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Juan Laborda

Opinión

El tocomocho intelectual del neoliberalismo

El día que toda la maquinaria privada creada para emitir deuda soberana innecesaria sea derribada mejoraremos todos, familias, empresas y hasta los mismos bancos

Sede del Banco Central Europeo.
Sede del Banco Central Europeo. Tere García

Cuando hurgamos la raíz de la profunda crisis social, económica, política, y moral que atraviesa occidente, nos topamos con un sistema roto de gobernanza económica, el Neoliberalismo. Desde un punto de vista político, el Neoliberalismo está evolucionado desde una visión cínica de la democracia, el Totalitarismo Invertido, hacia una deriva autoritaria, el clásico fascismo. Desde un punto de vista económico no solo ha sido incapaz de evitar el aumento de las desigualdades, la pobreza y las crisis de deuda y producción, sino que en realidad las activó. Lo más preocupante es que los pilares básicos del Neoliberalismo aportados por la academia se basan en teoría e hipótesis falsas dotadas de una naturaleza tan absolutamente infantil que sus argumentos fueron tratados con un bajo nivel de evaluación crítica, ése que los humanos adultos normalmente reservan para las conversaciones con los niños.

Ello permitió una maravillosa efusión de creencias imaginativas por parte de los economistas, que dieron origen a conceptos tan infantiles como la NAIRU, la neutralidad del dinero, las expectativas racionales, los mercados eficientes y, finalmente, los modelos DSGE (acrónimo en inglés con el que nos referimos a los modelos de equilibrio general dinámicos estocásticos). Mi objetivo hoy es machacar sin piedad el núcleo duro de la Teoría Económica dominante. Las consecuencias distópicas de su aplicación no merecen medias tintas. Permítanme centrarme en dos ejemplos, uno relativo a la política fiscal, y el otro referente a la política monetaria.

Algunas mentiras sobre la política fiscal

La ortodoxia sugiere que las expansiones fiscales desplazan al sector privado al disminuir el consumo y la inversión. Esta es la razón esgrimida por ciertos defensores de la austeridad. Se basa en el mito de que el gasto público detrae recursos de otras actividades, el efecto “crowding out” o expulsión de la teoría de “Fondos Prestables” según la cual los ahorros son finitos de manera que 1 euro de gasto del sector publico impide 1 euro del privado. Esto es falso. Desde 1971, no existe tal cantidad limitada de fondos porque las entidades financieras no tienen limitación para prestar, salvo la de capital. La capacidad de compra de la deuda viene en primer lugar del gasto público. Kalecki lo explicó hasta la saciedad. Pero erre que erre. Ante la evidencia, cambian de excusa y dicen que, en realidad, no hay austeridad ya que los gobiernos no cumplen sus objetivos de reducción de déficits. Es al revés, la austeridad provoca una contracción económica que lleva a una caída de la recaudación de impuestos.

Las entradas de capital extranjero que ayudan a financiar las expansiones fiscales minimizan los efectos de expulsión sobre la inversión interna

Algunos ortodoxos, neokeynesianos, empiezan a matizar, pero sus conclusiones siguen siendo medias verdades porque no entienden aún la naturaleza fíat y endógena del dinero. Uno de esos ejemplos es un artículo reciente, “Fiscal multipliers and foreign holdings of public debt” cuyos autores son Fernando Broner, Daragh Clancy, Aitor Erce, y Alberto Martin. Suponen una mejora respecto a la ortodoxia, pero sus conclusiones siguen siendo incompletas. Sus resultados sugieren que los efectos de las expansiones fiscales en un mundo globalizado dependen fundamentalmente de cómo se financien. Afirman que las expansiones fiscales pueden desplazar al sector privado si se financian vendiendo deuda pública a residentes nacionales en lugar de a extranjeros. Por el contrario las entradas de capital extranjero que ayudan a financiar las expansiones fiscales, minimizan los efectos de expulsión sobre la inversión interna. En la medida en que las expansiones fiscales son financiadas por extranjeros, sus efectos de desplazamiento asociados se sienten en el exterior y el consumo y la inversión caen en otros lugares. Si bien sus conclusiones van en contra del Modelo de Mundell-Fleming para una economía abierta, siguen siendo insuficientes.

¿Por qué “mainstream” desvirtúa la realidad?

Permítanme conectar el punto anterior con la naturaleza endógena del dinero. Hemos señalado que tras la caída del patrón oro ya no existe cantidad limitada de fondos prestables porque las entidades financieras no tienen limitación para prestar, salvo la de capital. Pero además la oferta de dinero es endógena, es decir, no puede ser fijada de manera arbitraria por los Bancos Centrales. La oferta de dinero en realidad viene determinada por la demanda de créditos y las preferencias del público. Por lo tanto, los créditos producen depósitos, y no al revés. Los bancos crean créditos y depósitos, y a continuación se encargan de conseguir los billetes emitidos por el banco central, y demandados por los clientes, así como las reservas obligatorias exigidas por las leyes. El dinero legal, o base monetaria, entendido como la suma de efectivo más reservas obligatorias, es una variable endógena que no puede ser fijada arbitrariamente por los bancos centrales.

Además, frente a lo que sugieren el 99% de los manuales de texto, el Banco Central si quiere  puede fijar donde quiera y como quiera ya no solo el nivel del tipo de interés a corto plazo, sino también el diferencial entre el tipo de interés a corto y a la largo plazo, y el diferencial entre el coste de la deuda soberana y privada o entre deudas soberanas. Por lo tanto, si quiere un Banco Central el tipo de interés será exógeno, es decir, se determinaría fuera del sistema.

Toda la maquinaria institucional creada para la emisión de bonos soberanos en los mercados privados se impulsa cuando se abandona el patrón oro

¿Entonces por qué tanto esfuerzo en pregonar lo contrario? Básicamente para desvirtuar la realidad y favorecer ciertos intereses de clase. La independencia de los Bancos Centrales y toda la maquinaria institucional creada para la emisión de bonos soberanos en los mercados privados se impulsa cuando se abandona el patrón oro y se impone el actual sistema monetario “Fiat”. Se quería cortocircuitar que los Estados soberanos pudieran y debieran utilizar las políticas fiscal y monetaria para garantizar altos niveles de empleo. Los gobiernos que emiten sus propias monedas ya no tienen que financiar su gasto, ya que los gobiernos emisores de moneda nunca pueden quedarse sin dinero. El culto a la austeridad se deriva de la lógica del patrón oro y no son aplicables a los sistemas monetarios “fiat” modernos. Ya no es necesaria la maquinaria institucional creada para la emisión de bonos soberanos en los mercados privados. Como siempre recordamos, el día que toda la maquinaria privada creada para emitir deuda soberana innecesaria, pero muy útil para repudiar el papel del gasto público y de la política fiscal, sea derribada, mejoraremos todos, familias, empresas, y hasta los mismos bancos. Y entonces hablaremos en realidad de efecto crowding-in. Esto es lo que tiene la paradoja del ahorro.



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