Decía Miquel Iceta que lamentaba muchísimo dejar el ministerio de política territorial. Lo creo. Iceta ha conseguido crear los puentes entre Sánchez y el separatismo con mucho cuidado, tiempo e inteligencia. Es el muñidor de ese invento llamado mesa de partidos, del armatoste del referéndum – aunque no sea su autor intelectual – y se ha dejado la piel para provocar la crisis entre ERC y Junts. Iceta ha navegado entre muchas aguas en su viaje hacia la gloria y lo ha hecho sorteando congresos, patums propias y extrañas, estereotipos y secretarios de sectoriales de pueblecitos sin alumbrado público. De ahí que, conociendo al personaje, Sánchez se haya ganado el peor enemigo de toda su vida. Porque, aunque Ábalos sea de armas tomar no le llega a Miquel a la suela del zapato. El ex ministro de transportes y maletas podrá ser de utilidad en una algarada de bar, pero para la parte intelectual y refinada de la venganza no sirve. El mandarín oriental que sonríe beatíficamente mientras te están desollando es Iceta. Y Sánchez, o no lo sabe, o es más tonto de lo que parece.

A Iceta tendrá que llamarlo cuando empiece en serio a negociar con los separatistas. Pero no es lo mismo tomar parte como ministro del asunto, vicepresidente y portavoz – que era lo previsto - que hacerlo como un vulgar practicante al que avisas para que te ponga una inyección de cortisona porque te has torcido el tobillo. E Iceta, que ha olvidado más cosas en política de las que sabrá jamás el inquilino de la Moncloa, no es de los que olvidan ni perdonan. La estupidez que ha cometido Sánchez con esta remodelación no cargándose a las podemitas ni echando a Marlaska, por poner solo dos ejemplos, es de las que se acaban pagando carísimas tarde o temprano. En cuanto a los nombres novedosos, qué quieren que les diga. Recuerdo que en el partido bromeábamos diciendo que si alguien se portaba mal lo enviarían a llevar sectoriales a Gavá o a Mondoñedo. Bueno, pues ya se ha visto cómo puede transitarse suavemente desde la alcaldía de Gavá hasta el cielo monclovita. Bien puede decir la ex alcaldesa Raquel Sánchez, a la sazón sustituta de Ábalos en Transportes, aquello de La Fontaine, “Lo hicieron patricio, la venganza que su discurso merecía”.

Seguramente se preguntarán cuándo y cómo será la venganza que debe estar rumiando Iceta, tan apasionado en cosas de la política como en los afectos personales. E Iceta apreciaba muchísimo a Sánchez, lo ha ayudado hasta el límite, ha sido consejero y paño de lágrimas del presidente en los momentos mas duros, renunció a todo en Cataluña para dejarle el puesto a un Illa que, al final, fue pólvora mojada. Cuidado con traicionar a Miquel. Mucho cuidado. Ahora debe sentirse humillado, abandonado, maltratado. Tiene razón. Creyó que era él quien usaba a Sánchez y, miren por donde, ha sido el iletrado quien ha sabido darle la vuelta al leído. Porque la sangre fría de ese killer llamado Sánchez no tiene parangón. Consultar con Ábalos los cambios ministeriales sin decirle que el iba a ser uno de ellos es de medalla al cinismo.

Pero Iceta no pierde nada con esperar. Sánchez es un Titanic que se dirige impávido hacia un iceberg llamado elecciones generales y carga con un lastre de cadáveres políticos lo suficientemente enorme como para que ese peso lo haga escorarse cada vez más y más. Eso, sin contar que los barones territoriales lo miran con odio al comprobar que ha elegido a diferentes personas como miembros del gabinete que pueden, llegado el caso, disputarles sus baronías.

Sánchez es un Titanic que se dirige impávido hacia un iceberg llamado elecciones generales.

Iceta se vengará, no tengo la menor duda. Y lo hará de forma y manera pública, notable, para que lo sepa el interfecto y lo sepan todos. Racine, que conocía perfectamente el espíritu humano, sentenció que no valía la pena vengarse si no se sabía quién era el autor de la venganza. Y, personalmente, qué quieren que les diga. A mí me ha tocado mucho lo que no suena la putada que le han hecho a Miquel. Primero, no creo que se lo merezca; segundo no hay tanta materia gris en el ejecutivo como para arrinconar al único que derrocha inteligencia por los cuatro costados. Y conste que no soy nada sospechoso ni proclive, pero la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero.

Presidente, yo que usted iría con mucho cuidado de ahora en adelante.