No se puede defender el constitucionalismo y al tiempo bastardear algo tan serio como una moción de censura. Un instrumento de este tipo no es para mostrar los apoyos nefastos del Gobierno, ni para mostrar el repudio a una decisión. Es para sustituir al Ejecutivo. No se trata de cobardía, sino de coherencia. La Constitución y el reglamento parlamentario permiten otras vías para la fiscalización de la acción gubernamental que obtienen el mismo resultado: la foto de Sánchez abrazado a comunistas y nacionalistas.

Tampoco se utiliza una moción para mostrar al líder y su valía, como si fuera un anuncio de 24 horas. Eso también es burlarse del sentido de la moción de censura, desprestigiar las instituciones y sus normas, y, por tanto, hacer un flaco favor a una democracia tan acosada como la nuestra. Si ni siquiera la oposición constitucionalista respeta el espíritu de la Ley, ¿quién lo va a hacer?

El Gobierno no va a caer por presentar una moción de censura, y tampoco no defenderla supone esperar a que el poder caiga como fruta madura. Es una cuestión de responsabilidad y sentido de Estado. Quizá dé para menos titulares y palmaditas, pero es lo sensato cuando esta legislatura se está planteando entre quienes le faltan el respeto a la Constitución y quienes lo exigen. Lo que da el poder es saber hacer oposición y ganarse la confianza de la gente, no el aplauso de cuatro analistas.

La situación es complicada. Ya. Y más que lo será, pero si el Tribunal Constitucional decide suicidarse porque el Congreso aprueba una ley, propuesta por el PNV, para que se elimine el requisito de inconstitucionalidad en las leyes orgánicas como los Estatutos, pues que se suicide. Pero una moción de censura no detiene esto, sino el Tribunal Constitucional. ¿O es que creen que Bildu, PNV, ERC, Más País y demás estilista de la ruptura van a apoyar que se mantenga el poder del Tribunal Constitucional? Por favor…

Lo único que ha ganado Vox con aquella moción es el aplauso de algunos medios que, a la postre, no han deparado ni un triste voto

¿Qué ha ganado Vox con la moción de censura que presentó en septiembre de 2020? Según las encuestas, nada. ¿Ha conseguido movilizar a un número mayor de electores a favor de su partido en contraposición al PP, que no apoyó la moción? No, todo lo contrario. Desde entonces a hoy, siguiendo la demoscopia, el PP de Casado se ha hecho con casi el 15% de voto de Vox, y más del 40% del de Ciudadanos. Lo único que ha ganado Vox con aquella moción es el aplauso de algunos medios que, a la postre, no han deparado ni un triste voto.

La solución pasa por las urnas, se pongan como se pongan todos los que no quieren encabezar la moción de censura, desde Abascal a Arrimadas y Sánchez. Cabe recordar aquí que la líder de Ciudadanos no se quiso presentar a la investidura cuando ganó las elecciones 2017 porque le faltaban escaños, pero que luego quiso presentar una moción de censura. Un poco de coherencia siempre ayuda. Mayo de 2023 no está tan lejos. Será entonces, en las elecciones locales y autonómicas, cuando se vea si en lo que queda de legislatura la oposición se muestra a la altura del pulso totalitario a la democracia liberal que el sanchismo se empeña en hacer.

Impulso al autoritarismo

No olvidemos que tras la moción de septiembre de 2020, Sánchez y sus aliados han dado un nuevo impulso al autoritarismo, a su desprecio al espíritu de la Constitución, a la separación de poderes y a las libertades, y han aumentado las expectativas separatistas. Es decir; la moción de Abascal, su duro discurso, no sirvió para nada a Vox, y el Gobierno siguió como el tren al que una lagartija quiere descarrilar. ¿En serio piensan los defensores de la moción a Sánchez que por una jornada en el Congreso zurrando a Pablo Casado desde todos los lados del hemiciclo Sánchez va a rectificar? No va a cambiar nada. El Gobierno seguirá con la misma arrogancia. ¿O es que los impeachment detuvieron a Trump?

Es más práctico fortalecer las otras vías que todavía ofrece el Estado para controlar al Gobierno, como los tribunales. De hecho, ese es el camino que ha emprendido Vox con los independentistas y los indultos. Incluso el PP lo ha hecho. El recurso a las otras instituciones refuerza la confianza popular en que existen mecanismos propios del Estado de Derecho y de una democracia liberal. Es lo que se hace en otros regímenes representativos, como en Estados Unidos, donde otra instancia vela porque la nueva norma esté en consonancia con la ley.

No es tiempo para mociones inútiles, sino para criticar y denunciar en los tribunales y en las Cortes las mismas acciones del Gobierno que serían objeto de la censura. Por ejemplo, la declaración de Sánchez a Pere Aragonés de que apañaría el asunto económico de los golpistas con el Tribunal de Cuentas. También es tiempo de fiscalizar la gestión del dinero que llega de la Unión Europea, asunto en el que Vox no estuvo muy avispado.

Del mismo modo habrá que solicitar que el Tribunal Constitucional agilice su trabajo, para que no tengamos que esperar a que Rosa María Mateo esté fuera de RTVE para decir que su nombramiento no se ajustó a la ley. Habrá que exigir que la comisión “bilateral” entre el Gobierno de España y los independentistas no rompa la soberanía nacional ni se atribuya una legitimidad y unos poderes que nadie le ha concedido ni la ley contempla. Hay mucho trabajo que hacer más allá de los fuegos artificiales, la flor de un segundo, que supone una moción de censura.