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Antonio Sanchidrián

Opinión

Un vicepresidente solo para buenas noticias

Pablo Iglesias, durante su comparecencia en Moncloa.
Pablo Iglesias, durante su comparecencia en Moncloa. EFE

España tiene un vicepresidente de asuntos sociales que habla a los niños como si fueran adultos y que se dirige a los adultos como si fueran niños. Quedó claro cuando Pablo Iglesias salió a atribuirse la medida del Gobierno que permite al fin sacar a pasear a los pequeños a partir de este domingo. El hombre del traje gris invitando a los enanos de la casa a dar una vuelta condicionada en tiempos de estado de alarma: horario, distancia social, higiene y no salir de casa en ‘hora punta’. Para las cosas de los niños también hay letra pequeña.

Habló Iglesias a la infancia –versión siglo XXI del “dejad que los niños se acerquen a mí”- con tono forzado, reclamando su atención, pidiendo permiso ante una leve alteración en la sacra costumbre de ver La Patrulla Canina. Condescendiente y adulador, el hombre que desafió a cualquier cuarentena dio las gracias a los pequeños -¡como si fueran profesionales de la sanidad!- por el esfuerzo que les supone quedarse en casa. Dedicó tiempo y esmero en dirigirse a los niños, el tiempo y esmero que no ha debido encontrar, más allá de unos pésames protocolarios, para ocuparse de las víctimas y sus familias en toda esta terrible crisis. Es un vicepresidente de las buenas noticias, que las malas se las coma Salvador Illa, que ya viene equipado de serie con gesto trágico.

No está Iglesias para los problemas, está para lo que él considera las soluciones. Para, después de hablar a los niños, lanzar mensajes políticos profundos para los adultos. Para sacar la manguera del dinero y hablar de industrializaciones, caceroladas y consensos siempre que éstos pasen por lo que dicta su partido.  Es su paso mediático esta semana un constante sacar pecho, un cansino “este gobierno ha conseguido”, reducida la crítica a un flojo mea culpa que a  la vez es exculpatorio: “Hemos cometido errores, pero…”.

El vicepresidente de las buenas noticias sabe ganarse el espacio público, el que le deja el presidente del Gobierno a pesar de los recelos evidentes en ciertos sectores del Ejecutivo. Toda vez que Pedro Sánchez sólo se hace carne en fin de semana, su vice se ha ganado el púlpito de la alcachofa, de las teles en directo, el terreno mediático que siempre ha querido. Como diría Marcos Mundstock, el gigante de Les Luthiers fallecido este miércoles: "¿Usted que frecuenta el éxito… ¿Nos puede decir como hace?".

El objetivo de Iglesias, como viene contando en VozpópuliLuca Costantini, es dejar claro que esta crisis no es como la de 2008. De este gravísimo problema sanitario, social y económico que nos está poniendo a todos en el límite, Podemos quiere sacar tajada política. Es más rentable hablar a los vivos que hablar de los muertos. Y no habrá bajas de guerra que les distraiga de su fin, un proyecto político y social nada disimulado que adquiere sentido a medio y largo plazo. Aquí los niños son lo de menos. Al menos hasta que cumplan la edad legal y se les permita depositar el voto en la urna. El voto a Podemos, claro.

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