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Miquel Giménez

Opinión

Tío Putin

Existe un peligro en el separatismo que sus detractores pocas veces advierten: detrás hay algo peligroso

Carles Puigdemont.
Carles Puigdemont. Europa Press

Para calibrar qué es el separatismo hay que apartar la vista del suelo, tan enfangado con tres por cientos diversos, 'pujoles' intocables o vagos 'ninis' que se las dan de revolucionarios y mirar hacia lo alto, aun a riesgo de tropezar. Es más digno hacerlo por elevar nuestros ojos que por pisar las defecaciones que surgen constantemente a nuestro paso.

Repasemos este mundo que nos explican tan mendazmente en los telediarios. Sudamérica es un polvorín, incluso en países que, como Chile, habían sido motores de desarrollo económico. Méjico se agita en una guerra entre el régimen podrido de los narco caudillos y una minoría que intenta salvar una democracia casi inexistente. Bolivia, Ecuador, Venezuela, escenarios de violencia, pobreza y manipulación totalitaria sin parangón, viven en ese peligroso filo de la navaja que se mueve entre el hambre de la población y las embajadas rusas y norteamericanas. En Oriente Medio tenemos un ISIS financiado por los EEUU, las satrapías saudíes a las que hacemos la pelota para venderles armas y lavar su inmunda cara de regímenes sanguinarios o un Irán rearmándose con un programa nuclear de primer orden.

En Europa la democracia parlamentaria y liberal vive su más profunda crisis desde Hitler y Mussolini. Chalecos Amarillos en Francia dirigen la violencia desde el corazón de la nación que encarnó las libertades públicas; Gran Bretaña se debate entre la extrema derecha de Nigel Farage y la impotencia de un partido conservador completamente agostado ante un laborismo excedé; Alemania tiene a los nazis instalados en ayuntamientos, landers y el propio Bundestag, mientras que Italia se prepara para que Salvini acabe siendo primer ministro. Esa es la radiografía de un Viejo Continente que se orina y defeca encima, con un peligrosísimo Alzheimer histórico.

Con una China pujante que domina económicamente casi todo el continente africano, quedamos nosotros, un país con una situación geoestratégica de primer orden. Ahora nos dicen que dirigentes del proceso mantuvieron relaciones con los servicios de inteligencia de Putin. Servidor lo advertía hace tiempo desde estas mismas páginas, argumentando qué se le habría podido perder al Tío Putin, el tiet, que así lo llaman los separatistas que están en la pomada, en tierras catalanas. El general Sergei, hace tiempo que definió un plan de expansión en la cuenca mediterránea basado en dos polos: conseguir una base estable para Rusia y, al mismo tiempo, neutralizar a Turquía como miembro activo de la OTAN. Lo segundo lo tiene casi hecho debido a Erdogan, su política con los kurdos y la enorme estupidez de los EEUU. Lo segundo, casi. El separatismo, tras mirar desesperadamente hacia Israel o China, acabó por llamar a la puerta de la Gran Madre Rusia. A Israel poco o nada tenían que ofrecerles los de la estelada. Les impartieron, eso sí, algún cursillo y pusieron a su disposición cierta logística. Por otro lado, la actitud tolerante con el salafismo mantenida por los neoconvergentes no les gusta ni pizca. Normal.

La guerra económica de China

China todavía siente menos interés por Cataluña. Su objetivo es la guerra económica, y ni que decir tiene que en España están logrando cumplir todos sus objetivos de manera silenciosa y terriblemente eficaz. No hay como presentarse en casa del pobre -máxime cuando es presto a la corrupción– con una maleta llena de dinero.

La inteligencia rusa ha multiplicado sus efectivos en la antena catalana, cosa que el CNI viene advirtiendo hace años. Saben que aquí cuentan con gente que apoyaría una república y con unos dirigentes que aceptarían las condiciones dictadas desde Moscú, entre las que se encontraría la cesión del puerto de Tarragona para emplazar una base desde la que contrarrestar a la flota norteamericana del Mediterráneo y a las bases aéreas de Zaragoza o Manises. Un puñal en el bajo vientre de la NATO. Un detonante para destruir a la Alianza que les incomoda en sus planes para Ucrania, por ejemplo. Y no han reparado en medios. ¿Alguien sabe, por ejemplo, de dónde surgen los recursos informáticos de los que disponen los separatistas y quien los financia y gestiona?

Putin tiene mucho que ver con el separatismo, repitiendo al milímetro la estrategia de aquella NKVD de Stalin y Yezhov, de Alexander Orlov, tan “amigo” de la República que supo birlarle sus reservas de oro. A este paso los niños acabarán por decir Da zdravstyuyet Rossiya, da zdravstyuyet Putin, da zdravstyuyet Katalonskaya Respublika.

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