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Opinión

Zapatero y las dos varas de medir

Con su lacaya asociación con una dictadura de la más baja ralea, José Luis Rodríguez Zapatero deshonra a España y la arrastra por el barro

José Luis Rodríguez Zapatero junto a Nicolás Maduro en el Palacio presidencial de Caracas
José Luis Rodríguez Zapatero junto a Nicolás Maduro en el Palacio presidencial de Caracas EFE

He visto entera con cierto retraso la entrevista que Carlos Herrera le hizo a José Luis Rodríguez Zapatero el pasado 15 de Junio, en la que también intervinieron en su parte final Ignacio Camacho y Francisco Rosell. Si subrayo que la seguí completa es simplemente para demostrar que poseo una notable fuerza de voluntad. A lo largo de los tres cuartos de hora que duró la conversación en ningún momento estuvo el periodista estrella de la COPE, sin perder las buenas maneras que le caracterizan, complaciente con el entrevistado y con su habitual tono pausado y sereno no le ahorró ninguno de los temas de actualidad que le pudieran resultar más incómodos, como tampoco lo hicieron los otros dos participantes. Los tres informadores cumplieron bien con su cometido y permitieron al oyente-espectador contemplar de nuevo el fascinante espectáculo de ZP en estado puro.

No conoce la autocrítica

Aunque es muy probable que él no lo recuerde, yo he hablado personalmente con el ex-primer mandatario solamente dos veces en mi vida, una en una visita que realizó al Parlamento Europeo con motivo de la presidencia semestral española de la UE en 2002 y la otra al coincidir con él en Villepinte (Francia) en el gran encuentro anual del Consejo Nacional de Resistencia de Irán, el principal grupo de oposición al régimen dictatorial de los ayatolás, acontecimiento al que acudimos los dos como oradores invitados en el verano de 2014. Fueron dos encuentros breves, pero que me permitieron llegar a una conclusión sobre el personaje: está convencido de que todo lo que hace y dice está al servicio del bien y es incapaz de dudar sobre lo correcto de sus acciones, en otras palabras, no conoce la autocrítica y va por el mundo con su aire seráfico cometiendo las mayores tropelías o cayendo en las más abyectas indignidades sin que su percepción de la naturaleza de su ejecutoria o de sus consecuencias sea otra que altamente positiva. Por supuesto, este rasgo de su personalidad no le disculpa de las maldades en las que pueda incurrir, sino que le convierte en una amenaza potencial todavía más inquietante que si fuera un villano consciente de su perversidad.

Asesinatos y masacres

En la primera ocasión en que cruzamos unas palabras intentó infructuosamente convencerme de que si yo escribía y opinaba sobre él de forma negativa era porque no le conocía de verdad y que si le conociera cambiaría de perspectiva. Yo le transmití que mis juicios sobre sus decisiones y actuaciones como jefe del Ejecutivo no obedecían a ninguna antipatía en el plano personal, sino que eran de tipo estrictamente político, pero no se apeó de su posición, encastillado en que si yo pudiera captar su absoluta bondad mi enfoque sería radicalmente distinto. En nuestro segundo cambio de impresiones me explicó que había acudido a Villepinte a defender los derechos de las mujeres iranís, cuya situación en la República Islámica distaba de ser halagüeña. Yo me congratulé de su interés por la opresión que la misoginia de los fundamentalistas infligía a las ciudadanas de Irán y le expliqué que, además de esta triste circunstancia, las ejecuciones de disidentes y de homosexuales, las elecciones trucadas, la corrupción desatada, los asesinatos de opositores exilados, el terrorismo internacional propiciado por el Líder Supremo Alí Jamenei, la guerra de Siria y las masacres de sunitas en Iraq, tampoco eran moco de pavo. Pareció perturbado por la magnitud de los horrores del legado jomeinista y ahí quedó la cosa.

No es un mediador honesto entre la narcodictadura de Maduro y su alternativa democrática, sino un colaborador rastrero de un tirano asesino y corrupto

Estos días su figura ha vuelto al primer plano de la atención pública a raíz de la carta abierta que le ha dirigido la oposición venezolana dejando claro que no es un mediador honesto entre la narcodictadura de Maduro y su alternativa democrática, sino un colaborador rastrero de un tirano asesino y corrupto. Es obvio que la misiva firmada por Juan Guaidó y otros dirigentes del frente opositor establece un hecho palpable y que el papel que ha jugado y juega Zapatero en la crisis política, social, económica y humanitaria del país caribeño es indiscutiblemente condenable. Su argumento de que Maduro sigue en el poder y que eso demuestra la futilidad de la estrategia de impulso al cambio democrático en Venezuela es de un cinismo rayano en la ignominia. Miguel Otero nos recuerda hoy que de las 17.000 industrias que existían en Venezuela en 1999, principalmente PYMES, quedan 2.600 y que se prevé que en un año solamente sobrevivirán un millar. La operación sistemática de destrucción de la economía de una nación potencialmente rica que ha llevado a cabo el chavismo es en sí misma un crimen imperdonable que ha condenado a muchos venezolanos al hambre y ha empujado a varios millones al exilio.

¡A retratarse, señores diputados!

Atravesamos tiempos en los que se retiran medallas a título póstumo a policías del régimen anterior, se exhuman restos que yacían olvidados, se exige la supresión de los títulos nobiliarios concedidos entre 1939 y 1975 y se reclama el derribo de la estatua de un santo varón que en el siglo XVIII se distinguió por su labor evangelizadora y asistencial a los nativos de California. Pues bien, dentro de este afán justiciero tan amplio, sería lógico retirar sus privilegios como ex-presidente del Gobierno a un sujeto que trabaja al servicio de un energúmeno que encarcela o mata a los que se le enfrentan reclamando democracia, que roba a mansalva, que tortura sin freno y que condena a la miseria a sus compatriotas. Con su lacaya asociación con una dictadura de la más baja ralea, José Luis Rodríguez Zapatero deshonra a España y la arrastra por el barro. Ya se hace tarde para que el PP, Vox y Ciudadanos presenten en el Congreso una Proposición No de Ley para que el Estado corte cualquier vínculo con quién así lo infama. ¿O es que aquí hay dos varas de medir dictadores según sea su color ideológico? Vamos a verlo. Tramítese esta PNL y comprobemos quién la respalda y quién la vota. Señoras y señores diputados, a retratarse.

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