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Karina Sainz Borgo

La Polaroid

El populismo anda suelto, alguien le ha quitado la correa

El universo populista Marvel que desplegó el Trumpismo esta semana no era del todo una puesta de escena, y ahí está lo grave

El populismo anda suelto, alguien le ha quitado la correa
El populismo anda suelto, alguien le ha quitado la correa

El Capitolio de Estados Unidos ha sido asaltado dos veces en su historia. La primera, durante la Guerra de 1812 contra Inglaterra; la segunda, el 6 de enero de 2021, cuando, en plena validación de la victoria de Joe Joe Biden, un grupo de sediciosos entró al Senado al grito de fraude electoral. Un sujeto vestido con piel de bisonte, sin camiseta y el rostro pintado se subió a la presidencia de la Cámara, con el puño en alto.

Azuzados por Donald Trump, algunos de sus acólitos llevaban la bandera confederada, otros se hacían selfies, ocupaban los despachos vacíos y arremetían contra la policía. Una masa informe, desparramada por las escalinatas del Capitolio. Entre la coreografía y el tiroteo, el episodio tuvo algo de estupro y profanación, pero también de bufa y parodia. El disfraz como signo de un tiempo más crepuscular que fundacional, agravado por ese clima de anarquía que se cuece en tiempos de pandemia.

El universo populista Marvel que desplegó el Trumpismo esta semana no era del todo una puesta de escena, y ahí está lo grave. Cuatro muertos y 14 policías heridos son la prueba de que ese episodio protagonizado por sujetos que despiertan al mismo tiempo el miedo y la risa ha sido un delito. No era una secuencia del Batman de Nolan o el desvarío de Sorkin si hubiese bebido lejía mientras escribía West Wing. Era real.

Versiones extemporáneas

El populismo es un ácido lento, que corroe a quienes lo saborean como un caramelo que añade dulzura al sentimiento de agravio del que se han valido para llegar al poder personajes como Donald Trump, y otras versiones más extemporáneas como Silvio Berlusconi o acaso más funestas como Hugo Chávez. El siglo XX estuvo plagado de demagogos, el XXI también. Y el asalto al Capitolio norteamericano lo demuestra.

En la era Gutenberg, la propaganda cumplió la misma función que, en la era Zuckerberg, juega la cuenta de Twitter de Donald Trump

El populismo malversa la idea del bien común a través de la crispación, la simplificación, la polarización y la demagogia. En la era Gutenberg, la propaganda cumplió la misma función que, en la era Zuckerberg, juega la cuenta de Twitter de Donald Trump. La tergiversación de los hechos, el ataque a las instituciones y el irrespeto por ellas buscan propiciar la anarquía, pero ni el caos es justo ni restituye nada.

El populismo anda suelto. Alguien le ha quitado la correa y campa a sus anchas embistiendo contra las instituciones. Lo inédito no existe. Son variantes de una tragedia que se traviste en parodia, sin ser por ello más generosa. Tan sólo horadan y devalúan la osamenta de los sistemas democráticos. Esos figurantes de lo bufo podrán parecer extras de una película de bajo presupuesto, pero la verdad es esa: han estado ahí y han hecho lo que han hecho.

Las democracias que no saben defenderse son democracias débiles. Y a pesar del entremés esperpéntico, el Congreso de EEUU se impuso a la turba y terminó la sesión que ratificó la victoria de Biden. Por imperfectas que sean, hay democracias que aún son capaces de protegerse. Quedan grietas en la fachada como testimonio de ese combate, pero sólo el respeto a la Ley hace posible que las estancias del edificio democrático permanezcan intactas.

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