira a redondear una variante de la 'operación ETA', es decir, otro proceso de 'pacificación/rendición' en una convulsa comunidad española comandada por el nacionalismo y en desafío permanente al aparato del Estado. Cierto que en Cataluña no hay bombas, ni tiros en la nuca ni mil asesinatos. Allí late un feroz desafío al marco de convivencia alcanzado en el 78 que cobró nuevos impulsos con la llegada del Gobierno social-comunista a la Moncloa. Zapatero se ha convertido en todo un especialista en la liturgia de la mediación. Pasa por experto imprescindible y por consultor ineludible tanto para la Venezuela sanguinaria de Nicolás Maduro como, por ejemplo, para alguna muy puntera empresa china.

Iglesias, eficaz lazarillo

Ahora, sin abandonar los buenos dólares que extrae del Orinoco, se ha erigido en el principal operador de Sánchez para guiarle por el tenebroso atolladero del secesionismo y situarle a su vera en el podium de los grandes pacificadores de la patria. Uno, con los asesinos de la chapela y el otro, con los sediciosos de la estrellada. Ya hace tiempo que Zapatero brujulea por los oscuros despachos y conversa con los tenebrosos personajes donde se elucubra sobre la futura 'república catalana'. El desaparecido Pablo Iglesias fue un eficaz lazarillo en estos menesteres.

Para sacar adelante su empeño, Zapatero ha recurrido ahora a un viejo amigo, amén de colaborador imprescindible en los viejos tiempos del acuerdo con ETA. Cándido Conde Pumpido, magistrado del Tribunal Constitucional, orienta, aconseja y hasta ilumina a ZP en esta aventura, de acuerdo con fuentes socialistas. Con prudencia y discreción. Pumpido era el fiscal general del Estado que consagró la idea de que el "vuelo de las togas de los fiscales no eludirán el polvo del camino". Así fue. Despejó todas esas incómodas 'piedras' de las que ahora habla Ábalos con relación al Tribunal de Cuentas, hasta que se alcanzó el entendimiento pleno con la banda criminal. Todo un rosario de cesiones y traiciones ya prácticamente olvidado. El apestoso relato, la cobarde desmemoria, el gélido desprecio hacia el dolor de las víctimas.

Financiación, inversiones, fondos europeos, protagonismo en la UE, imposición de la lengua ("tenemos que abrazar más al catalán"), blindaje de competencias... Esto es, la quincalla habitual del victimismo rupturista

Ya ha diseñado Zapatero su croquis y puesto en marcha sus planes. El indulto era condición previa a cualquier movimiento ulterior. Todo lo demás está por venir. Lo anunciaba este domingo en su entrevista en La Razón. La lista de entregas a los independentistas es profusa y generosa. Financiación, inversiones, fondos europeos, proyección en la UE, imposición de la lengua ("al catalán tenemos que abrazarlo más"), capitalidad de Barcelona compartida con Madrid, blindaje de competencias, quizás la amnistía... Esto es, la consabida quincalla del victimismo rupturista, la misma palinodia que ya le presentó Artur Mas a Rajoy y Torra a Sánchez. Fruslerías para pasar el rato, colmar bolsillos y aventar reclamaciones que, por otra parte, ya están concedidas. Lo más peliagudo será el tramo final del trayecto, ese 'referéndum pactado' que consagrará un Estatut muy próximo a la autodeterminación.

"El derecho deja alternativas creativas". Así desvelaba Zapatero la fórmula con la que se restaurará el Estatut originario, que fue limado, perfilado y afeitado a su paso por el TC. "La Justicia no está para obstaculizar la paz", declaraba Pumpido en sus tiempos de muñidor de los arreglos en el País Vasco, cuando defenestró al fiscal de la Audiencia Nacional, el insobornable Eduardo Fungairiño, y pudo así consumar todo tipo de artimañas (judiciales y no tanto) que facilitaron el enjuague final con la banda.

El Supremo se encuentra noqueado y catatónico tras el directo a la mandíbula de los indultos. Más adelante será humillado y vilipendiado en la Corte de Estrasburgo

Acaba Pumpido de mostrar su actitud comprensiva hacia los golpistas catalanes al emitir un voto particular en la sentencia condenatoria contra miembros de las hordas que intentaron tomar al asalto del Parlament en 2011. Su ayuda será imprescindible cuando Zapatero pretenda sacar adelante los acuerdos que se dispone a sellar con el independentismo. El Supremo ha quedado bloqueado y catatónico tras los indultos. Más adelante será humillado y vilipendiado en la Corte de Estrasburgo. Una piedra angular del edificio de nuestra Justicia, al tacho de la basura.

Será por eso imprescindible controlar el TC. "Dentro de la Constitución hay muchas cosas que se pueden hacer. En la ley cabría un acuerdo", comentaba esta semana Sánchez en la SER. Se estaba refiriendo, claro está, a esas 'alternativas creativas' que, un día antes, mencionaba Zapatero. Sánchez recita como una cacatúa las palabras de su predecesor. "La democracia no obliga a nadie a cambiar de ideología, pero sí respeto a las leyes vigentes", proclamaba ZP este domingo. "No se pide que cambien de ideales, pero sí que respeten la legalidad democrática", pregonaba Sánchez el lunes. Y así. En sintonía. La voz y el eco.

Llegado el momento de la verdad, cuando deba darse el paso decisivo, Pumpido quizás ya haya alcanzado su sueño de presidir el Constitucional, lo que permitirá consumar la operación catalana sin mayores contratiempos. Referéndum y autodeterminación. Las togas volverán a tiznarse con el lodo del camino. Y tras el Supremo, otro pilar de la Justicia, el TC, a la escombrera.