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Miquel Giménez

Opinión

Vaticinios de precampaña

Uno de los aspectos novedosos de esta campaña será el duelo a muerte entre separatas de uno y otro lado. E, incluso, entre los del mismo

Gabriel Rufián en el Congreso
Gabriel Rufián en el Congreso

Cuando Pilarín Rahola amenaza, amenaza de verdad. Y eso es lo que hizo el otro día desde Pravda-TV3, riñendo a Laura Borrás porque había dicho que los presos no deben presentarse a los próximos comicios. Qué cosas. Rahola, siempre atenta a lo que dicen quienes le pagan, que es de bien nacido el ser agradecido, saltó como un muelle y le puso el paño al púlpito. Pilar es una ecléctica. Igual acusa al Emérito de exprimirle las cítricas turgencias como arrastra por los suelos a una compi yogui ideológica.

Está el separatismo cabreado con el mundo, porque la cosa va de baja y eso les provoca una mala leche homérica. Los CDR se acuerdan de toda la generación de su antes amado Quim Torra; Puigdemont y Junqueras se tienen más ojeriza que un pavo a una pandereta; Rufián se muestra moderadísimo de toda moderación, mientras la señora Noguera lo fulmina con mirada ígnea tal que ríanse ustedes del Cíclope de los X Men. En total, que diría el clásico, todos están cabreados con todos, lo que puede resultar lógico si tenemos en cuenta que, ahora que tocaría ejercer un mínimo de autocrítica, nadie quiere asumir responsabilidad alguna en el desastre que es Cataluña por culpa del separatismo.

La campaña va a ser de puñetazo en el hígado y patada en los bajos. Eso está clarinete

Torra se niega a retirar pancartas pro presos, quién sabe si esperando que un piadoso magistrado lo inhabilite y pueda así volver a su domicilio, a leer de nuevo glotonamente. Maravilloso reino, el de la lectura, del que jamás debió salir. Resumiendo, la campaña – de hecho, estamos inmersos en ella desde que se conocieron los resultados de las últimas generales y se vio que no había más cera que la que ardía en el candelabro sanchista – va a ser de puñetazo en el hígado y patada en los bajos. Eso está clarinete. Que muchos saben que los diez días que durará es el último salvavidas al que acogerse antes de precipitarse en las heladas aguas de la historia, también.

En el Titanic catalán, en feliz ocurrencia del maestro Félix de Azúa, los de Esquerra se aferran al bote salvavidas de parecer sensatos y razonables en una mala copia del pujolismo de siempre. Los neo convergentes, que todavía no han encontrado la manera de sacar de la ecuación al sector híper ventilado, se moverán entre la boina carlista, el pasamontañas tupamaro e impartir las instrucciones pertinentes a la muchacha filipina que tienen de servicio en su casa de Pedralbes. Y la izquierda, ¡ah!, la izquierda catalana parece decidida a empañar la gloria de Pinito del Oro en el trapecio. Iceta dice ahora que de indulto y pacto, nanay, que si se pone la cosa mala, 155, y que para chulo, él, y para santa su prima. Ignoro como habrán recibido esta jarro de agua fría los puigdemontianos con los que el PSC gobierna en la Diputación de Barcelona. Igual no le han hecho caso. Una cosa es lo que se dice en periodo electoral y otra lo que se hace cuando ya hemos hecho el idiota delante de una urna.

Aquí, y hablo de Cataluña, lo sustancial será ver qué hacen Ciudadanos y PP. Al segundo, todas las encuestas parecen darle un poco de oxígeno, aunque no sea como para tirar la manteca al techo; al primero, todos los oráculos demoscópicos le vaticinan ruina y perdición. Cuidado. Todo dependerá del tíquet electoral, de cómo se plantee la campaña y de algunas variables que son las que pueden dar la vuelta a las cosas. En ocasiones, como recitaba el clásico, los muertos que vos matáis, gozan de buena salud.

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