Pedro Sánchez juega al tiempo. Mide sus pasos, cuenta los días. Hasta dos veces le dijo a Casado que faltaban 32 meses de legislatura para emparedar el sopapo: “Se le está poniendo cara de Albert Rivera”. Lo traía preparado de casa. Otra maniobra de elusión de las preguntas. El presidente del PP repelió el golpe como un acto reflejo tras un pisotón: “Y a usted cara de Zapatero”. No hubo debate, casi nunca lo hay. Cruce de tuits, lemas y mensajes, redifusión para el consumo rápido, el de usar y tirar. El tiempo quitará o dará razones, pero el presidente del Gobierno lo tiene medido: “Señoría, faltan 98 días para la inmunidad de grupo”.

Las vacunas y los fondos europeos necesitan tiempo y Sánchez se queda a la espera mientras deja pasar de largo el resultado de Madrid, procurando que la formación de un Gobierno en la Generalitat no le traiga disgustos con sus socios de ERC en el Congreso y de paso no caliente los motores para un adelanto electoral en Andalucía. De las autonómicas andaluzas hubo insinuación al respecto en su intercambio de palabras con Casado. El presidente demuestra que no se olvida de la cuenta pendiente con Susana Díaz. Gane o pierda dichas elecciones, problema a la vista si ella es la candidata. El tiempo quitará o dará razones, pero hasta para justificar el desistimiento en la gestión de la pandemia utiliza su juego: “La alarma es el pasado”.

El rescate de la UE será como un muelle para el crecimiento económico del año que viene y el otro, el 2023 (“faltan 32 meses), año de las elecciones generales

Siete días después de las elecciones en Madrid, Sánchez aprovechó un viaje a Grecia para pronunciarse sobre la victoria de Ayuso, de quien ya no volverá a decir su apellido en vano porque cada vez que lo hace se van los votos a puñados. Cede los trastos y deja que la ministra de Exteriores resbale de su parte. A dos años vista siguen cometiendo el mismo error con Ayuso. Sánchez desapareció de la campaña para evitar ser el culpable. Despachó a Gabilondo (Ángel) y a Franco (José Manuel) para una semana después afirmar que “antes de las generales, en mayo de 2023, se volverá a votar en Madrid”. Otra vez el tiempo, dejando clara su intención de no darse por aludido.

Tiempo al tiempo, las vacunas y los fondos europeos para convocar elecciones apurando el año 2023 frente a “la ultraderecha y sus amigos del PP”. El rescate de la UE, al que llaman reconstrucción, transformación y resiliencia, será como un muelle para el crecimiento económico del año que viene y el otro, el 2023 (“faltan 32 meses), año de las elecciones generales. Bruselas escribe una nota al pie: si lo fondos se usan bien. Ojo al manojo, la Comisión Europea empieza a perder de vista la bolita entre los cubiletes. La AIREF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal) -esa incómoda agencia impuesta por la Unión Europea al Gobierno de Rajoy- anuncia que en 2024 se habrá acabado el efecto de los fondos si solo sirven para tapar agujeros. Pero para entonces, ya habrán pasado las elecciones generales y 32 meses de juego del tiempo.

No hay reformas a la vista en la estructura y se busca salvar la coyuntura, es decir el corto plazo, 32 meses para las elecciones. El Banco de España (El Álamo de los hombres del traje gris al servicio del Estado) insiste en las reformas. O se hacen o el dinero europeo será pan para hoy. La AIREF se atreve a sacarle los colores al Gobierno para que quede constancia antes de que lleguen las “sugerencias” de Bruselas. Pero Sánchez se encomienda al incremento del gasto tapando los agujeros hechos por Iglesias con Yolanda Díaz: ”Nunca más oiremos decir a un gobierno que toca ajustarse el cinturón”.

La vicepresidenta tercera, tampoco hace caso a la AIREF que anuncia que este verano, el de la recuperación parcial del turismo, 925.000 personas seguirán en ERTE, un limbo laboral que ha servido de anestesia social durante la pandemia, agilizado por el PP en la reforma laboral que la ministra de Trabajo quiere cargarse a pesar de la oposición de la Comisión Europea. Bruselas sabe que le quieren pegar un mordisco en la mano mientras reparte los fondos. Por si fuera poco, otra advertencia de la Autoridad, que un día presidió el ministro Escrivá (un dolor de cabeza para Montoro): si continua el gasto en pensiones, como en la actualidad, subiendo el IPC, la deuda pública alcanzaría el 175% del PIB en 2050. Para entonces habrán pasado de largo los días que faltan para la inmunidad de grupo y los meses que le restan a esta legislatura.

El Gobierno ya le ha dicho a Bruselas que cuando salgamos de esta, queda un agujero anual de 50.000 millones que el Banco Central Europeo tiene que respaldar. España engorda la deuda mirando a Frankfort. Sánchez habrá duplicado el déficit que le dejó Rajoy sin contar la pandemia. Sánchez juega al tiempo, pasando las hojas de 32 meses diciéndole una vez más a Bruselas, como Zapatero y Rajoy en la crisis del euro, que la economía española es sistémica y que no se le puede dejar caer porque se llevaría por delante el euro. Al tiempo, menos de 32 meses para escuchar este manido envite, ya veremos si de nuevo cuela o no.