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Juan Laborda

Opinión

Frente a ortodoxia deshonesta, la Teoría Monetaria Moderna (II)

La ortodoxia económica se ha convertido en una religión que ha intentado hacerse pasar por una pseudo-ciencia; sin éxito alguno

John Kenneth Galbraith.
John Kenneth Galbraith.

Los economistas ortodoxos, frustrados por su incapacidad para intimidar a los nuevos políticos electos progresistas estadounidenses -congresistas, senadores y gobernadores-, lanzaron un ataque coordinado (Paul Krugman, Kenneth Rogoff, Oliver Blanchard, Lawrence Summers, De Long…) contra la Teoría Monetaria Moderna (TMM). Sin duda, tenían la esperanza de convencer a los nuevos cargos públicos electos de que adoptar la TMM era muy peligroso. Sin embargo, han fracasado en éste su primer intento. Aunque los economistas de la TMM llevan un montón de años trabajando, prediciendo correctamente el devenir del ciclo económico, y ofreciendo sus diagnósticos, recetas y propuestas, ha sido ahora cuando la burda crítica de la ortodoxia ha puesto en conocimiento del gran público la TMM, al menos el estadounidense, de la mano de nuevos líderes políticos valientes en alza -Bernie Sanders, y, sobretodo, la congresista estadounidense Ocasio Cortez…- El altavoz de las discusiones en The Washington Post, The New York Times, Bloomberg o Project Syndicate ha dado el empujón definitivo a la TMM. La crítica coordinada de la ortodoxia ha sido profundamente deshonesta, patética, y supone, sin duda, el inicio de su decadencia. Tarde o temprano se aplicará la TMM. Mi impresión, tras la segunda fase de la Gran Recesión. Recuerden a Keynes y la Gran Depresión.

A los 'eruditos' ortodoxos les ha sido imposible encontrar que los estudiosos de la TMM hayan escrito algo que demostrablemente sea falso

La crítica de los economistas ortodoxos era tan burda que ni siquiera contemplaba hechos ya asumidos hace años por instituciones nada peligrosas como los bancos centrales, especialmente el Banco de Inglaterra, o economistas tan influyentes como Ben Bernanke, el padre de la Expansión Cuantitativa (QE su acrónimo en inglés) de la Reserva Federal, o el mismísimo Mario Draghi, que ante la inutilidad de Bruselas y los políticos europeos –Merkel y compañía- tuvo que actuar por su cuenta y riesgo para salvar el Euro. Manosearon, los susodichos ortodoxos, las mismas críticas que se planteaban contra la QE de Ben Bernanke, es decir, generará hiperinflación y devaluará la divisa. Es inmoral que a fecha de hoy, después de multiplicar por 5 el tamaño del balance de la Reserva Federal (FED), del Banco Central Europeo, del Banco de Inglaterra, o del Banco de Japón, estos economistas sigan voceando dichas afirmaciones. Sin duda, deben esforzarse un poquito más, ponerse al día, y repasar los nuevos avances en política monetaria, y banca. Les recomiendo dos artículos vitales del Banco de Inglaterra, "Money creation in the modern economy"; y "Banks are not mere intermediaries"; y el nuevo manual sobre banca y dinero de Eric Tymoigne, del Levy Economic Institute, "The Financial System and The Economy, Principles of Money and Banking" (dinero endógeno y TMM detrás). ¡Lean, lean, que es muy bueno y saludable!

El día que los economistas ortodoxos perdieron el buen juicio

Han sido diversas las contrarréplicas de la TMM a la ortodoxia. Desde esa pieza canela fina, llena de ironía, del economista australiano y uno de los padres de la TMM, Bill Mitchell, “The conga line of MMT critics”; pasando por la réplica de James K. Galbraith a Kenneth Rogoff en Project Syndicate, bajo el título “Modern Monetary Realism”; hasta las respuestas de Stephanie Kelton a Paul Krugman en Bloomberg en sendos artículos “Modern Monetary Theory Is Not a Recipe for Doom” y “Paul Krugman Asked Me About Modern Monetary Theory. Here Are 4 Answers”.

Pero permítanme centrarme en el último de una serie de cinco artículos de William Black en defensa de la TMM, “The Day Orthodox Economists Lost Their Minds and Integrity”. Black es muy clarito. Si los anti TMM tuvieran razón en sus críticas sería chupado para ellos demostrarlo. Sería como hacer un mate a lo Michael Jordan. El problema no es solo que no puedan, es que ni siquiera llegan a canasta. Black aporta tres criterios para desenmascararlos.

El primero es como la prueba del algodón. Los economistas ortodoxos predican que la capacidad de predicción de una teoría es la prueba de su validez. Sólo hay un problema con esta opción, los eruditos de la TMM tienen un historial de predicción excepcionalmente bueno mientras que sus correligionarios macro ortodoxos tienen un historial de predicción tan terrible que alguno de los que ha desertado, véase Paul Romer, califica la ortodoxia económica como una religión que se hace pasar por una pseudo-ciencia sin éxito. Recuerden el libro del otrora economista e historiador del pensamiento económico Robert Heilbroner y su pupilo William Milberg, publicado con un título muy sugerente, “La crisis de visión en el pensamiento económico moderno”. Anticipaba el vacío intelectual que había detrás de los elegantes modelos matemáticos de la economía neoclásica, y que nos llevó a la Gran Recesión.

Utilicemos los papeles donde se han escrito la mayoría de las falsas teorías ortodoxas para otros menesteres. Nos ahorraríamos tiempo, dinero, y salud

El segundo es su comportamiento profundamente infantil, similar a sus teorías. Los economistas ortodoxos podrían hacer “jaque mate” a los economistas de la TMM citándolos y luego presentando evidencia objetiva o lógica que probara que las declaraciones de los mismos eran indiscutiblemente falsas. Pero a los 'eruditos' ortodoxos les ha sido imposible encontrar que los estudiosos de la TMM hayan escrito algo que demostrablemente sea falso. Sin embargo, la literatura está plagada de falsedades ortodoxas (ya citamos varias asociadas a cada uno de aquellos que salieron en tromba contra la TMM). Paul Romer en “The Trouble with Macroeconomics” ofrece el siguiente resumen que no tiene desperdicio “Durante más de tres décadas, la macroeconomía ha retrocedido. El tratamiento de la identificación ahora no es más creíble que a principios de la década de 1970, pero escapa al desafío porque es mucho más opaco. Los teóricos macroeconómicos descartan los meros hechos fingiendo una ignorancia obtusa sobre afirmaciones tan simples como "la política monetaria estricta puede causar una recesión". Sus modelos atribuyen las fluctuaciones de las variables agregadas a las fuerzas causales imaginarias que no están influenciadas por la acción de ninguna persona. Un paralelo con la teoría de la física insinúa un modo general de fracaso de la ciencia que se activa cuando el respeto por los líderes altamente respetados se convierte en una deferencia a la autoridad que desplaza el hecho objetivo de su posición como el determinante último de la verdad científica….”

Pero sin duda el espectáculo más bochornoso, como detalla Black, se produjo el día en el que decenas de economistas ortodoxos, muchos de ellos prominentes, perdieron colectivamente la cabeza y la integridad. Mintieron. Fue el 13 de marzo, hace pocos días, en el IGM Forum, auspiciado por la escuela de negocios Chicago Booth. En un juicio-espectáculo paralelo pretendían juzgar la validez de la TMM. La única “evidencia” que se permitió en el juicio-espectáculo consistió en dos afirmaciones escritas por “eruditos”' ortodoxos, pero falsamente atribuidas a la TMM. La primera, “los países que piden préstamos en su propia moneda no deben preocuparse por los déficits del gobierno porque siempre pueden crear dinero para financiar su deuda”. La segunda, “los países que piden préstamos en su propia moneda pueden financiar tanto gasto público real como quieran mediante la creación de dinero”. Los estudiosos de la TMM no hacen, ni apoyan ninguna de las dos afirmaciones. Los estudiosos de la TMM, durante décadas, han estado explicando cuándo, cómo y por qué los déficits pueden importar. Quienquiera que redactó estas preguntas sabía que no representaban la posición de la TMM. Ninguno de los economistas, que participaron en ese juicio espectáculo, pasó las pruebas de competencia e integridad. Se deshonraron a sí mismos y a nuestra disciplina. Por eso, ante tipos de tal pelaje lo que hay que hacer es aquello que en su momento propuso el gran John Kenneth Galbraight con la servilleta o clínex donde Laffer le mostró su curva al político de turno. Utilicemos los papeles donde se han escrito la mayoría de las falsas teorías ortodoxas para otros menesteres. Nos ahorraríamos tiempo, dinero, y salud.

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